Saltillo, Coahuila.- La madrugada de este sábado una tromba azotó el ejido Presa de los Muchachos, en la zona rural de Saltillo, dejando a familias sin casa debido a que estas, hechas de adobe, colapsaron ante la intensa lluvia que duró cinco horas continuas.

Además del aguacero violento, el tanque del ejido reventó y ocasionó que el agua almacenada corriera por entre las casas, desprendiendo paredes, puertas y matando animales; aproximadamente una docena de borregos murieron ahogados.

La tromba comenzó aproximadamente a la 1 de la madrugada y duró hasta las 6 de la mañana, dejando a su paso pérdidas totales a las estructuras de cinco casas y pérdidas en muebles, alimentos, vestido y calzado a por lo menos una decena más de hogares.



Las actividades económicas del ejido, conformado aproximadamente por 300 habitantes, también se vieron afectadas debido a que los cultivos, principalmente de maíz, se desprendieron o “ahogaron” en medio de la tempestad.

La corriente de agua que golpeó Presa de los Muchachos logró en su momento más crítico elevarse un metro, arrastrando borregos, chivas y aves de corral entre su cauce.

Algunos habitantes aseguran que sus casas quedaron reblandecidas, por lo que temen seguir viviendo bajo los techos y han solicitado la presencia de las autoridades, quienes ayer, mediante la Policía Municipal, tuvieron un primer acercamiento con los afectados.

Arrasa lluvia con ejido en Saltillo

El fin de semana que recién termina, una tromba azotó al ejido Presa de los Muchachos, en la zona rural de Saltillo, dejando a familias sin casa debido a que éstas, hechas de adobe, colapsaron ante la intensa lluvia que duró cinco horas continuas.

Además del aguacero violento, el tanque del ejido reventó y ocasionó que el agua almacenada corriera por entre las casas desprendiendo paredes, puertas y matando animales, aproximadamente una docena de borregos murió ahogada.

La tromba comenzó aproximadamente a la 1:00 de la madrugada y duró hasta las 6:00 de la mañana del sábado, dejando a su paso pérdidas totales a las estructuras de cinco casas, y pérdidas en muebles, alimentos, vestido y calzado a por lo menos otra decena de hogares.

Las actividades económicas del ejido, conformado aproximadamente por 300 habitantes también se vieron afectadas, debido a que los cultivos principalmente de maíz se desprendieron o “ahogaron” en medio de la tempestad.



La corriente de agua que “golpeó” a la Presa de los Muchachos logró en su momento más crítico la elevación de un metro, arrastrando animales: borregos, chivas y aves de corral entre su cauce.

Por el impacto del agua, algunos habitantes aseguran que sus casas quedaron reblandecidas, por lo que temen seguir viviendo bajo sus techos y han solicitado la presencia de las autoridades, quienes ayer mediante la Policía Municipal tuvieron un primer acercamiento con los afectados.

De acuerdo con los ejidatarios, los elementos de la Policía Municipal asistieron –ayer domingo en la noche– al ejido para levantar un reporte de los hechos ocurridos la madrugada del sábado y prometer ayuda en muebles y alimentos.

Sin embargo, para los habitantes de los ejidos Presa de los Muchachos, El Salitre y El Mezquite, el riesgo sigue latente pues las lluvias tienen en su máxima capacidad a los tanques de estos dos últimos ejidos, corriendo el riesgo de que también se revienten en los próximos días si las lluvias continúan.

Los climas extremos castigan a Saltillo, tanto en la zona urbana como en la rural, donde debido a las condiciones de pobreza económica dejan daños más difíciles de reparar; primero fue la nevada que dañó los cultivos y la salud respiratoria de los habitantes, luego la sequía que secó sus fuentes de alimento y ahora las lluvias que les derriban sus casas.

Ante la fuerza de la naturaleza, los habitantes de Presa de los Muchachos tuvieron que actuar solo con la fuerza de sus manos debido a que no cuentan en el ejido con la maquinaria para atender emergencias, o incluso instrumentos de primeros auxilios.

‘GOLPEA’ CASA

Era de noche y sólo se escuchaban los truenos en el cielo y, el sonido de la lluvia adormecía al ejido Presa de los Muchachos, donde las familias dormían tranquilas hasta antes de que la lluvia se convirtiera en una asesina al acecho.

La casa de la familia Encina Rocha es una de las últimas en la pequeña población, aunque la madrugada del sábado fue una de las primeras en recibir el impacto de miles y miles de litros de agua que corrían desde el tanque del ejido hasta el pueblo.

El depósito de agua no pudo almacenar más y colapsó inaugurando un río justo a mitad de la población, “nosotros dormíamos –dice Juan Carlos, el señor de la casa–, cuando sentimos como si un gigante hubiera golpeado nuestro cuarto”.



El hogar en cuestión es de cocina, habitación y sanitario de adobe, y otro cuarto, más pequeño, de blocs y cemento; “nosotros dormíamos en el de adobe cuando sentimos el golpe a la casa”, explica Juan Carlos, mientras vemos cómo nuestros zapatos se hunden en el fango que rodea lo que queda de su hogar.

Afortunadamente, Aída, la hija menor, tenía pila en el celular y logró llamar al patrón de su papá para que fuera a rescatarlos. La espera se convirtió en largos y angustiosos minutos donde entraron en el pánico que provoca no saber queépasará primero: te caerá encima el techo o te arrastrará el agua.

Cuando llegó el patrón de Juan Carlos comenzaron a razonar con el puro instinto de la supervivencia porque “nos desesperamos al ver que no había forma de que entraran por nosotros porque a todos les daba miedo”, dice el campesino.

EL RESCATE

Hasta que a la familia se le ocurrió que amarrando una soga a un árbol y lanzándoselas, ellos mismos podrían salvarse.

Así lo hicieron, uno de los pocos habitantes que se convirtieron en rescatistas, amarró la soga al árbol más resistente que encontró y luego lanzó la otra punta de la soga hacia la puerta de la habitación donde se quedó atrapada la familia.

“Con fuerza tuvimos que jalarnos a nosotros mismos para salir”, narra Juan Carlos todavía asustado por lo que le tocó vivir a él y a su esposa María de Jesús y a sus hijos Aída y Juan Manuel de 16 y 17 años respectivamente.

Como la familia, otros ejidatarios perdieron animales y sembradíos por la tromba del sábado en Presa de los Muchachos, donde intentan levantarse con más carencias que antes y con la amenaza latente de que hay otros dos tanques en la zona cargados de agua y que en cualquier momento, también podrían reventar.