Saltillo, Coahuila.- En 2009 un hecho conmocionó a todo el país. En Hermosillo, Sonora, una guardería ardió calcinando con sus llamas a 49 pequeños y dejando heridos a otros 106. Entre las lágrimas y el coraje muchos ciudadanos se preguntaron la razón de la terrible tragedia, entre ellos el escritor Imanol Caneyada, quien invita a no olvidar el hecho con su nueva novela 49 Cruces Blancas (Planeta, 2018).

La versión oficial del incendio habló de un accidente eléctrico causado por un refrigerador en mal estado, el cual causó el siniestro que se expandió hacia la guardería. Sin embargo eran numerosas las pruebas que indicaban a un hecho de corrupción: pues el fuego se inició en un local que contenía documentos de la Secretaría de Hacienda.

En su novela Caneyada habla distanciado no de ese hecho, sino de lo que vino después: los padres de familia que no volverán a oír la risa de sus hijos, ni tampoco sentir sus abrazos, ni verlos correr.

“La idea al principio fue escribir sobre la Guardería ABC para aportar a que el incidente no se olvide. El crear un libro surgió de preguntarme qué es lo que puede aportar una novela a una tragedia de este tipo. Creo que lo puede aportar es una exploración de lo abstracto desde lo concreto. Los personajes muestran lo que puede suceder con las personas que viven después del evento, porque es este género (la novela) es el que fija la idea del individuo frente a su realidad”, dijo el autor en entrevista con Zócalo.

El narrador de la novela es un hermosillense que comienza a investigar el hecho y como no lo vivió, se mantiene frío y distante ante las pruebas, pero no al dolor de los personajes que conoce y que pueblan las páginas de la obra.

“El principal problema al que me enfrenté al escribir 49 Cruces Blancas fue el del dolor, el arrebato y el coraje. Los primeros capítulos se escribían desde el hecho y la tragedia, eran más bien un panfleto que hablaba desde el alegato y el dolor pero no era literatura”.

Caneyada consideró que marcar ese espacio narrativo era necesario para crear una obra literaria real, pues las emociones que lo embargaron al momento de escribirla impedían que esta tuviera un peso sincero en el ámbito de la ficción.

“A lo largo de diversos borradores busqué la voz que me permitiera contar la historia, y descubrí que lo que me interesaba no era contar el hecho en sí, sino saber qué había pasado después con nosotros como sociedad. Era explorar la vida posterior de Hermosillo tras la tragedia.

“La voz ideal fue la de un narrador distanciado a esa ciudad, un ser cínico que ni siquiera vivió el incendio, esta distancia fue lo que me permitió comenzar a escribir la novela y alejarme de esos textos incendiarios que nacieron al principio y que no tenían una consistencia sólida para reflexionar sobre nosotros”.

Cambio social

Para el escritor el proceso de documentación consistió en recordar y retomar su trabajo como periodista, pues le tocó cubrir el caso, vio los planos de la guardería y habló con la gente que fue afectada directamente por la tragedia. “Lo pesado fue retomarlo y revivir algunos de los aspectos dolorosos y vaciarlos en la novela”, reveló.

El Hermosillo de 49 Cruces Blancas es una ciudad triste y asfixiante, marcada por un siniestro caso que la transformó.

“Al escribir la novela tuve que recrear la ciudad de Hermosillo, porque el objetivo de la novela es replantearnos qué tanto nos cambió esta enorme tragedia como una sociedad total. La voz de la urbe es una voz tristemente silenciada, es un recuerdo olvidado, ya que aunque la guardería ABC es una herida que aún sigue abierta se ha hecho lo posible por ocultarla”, expresó el autor de Hotel de Arraigo.

El escritor de origen español piensa que la literatura debe de tener un compromiso social. Hablar para no olvidar y escribir para recordar es lo que ha hecho de la novela un factor importante en la historia.

“La novela es un género que se alimenta de eventos sociales. Lo que sí habría que ver es si en México nos falta asumir esa ética social desde la literatura, es un tema importante. La tradición es algo muy fuerte y existe en la literatura social.

“Lo que yo podría esperar es establecer un diálogo que produzcan una serie de preguntas para saber qué es lo que nos ha transformado y por qué de pronto nos han sucedido estos eventos, cómo establecer una serie de mecanismos que nos ayuden a evitarlos”, concluyó.