Saltillo, Coah.- Don Martín Meraz, de 56 años, teje lonas, arma carpas, hace dulces, reconstruye motores de automóvil, conduce largos tramos y además protagoniza actos de equilibrismo y magia, pues su vida en el Circo Cayro le ha dejado múltiples enseñanzas; sin embargo, por su tipo de trabajo, no tuvo acceso a un sistema escolarizado, por lo que apenas sabe leer, escribir y hacer cuentas.

Conoce mucho, pero su vivir no vas más allá de la reja que delimita los terrenos en donde se instala en cada pueblo el circo del que es dueño ya en la tercera generación, por lo que no quiere que sus nietos, cuatro en edad escolar, corran con la misma suerte.

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Ama su vida, a su familia, solamente lamenta que nunca pudo asistir a la escuela, tampoco sus hijos; por lo que él y los suyos son parte de la estadística de cerca de 55 mil coahuilenses que sufren de analfabetismo, pues si bien saben hacer cuentas, y medio escribir, siguen siendo considerados como tal.

Vasti, Keyla, Joxan y Merari, nietos de don Martín, tienen desde hace tres años acceso a un sistema escolarizado un poco distinto, llamado “Instructores Educativos”, del Consejo Nacional de Fomento a la Educación, en donde se asigna personal capacitado que instruyen a los niños migrantes, como los que viven en el circo.

“Para uno no hay más, tu mundo es aquí el circo; fuera de las rejas no conocemos nada”, señala don Martín.

Su infancia fue muy diferente a la de todos los niños, pues anduvo de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, en el Circo Cayro, propiedad de sus abuelos, luego de sus papás, después de él, y ahora heredado a sus hijos en la cuarta generación, lo que le ha dado de comer a toda su familia por más de 80 años.

Se trata de luchar contra la ignorancia, el analfabetismo, pues anteriormente, según cuenta don Martín, no existían este tipo de proyectos educativos, por lo que se encuentra sumamente agradecido de que sus nietos, puedan adquirir un nivel más alto.

Ellos fueron orillados por la situación, ya que su oficio itinerante de cirqueros no les permitía asistir de manera normal a ningún centro educativo aunque, según cuenta, a cada pueblo que llegaba mandaba a sus hijos como oyentes, con el permiso de los maestros.

“En los ranchos donde yo veía que había escuela llevaba a mis muchachos para que oyeran y aprendieran, pero no es lo mismo, porque ellos nunca pudieron tener el papelito”, señaló.

Su situación personal es un poco más drástica, pues él aprendió de la vida, dado que anteriormente el oficio de cirquero era más demandante, tanto en tiempo como en esfuerzo, por lo que tuvo que aprender a hacerla de todo, desde payasito hasta mecánico; y en la escritura y las matemáticas fue instruido así, a “ojo de buen cubero”, por sus papás y abuelos, por lo que apenas sabe firmar y hasta con cierta dificultad.

Pero don Martín, ahora el patriarca de la familia, quiere hacer la diferencia, por eso cuando se enteró de esta modalidad del Conafe, llamó para solicitar un maestro para su circo, pues muy probablemente sus nietos seguirán el mismo camino, el mismo oficio, pero quiere que estén mejor preparados para enfrentar las dificultades.

“La gente se pregunta quién enseña a los del circo, pues los del Conafe. Por eso yo les hablé, porque yo quiero que mis nietos sean mejor que uno y que mis hijos, que tengan más armas, porque ahora la cosa está muy difícil”, señaló don Martín Meraz.

EL PROFE DEL CIRCO

Filoteo Vázquez Martínez, de 22 años, originario de Oaxaca, viaja con el Circo Cayro a todos lados, vive en los mismos remolques, come la misma comida y tiene las mismas actividades. Pero él es el maestro de los niños, de 12, 10, 8 y 4 años; tres de los cuales cursan el tercer grado de primaria, y la más pequeña, el preescolar.

Fascinado con la vida en el circo, y con la modalidad de Instructores Educativos, “Filo”, como le llaman al maestro, reconoce que existen muchas carencias; sin embargo, no deja de comparar los avances de Coahuila, con los de su natal Oaxaca, y las diferencias saltan a la vista.

“Yo no tenía ni idea de que existía esto, es una modalidad muy interesante. Aquí entramos a las 9 de la mañana y salimos a las 2 y media, se cubre un horario normal de escuela”, explica el maestro del circo.

El maestro Filoteo asegura que la disposición de aprender de los pequeños es mucha, pues son niños “muy despiertos”, que incluso dominan ya algunas habilidades propias del circo. Por ejemplo, Vasti, que es la “Reina del Ula Ula”, o Yoxan, un payasito muy simpático, por lo que sus labores no terminan al salir del aula que el Conafe les acondicionó en uno de los remolques, sino que después de comer su entrenamiento artístico continúa.

Quizá aquí en San Antonio de las Alazanas, en donde actualmente están instaladas las carpas, la principal dificultad es el clima, lo que retrasa un poco la entrada de los niños a clases, con el frío extremoso, según Filoteo.

El proyecto de “Filo” es terminar un año como instructor educativo, para después ser becado por Conafe y estudiar en la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. No obstante, ha empezado a dudarlo, ya que siente un compromiso enorme con la educación en México, a la cual él tuvo un difícil acceso, y aunque lo logró, ahora quiere recompensar a la gente con carencias, como los niños del circo, igual que él.

Cuenta que estuvo un año en un proyecto denominado “Caravanas Culturales”, que va de pueblo en pueblo llevando espectáculos, pero fue ahí en donde se dio cuenta de la deserción educativa obedece a motivos económicos, sobre todo en el área rural, pues la gente no tiene dinero para trasladarse a la escuela, por lo que abandonan el proyecto.

“En comparativo con Oaxaca, aquí está excelente. En Oaxaca hay mucha marginación, las comunidades están muy retiradas, y a veces ni transporte hay, aquí sí, allá uno tiene que caminar de un pueblo a otro, porque aunque haya transporte, no hay dinero para pagarlo”, señaló.

SIGUE MARGINADA LA ZONA RURAL

A pesar de haber alcanzado el segundo lugar en menor rezago educativo a nivel nacional, hoy en el Día Internacional de la Alfabetización aún existen atrasos en algunos municipios del desierto y La Laguna de Coahuila, en donde el pendiente son los adultos mayores que no saben leer ni escribir, así como los niños que deben trabajar en el campo para llevar un ingreso extra a la familia, dejando a un lado los estudios básicos.

Este 2010 Coahuila alcanzó el segundo lugar nacional con menor rezago educativo, además de ser la cuarta entidad federativa con menor analfabetismo, con el 2.8% contra la media nacional del 8.5. Sin embargo, poblados de la zona rural, especialmente en los alrededores de Torreón y Ocampo, lugares de difícil acceso por las condiciones de orografía, tienen altos índices de atraso, de acuerdo con Alejandra Ramírez Veloz, jefa de Información y Apoyo Logístico de la dependencia.

“Anteriormente, en otros años, el nivel que tenía el estado especialmente en la zona rural era de primaria, ahorita ya es de secundaria y tenemos focalizado el problema en ciertos poblados campesinos”, señaló Ramírez Veloz.

Según el último censo del Instituto Nacional de Geografía, realizado en 2005, de cada 100 personas de 15 años o más en la República Mexicana cuatro no tienen ninguna escolaridad, 11 tienen la primaria incompleta y 18 apenas la concluyeron.

Aun cuando la estadística va en descenso, también preocupa la continuidad, pues de los que estudian secundaria cuatro no la terminan por diversas circunstancias, 27 sí se gradúan pero apenas 12 de ellos inician la preparatoria o una carrera técnica, a decir de Ramírez Veloz.

En Coahuila el panorama parece ser un poco más alentador, pues mientras a nivel nacional 8 de cada 100 habitantes son analfabetos, aquí es apenas el 3% el que no sabe leer ni escribir y son personas que se ubican en zonas marginadas, especialmente ejidos, de la zona desierto y sureste, según datos proporcionados por el Consejo Nacional de Fomento Educativo.

Hablando en números, de la población total de Coahuila, de 2 millones 495 mil 200 habitantes, son 55 mil 467, el 2.22% de todos los pobladores, los considerados analfabetas. Sin embargo, el problema radica en que estas personas están focalizadas en ciertos lugares, que son considerados de alta marginación.

Ramírez Veloz asegura que Ocampo, por la dificultad para acceder a los ejidos que lo rodean, así como La Laguna en su zona rural, en las mismas condiciones de inaccesibilidad, representan uno de los mayores retos para los sistemas educativos en Coahuila e, incluso, a nivel federal, para obtener los recursos necesarios e instruir a los niños que siguen trabajando en el campo, así como los adultos que nunca tuvieron oportunidad de asistir a la escuela.

ANALFABETISMO Y ECONOMÍA

A decir de María Elena Alvarado, directora general del Instituto Estatal de Educación para los Adultos, el analfabetismo y la deserción escolar tienen relación directa con la situación económica, pues la mayoría de las personas que no tienen acceso a la escuela y, por ende, no saben leer ni escribir, tienen una economía precaria.

La incidencia se debe a la migración y a la situación económica, básicamente sumada también la desintegración familiar; pues aun cuando algunas personas son retiradas de la lista, la estadística sigue creciendo con nuevos alumnos que llegan al estado.

Según las cifras de 2005, los municipios de mayor porcentaje de analfabetismo eran Candela, General Cepeda, Viesca, Guerrero y Arteaga, pero la dependencia confía en que los porcentajes hayan disminuido aún más gracias a un programa de alfabetización llamado “Yo sí Puedo”.

“Inciden otros factores, como la migración de un estado a otro, como la situación económica, como la desintegración familiar, se acaba el rezago en algunas personas, pero otras vuelven a entrar”, señaló Alvarado.

El problema radica, asegura, en las personas mayores de 50 años que viven en comunidades de vocación campesina, quienes tienen un proyecto de vida muchas veces ya realizado y no le ven utilidad, piensan que aprender a leer y escribir no les servirá de mucho, por lo que el reto es grande.

“Se concentra en rangos de edad de 50 años para arriba, en personas con proyectos de vida ya formados y los tienes que sensibilizar a que entiendan que nunca es tarde para aprender, esas experiencias que tienen ellos son nuestro punto de partida para enseñarles”, señaló.