Saltillo.- En Estados Unidos la generación más joven de inmigrantes la conforman niños y jóvenes que llegaron a este territorio traídos por sus padres. Estos chicos son involuntariamente indocumentados y viven bajo la sombra de la deportación a un país que en muchos casos no recuerdan. Ellos son los “Dreamers”, los que sueñan con alcanzar un estatus legal en la Unión Americana, el sitio al que, aseguran, pertenecen.

La periodista Eileen Truax recopila varias historias de estos jóvenes que vieron con optimismo cómo en el año 2001 se presentó al congreso de EU la iniciativa de ley conocida como DREAM Act, que busca regularizar su situación, pero que no ha sido aprobada por el Senado norteamericano, lo que se ha traducido en una serie de manifestaciones que han expuesto esta realidad al mundo.

Durante siete años la mexicana cubrió ese tema para el periódico “La Opinión”, el más importante en español en Estados Unidos, y ahí, entre las notas diarias, “urgentes” y “explosivas”, se encontró con “estas pequeñas historias de valentía de quienes tienen que enfrentar la toma de decisiones drásticas, una cuestión de supervivencia en su vida cotidiana”. Testimonios que conforman su libro “Dreamers” (Océano, 2013).

Durante dos años Truax se dedicó a conformar el texto que ya se encuentra en las librerías del país. “Creo que la experiencia de estar cerca de este entorno durante mucho tiempo, permitió hacer una aproximación a la cotidianidad, saber quiénes son los Dreamers”, comparte en entrevista con Zócalo.

“Cuando empecé a escribir el libro me di cuenta de que no nos tomamos el tiempo para contar estas historias, y quería hacerlo acerca de estos muchachos. Esta experiencia me cambió la vida porque descubrí valores, que los niños y los jóvenes son el reflejo de su familia y de su entorno.

“Estos son chicos que a pesar de tener una vida completamente adversa, de estar en una situación que ellos no eligieron, pues la toma de decisión de convertirse en un migrante indocumentado fue tomada por sus familias, viven una serie de desventajas todavía mayores que la del resto de la comunidad migrante, son más vulnerables, sin embargo tienen una enorme fortaleza de espíritu, de carácter, una enorme convicción para salir adelante a pesar de todas las circunstancias. Para mí esto es un reflejo del espíritu de sus propias familias, eso me ha parecido muy conmovedor”, señala la cronista, quien es originaria de la Ciudad de México, pero vive en Los Ángeles desde hace casi una década.

Frente unido

Para Eileen Truax no fue sencillo realizar las nueve historias que aparecen en “Dreamers”, no fue fácil hablar con estos jóvenes, “entender sus ritmos” y acoplarse a sus tiempos. Pero al final el trabajo se vio recompensado con una comprensión profunda de la forma en que estos chicos ven el mundo.

“Creo que la gran lección para todos , si te acercas al movimiento Dreamer y ves su operar día a día, es la capacidad de unión que tuvieron estos chicos da pesar de sus diferencias, pues no es lo mismo un indocumentado proveniente de Irán que vive en el norte de Estados Unidos, que un chico que viene de Veracruz y vive en el sur de California. Hay 1.7 millones de Dreamers que pueden ser beneficiados con el Dreamer Act, eso nos habla de su diversidad, pero a pesar de ello lograron ir más allá de esas diferencias, encontrar qué era lo que los unía, la lucha por sus derechos, y formar un frente común que ha logrado una prerrogativa en la política migratoria de Estados Unidos, cosa que ningún otro grupo migrante había logrado hacer”, afirma la periodista.

“Creo que estos chicos dándole una sacudida a su entorno, a la sociedad, al plantear ¿qué es lo que define a un ciudadano? El lugar al que perteneces, el sitio en el que transcurre tu vida cotidiana donde has creado tus lazos; el espacio en el que quieres pertenecer para aportar, para seguir creciendo; o la ciudadanía depende de un documento”, plantea la autora.

La mayor parte de los jóvenes con los que tuvo contacto la periodista tienen entre 23 y 24 años, que es la edad universitaria. Una generación, apunta la escritora- que tiene una noción menos estática de las fronteras y los límites en cuanto a etnia, origen o incluso futuro.

“Estos chicos no conocen otro lugar que Estados Unidos, los que vienen de otros países los recuerdan vagamente pues sus familias cruzaron la frontera cuando eran muy chicos. El gran problema es que no terminamos de ver la migración con un rostro humano, sino que lo vemos con un rostro punitivo y de negociación política, como si la migración pudiera ser un asunto de leyes y no un asunto de derechos humanos o sociales”, expresa vehemente.

De los dos lados

La gran mayoría de los Dreamers tiene una perfecta identidad binacional, señala Eileen Truax. “Para muchos es difícil entender que hay gente que no pertenece a un sólo lugar, que la binacionalidad o la multinacionalidad es un fenómeno común, correcto, de vanguardia, que está presente en el mundo”, aclara.

La periodista pone como principal ejemplo a los jóvenes procedentes de México, que viven en su familia una serie de tradiciones y costumbres que los mantienen muy conectados con sus orígenes.

“A estos chicos no les puedes decir 'no eres de aquí ni de allá' porque ellos se sienten de los dos lados. Con los mexicanos, por ejemplo, en el 95% de los casos en la familia se habla español con los papás y se reproducen tradiciones de origen, se hacen fiestas de Quinceaños con baile y chambelán, en casa se come mole y se celebra la Virgen de Guadalupe”.

“Cuando estás en otro país tus prácticas culturales se vuelven más fuertes, porque son las que te dan identidad cuando estás en un lugar nuevo. Estos chicos crecen con esto en casa, pero también con la realidad estadounidense, tienen las mismas influencias que otros jóvenes de su edad, les gusta la cultura pop y la entienden. No hay conflicto entre ambas culturas”, añade.

Ahora que se aprobó el programa de acción diferida, comenta

Cuando se aprobó el programa de acción diferida, comenta Truax, la ilusión de muchos de estos chavos es viajar a México a conocer a su abuela, al pueblo del que les han hablado sus padres. “Hay una espacio de idealización del espacio de origen, porque tienen un reconocimiento y un respeto por lo que son sus raíces. Estos chicos son conscientes de que sus padres hicieron un sacrificio cuando quisieron migrar”.

Sin embargo, esta suerte de añoranza por la tierra de sus padres no significa que los Dreamers no tengan claro a dónde pertenecen.

Las raíces son importantes para estos jóvenes, afirma la periodista. “Ellos no se entienden a sí mismo de otra manera que no sea binacional y bicultural, ahora esto es por lo que toca a su identidad, pero a lo que toca a su ciudadanía ellos se sienten ciudadanos estadounidenses”, concluye.

EL DATO

“Dreamers”

De Eileen Truax
Editorial Océano
240 páginas
250 pesos
http://www.oceano.mx