Cuautla, Mor.- La inseguridad y la violencia que no pudo frenar la estrategia ‘‘fallida’’ del mando único que puso en marcha el gobernador perredista Graco Ramírez, así como la corrupción en la Comisión Estatal de Seguridad, la Fiscalía General del Estado y el Tribunal Superior de Justicia, entre otras dependencias, detonó el surgimiento de guardias comunitarias o autodefensas en al menos 25 comunidades de 12 municipios de tres regiones de Morelos, expusieron líderes de ese movimiento en entrevista.

Explicaron que por este ‘‘hartazgo social’’ y ‘‘vacío de autoridad’’, es la segunda vez que surgen policías comunitarias, pero a diferencia de la primera ocasión, esta vez se propagaron ‘‘como pólvora’’ en poblados de las regiones conocidas como Los Altos de Morelos, Del Volcán y Tierra Grande, en los días previos a las elecciones del primero de julio pasado, cuando se renovaron la gubernatura, alcaldías y Congreso local, así como la Presidencia de la República.

Los dirigentes de las nuevas autodefensas recordaron que la primera vez que surgió este sistema de vigilancia ciudadana (aunque en menor medida y concentrado en Tetela del Volcán) fue en 2010, después de un secuestro en esa localidad en el cual estuvieron involucrados policías de los tres niveles de gobierno. Lo denominaron entonces Grupo Relámpago.

Ahora, subrayaron, las guardias comunitarias o autodefensas tienen mayor fuerza. Calculan que son unos 2 mil integrantes, decididos a proteger sus comunidades de la delincuencia con herramientas de trabajo, radios de dos vías, teléfonos celulares y armas que tenían en sus casas o en las ayudantías municipales, así como con la instalación de barricadas o retenes en las entradas y salidas de sus localidades.

Reprocharon que el gobierno de Graco Ramírez –que concluye el próximo 30 de septiembre– y los elementos del mando único jamás atendieron su demanda de seguridad en el oriente de la entidad. ‘‘Nos dejaron a la merced de bandas delincuenciales que operan en Cuautla.

‘‘Comenzaron a cobrar derecho de piso, a robar, secuestrar y extorsionar en los municipios y poblados de los Altos de Morelos y en localidades cercanas al volcán Popocatépetl, la mayoría regidos por usos y costumbres’’, afirmó uno de los líderes de las autodefensas. Aseguró que varios integrantes de esas organizaciones delictivas son colombianos.

Puntualizaron que el único objetivo de los policías comunitarios es garantizar paz y tranquilidad a sus familias y sus pueblos, porque ‘‘ya no podíamos ni caminar con tranquilidad en las calles o en el campo, de día o de noche, porque temíamos ser asaltados, extorsionados, secuestrados o hasta asesinados’’.

Pese a que se cometían ilícitos constantemente, veían de manera muy esporádica a policías o patrullas del mando único, lo que demuestra que ‘‘están coludidos con la delincuencia organizada’’.

Por seguridad, los guardias comunitarios y los voluntarios que vigilan las entradas y salidas de las comunidades en barricadas hechas con costales de arena, troncos, conos y lazos, usan pasamontañas para no ser identificados por los criminales o por la policía estatal.

En la plática, realizada en uno de los cerros de los Altos de Morelos, los líderes comunitarios o de autodefensas pidieron anonimato, por lo cual se les identificará como Manuel y Marino, dirigentes en Tetela del Volcán y Totolapan, respectivamente.

‘‘El hartazgo provocó que nos organizáramos como sociedad y en cada comunidad comenzaron a formarse grupos de autodefensa’’, relató Manuel, quien sostuvo que el esquema de mando único jamás funcionó.

Apuntó que cuando se creó el mando único los municipios de la zona se quedaron sin policías, debido a que fueron reubicados en otros municipios o dados de baja.

‘‘Hemos padecido un vacío de autoridad. Cuando exigimos seguridad el gobierno nunca nos hizo caso; no escuchó el grito desesperado de la sociedad’’, reprochó.

Destacó que las guardias comunitarias se extendieron a por lo menos 25 comunidades de los municipios de Totolapan, Tlayacapan, Tlalnepantla, Atlatlahuacan, Tetela del Volcán, Ocuituco, Yecapixtla, Cuautla, Zacualpan de Amilpas, Jantetelco, Temoac y Ayala.

Consideró que el modelo de mando único habría dado mejores resultados si los policías hubieran sido de los propios ayuntamientos, porque ‘‘los ciudadanos los conocen, saben dónde viven. Evidentemente, un agente que vive en el poblado no se arriesga a delinquir.

‘‘Esto no quiere decir que los policías son los culpables, pero el mando único fracasó y los resultados ahí están’’, señala Manuel.

Resaltó que los dirigentes de los 12 municipios donde operan autodefensas llegaron a la conclusión que la violencia y la inseguridad están vinculadas con la corrupción en los tres niveles de gobierno.

Sin embargo, el colmo, sobre todo en Los Altos de Morelos, fueron las extorsiones perpetradas ‘‘por grupos delictivos conocidos como los colombianos.Eso nos obligó a organizarnos’’.

Explicó que estos delincuentes comenzaron a operar en Cuautla y luego se extendieron a poblados aledaños: Totolapan, Atlatlahuacan y Tlayacapan, donde extorsionaban y cobraban derecho de piso. ‘‘Llegaban en motocicleta y otros en vehículos, y la policía del mando único nunca nos brindó seguridad’’, se quejó Manuel.

Responsabilizó a Graco Ramírez y a los policías estatales por ‘‘omisión’’ y por el linchamiento del colombiano Ricardo Alonso Lozano, cometido el pasado 31 de julio en Tetela del Volcán.

Dijo que desde que se retuvo al sudamericano, acusado de extorsión, se dio parte a las autoridades, pero no atendieron el llamado y permitieron que la turba se hiciera justicia por propia mano. Llegaron elementos del mando único, pero se limitaron a observar.

Marino narró que en Totolapan fueron las asambleas de los barrios las que determinaron crear las policías comunitarias, ‘‘en su afán de buscar seguridad ante los constantes robos y extorsiones’’. Colocaron barricadas a las entradas de los poblados y en la cabecera municipal.

Consideró que la estrategia de seguridad del gobierno saliente, dirigida primero por la entonces secretaria de Seguridad Alicia Vázquez Luna y luego por el comisionado Alberto Capela, que consistió en aglutinar a las policías estatal y municipales y rotar agentes municipales en diversas localidades, no funcionó.

‘‘Había pocos elementos, ocho o 10, para cuidar un municipio de 11 mil habitantes. No podemos hablar de seguridad cuando tenemos una o dos patrullas para ocho comunidades. Por eso aquí estamos cuidándonos, con las herramientas que tenemos.’’

En Totolapan vigilan grupos de entre 30 y 40 personas, día y noche. Un integrante de cada familia de la localidad ayuda a cuidar las entradas y salidas, a fin de evitar el ingreso de delincuentes. Cuando observan gente extraña se les piden credenciales y se les pregunta el motivo de su visita.

Mencionó que con las guardias comunitarias en el oriente de Morelos ‘‘ya no ha habido extorsiones, secuestros ni robos. Con nuestros vigilantes nos sentimos más seguros; dormimos más tranquilos y caminamos por nuestros pueblos de noche, como antes’’.

Tanto Manuel como Marino reiteraron que la meta es ‘‘devolver la tranquilidad a los ciudadanos, siempre siendo muy respetuosos de los derechos humanos y del libre tránsito’’, expresó el primero.

Marino reconoció que a los visitantes las barricadas les causan miedo y desconfianza; también verlos con pasamontañas y armados. Por ello la gente no regresa y eso daña la economía del municipio.

Contacto con grupos de Puebla y Guerrero

Manuel aseguró a los turistas nacionales y extranjeros que pueden pasar tranquilamente por los territorios del oriente de Morelos; lo único que se les pide es que se identifiquen en los retenes. Aclaró que las escopetas y pasamontañas son para protección propia.

‘‘No somos guerrilleros ni pretendemos levantarnos en armas; mucho menos estamos al servicio de alguna célula delincuencial ni respaldados por el gobierno, algún partido político o un grupo de poder. Somos sociedad organizada. Nuestro propósito es devolver la tranquilidad a los ciudadanos de Morelos’’, recalcó Manuel.

Detalló que los más de 2 mil comunitarios morelenses usan aparatos de radio para comunicarse, y cuando algo relevante sucede se alertan y apoyan. El uso de esa frecuencia les permite protegerse y mantenerse en el anonimato. Ya establecieron contacto con autodefensas de Puebla y Guerrero.

Manuel advirtió que los policías comunitarios dejarán de operar cuando las autoridades municipales, estatales y federales les garanticen seguridad con gente que ellos propongan.

A las nuevas autoridades municipales, al gobernador electo Cuauhtémoc Blanco y al presidente Andrés Manuel López Obrador les pidieron elaborar una estrategia de seguridad con base en las propuestas de los pobladores.

‘‘Cada comunidad, cada municipio, cada estado y cada región tienen un dolor por la inseguridad que padecemos y por la ausencia o ineficacia de las autoridades’’, planteó Manuel.

El 28 de agosto las asambleas comunitarias del oriente del estado emitieron un comunicado en el que concluyeron: ‘‘Ya lo dice Marcos Matías (de la Red Nacional Indígena): la milicia ciudadana brotó por la ausencia de justicia, por el vacío institucional, el abandono y la omisión de la autoridad gubernamental en sus obligaciones de procuración y seguridad pública’’.