Entre los distintos frentes que ha intentado atacar el presidente Calderón para lograr remontar la difícil situación económica en la que está inmerso nuestro país se encuentra el de la “confianza”.

Desde hace varios meses, el tono de sus discursos y el de distintos integrantes del gabinete, ha sido el de tomar una posición optimista y enfatizar cualquier tipo de “brote verde” o señal positiva que sugiera la cercanía de la recuperación.

Hace algunos meses, este tema aumentó de nivel en el marco de una discusión sobre las previsiones económicas que planteaba Hacienda y las señaladas por analistas privados, e incluso el Banco de México. El argumento central era que ese pesimismo infundado sólo provocaría confusión entre la población y retroalimentaría un ciclo negativo en expectativas. Aún sin el choque negativo de la epidemia de influenza, el tiempo ha dado la razón a los “pesimistas” y las cifras oficiales se han ajustado a la baja. Sin embargo, esta confrontación se mantiene en un “estira y afloje” continuo, tanto en la interpretación de eventos como en las revisiones sobre estas previsiones. ¿Es acaso incorrecta la posición del Ejecutivo en esta discusión? La respuesta es tanto negativa como afirmativa, por lo siguiente.

En el planteamiento del Ejecutivo queda claro el reconocimiento al papel central que juega la “confianza” en la evolución de este tipo de eventos. No es un tema nuevo, pero la relevancia que se le otorga ha sido distinta y no siempre se actúa de manera adecuada para incidir sobre esta variable. En un libro reciente, Espíritus animales, de dos distinguidos economistas, G. Akerlof (Nobel) y R. Shiller, el tema de la confianza es central en su argumento para explicar la evolución del ciclo económico, y en consecuencia las posibilidades de salir de la actual crisis, y ha provocado una gran polémica entre académicos que seguramente tendrá consecuencias futuras. En mi blog “Tintero Económico Diario” podré comentar este libro, pero en su argumento central enfatizan el descuido de estos “espíritus animales” en el análisis y evaluación de la crisis actual, y en el que este concepto hace referencia a elementos sicológicos e incluso irracionales en el comportamiento y las decisiones de los individuos. Los espíritus animales contienen cinco elementos, pero la confianza resulta probablemente el más importante, y que se asocia más a un acto de fe que a un análisis racional en el proceso de decisión (de aquí la polémica). “La confianza no es sólo el estado emocional de un individuo. Es la visión sobre la confianza de otras personas, y la percepción de otros sobre la confianza de otras personas. Es también una visión del mundo, un modelo popular de eventos actuales, un entendimiento público del mecanismo de cambio económico tomado de la información de los medios y de las discusiones populares.” En este sentido tiene un papel central (y multiplicador) en la explicación del ciclo económico al afectarlo. En su libro discuten cómo ocurrió esto en el caso de otras recesiones, como la Gran Depresión. En este sentido, en diversos editoriales recientes, Shiller ha insistido en que mientras no se recupere la confianza, difícilmente saldremos de la situación actual. Es por eso que considero que es explicable la posición del Ejecutivo e incluso correcta.

Pero la segunda parte de la respuesta aborda el asunto de cómo se logra recobrar esta confianza, y ésta tiene que restablecerse sobre fundamentos firmes, con hechos demostrados y el entendimiento claro de los métodos y objetivos a alcanzar. Adicionalmente, en la explicación de estos autores, la confianza de una nación o un grupo amplio de gente tiende a girar en torno a alguna historia, en particular aquella que describa los cambios históricos que permitirán impulsar a la economía a una nueva fase ascendente. Y todo parece indicar que es en este punto donde estamos atorados. Claramente, insistir en previsiones o evaluaciones que intentan “ganar” al mercado no es el camino adecuado, sobre todo cuando la probabilidad de error en el corto plazo es muy alta. No son suficientes las buenas intenciones. Si la autoridad tiene claridad en sus objetivos y acciones, y si cuenta con una historia creíble sobre este proceso (puede ser otro punto de discusión), entonces el problema es que no ha existido capacidad para transmitir de manera adecuada y creíble esta información a la población, y sí en cambio se puede estar retroalimentando la desconfianza actual una vez que los hechos rebasan a las intenciones. Al menos es una explicación.

Como señalé, seguramente que el planteamiento particular de estos autores será un tema de amplio debate, análisis y evaluación en el futuro, antes de poder darle un peso específico a su teoría. Pero creo que sí puede existir consenso sobre la relevancia de la confianza en el proceso económico y la necesidad de encontrar el camino adecuado para restablecerla.

Investigador de la División de Economía del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM