Saltillo, Coahuila.- Las crisis sociales y políticas, los terrores del narcotráfico, los barrios bajos de las ciudades que encierran y callan entre sus paredes el horror de la muerte es lo que la literatura negra abarca. El escritor Wilmer Urrelo es uno de sus adeptos.

El boliviano ofreció en la Feria Internacional del Libro Coahuila 2018 la plática La Novela Negra en Latinoamérica: El Caso de Bolivia.

“La literatura negra en México se entiende muy bien por su realidad, en cambio si la trasponemos a la realidad boliviana en donde no se encuentra un hallazgo como el de 150 personas enterradas en una fosa... es algo que no ocurre. No ocurre porque no se concibe una violencia así de extrema, hay chispazos, pero esa violencia extrema no ocurre. Es por eso que me molesta que alguien compare la violencia de mi país con la que sucede aquí o en Colombia.

“En el caso de retratar esa violencia por supuesto que sí hay un peso que marca una generación, pero en el caso de Bolivia lo que va a marcar esta generación es cómo están quedando las familias después de esos procesos de migración, en la que la familia se rompe. Esos niños que ahora son adultos son a quienes les queda algo del rompimiento de su hogar, y de ahí incidir en la violencia. Ese es el tema que quizá rescata la literatura negra boliviana”, comentó el autor de Hablar con los Perros.

América negra

En el libro Latinoamérica Criminal (Penguin Random House, 2016), el editor Daniel Galera reúne una serie de autores latinoamericanos para que narren desde su punto de vista la sociedad en un cuento del género.

“En las últimas dos décadas, y especialmente en los últimos años, el panorama (de la literatura negra) ha cambiado. Por un lado tenemos la globalización, una democracia generalizada. No obstante cada autor ha logrado utilizar la arquitectura del género para expresar su propia combinación de inquietudes personales, sociales y políticas”.

Esto da a entender que el género criminal ha expandido y enraizado de distinta manera en cada país, acorde a las políticas sociales que lo enmarcan. En México el gran ejemplo han sido las narconovelas que hablan sobre los hechos que el submundo del narcotráfico creó.

“En Bolivia lo principal es quizá la violencia política, que tiene su creación y su tiempo de vencimiento, pero en ese tiempo pueden pasar muchas cosas. En ese sentido, la literatura de suspenso va por ese lado de político. Creo que hablamos mucho de lo interior y cómo nos afecta a futuro”, explicó.

Para el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II la novela negra retrata una realidad, es por eso que quienes se dedican a escribirlas tienen que mirar directamente hacia el abismo sin miedo a ser mirados. Para Urrelo, el escritor tiene el compromiso de mostrar esa realidad sin temor.

“Uno no puede apartar la vista de estos hechos porque son los que nos hará reflexionar sobre su daño en nuestra sociedad. Tanto en México con las novelas del narco, así como en Colombia con el tema de las FARC, se hicieron muy buenas cosas que enseñan ese terror social en el que se vive. En cambio Bolivia hubo una generación que no habló sobre la Guerra del Chaco, y esa generación posterior apartó la vista; es algo que nos ha faltado mirar: esa crueldad y ese dolor”.

Para Urrelo la literatura negra es el reflejo antiheorico de lo que la violencia produce, es mostrar el terror de la muerte para enfrentarlo y mejorar.

“La literatura de suspenso (en Bolivia) va por ese lado de político, pero también la interiorización de esa violencia exterior”, Wilmer Urrelo, escritor.