Primera de dos partes
Saltillo, Coah.- La delicada armonía de una galaxia se genera por la acción de leyes físicas, energías, accidentes y azares. Un engranaje cósmico que convierte a cada sistema planetario en una entidad única, compleja y misteriosa. Así es nuestra civilización. Allí donde cada sociedad y cada individuo es un planeta.
La sociedad, definida por los hermanos Goncourt, es “una ética en movimiento”. Una entidad tridimensional, policromática e impredecible que cambia mientras se le observa. La sociedad y su mínima partícula, el hombre, es una materia inestable. Esa es la materia de los científicos sociales, y contrario a lo que se pueda creer, tiene en esa volatilidad su clarividencia.
La situación se pone más complicada por el hecho de que el científico social es parte de esa sociedad. Mientras la sociedad está en movimiento, el investigador está en movimiento. Objeto y sujeto son una misma cosa.
Esa interacción hace que el investigador social se fije como propósito de su trabajo no sólo la descripción o identificación de los elementos y problemas de una sociedad. Karl Marx, pilar de la sociología, afirmó que no bastaba describir la realidad, sino que había que transformarla. Esa voluntad es la que ha guiado el trabajo del investigador Enrique de la Garza, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009 en la categoría de Historia, Filosofía y Ciencias Sociales, académico de talla internacional y orgullosamente
coahuilense.
“No puedo negar que me dio mucho gusto, por la manera como se otorgan estos premios: aunque lo otorga el Gobierno de la República, se nombra un consejo de académicos de prestigio y ellos son quienes eligen a los postulados. De tal manera la satisfacción es doble porque fue entre académicos que reconocen el trabajo, no una decisión burocrática”, afirmó.
El doctor concedió a Zócalo una entrevista en la que repasa algunas de las inquietudes que han sustentado una trayectoria que desde hace años es fundamental para la sociología mexicana.
Cambiar la realidad
Nacido en San Buenaventura, Coahuila, Enrique de la Garza emigró a Monterrey para cursar el bachillerato y la licenciatura en Ingeniería Química, carrera que terminó en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Pero las tempestades de su época estudiantil terminaron por llevar su barco a otro puerto.
“Es la preocupación por tantos problemas graves, de orden social, que vive el país desde hace mucho tiempo. Yo soy originario de San Buenaventura, Coahuila.
Allí pasé mi vida hasta los 15 años y después me fui a hacer la preparatoria y la licenciatura en Monterrey.
“En medio de ese periodo de mi vida, en los años 70’s, el país vivía una gran turbulencia de todo tipo. Después del 68, que caló hondo en todo el país, hubo mucha sensibilidad de parte de los jóvenes con respecto a los problemas sociales. De tal manera, decidí cambiarme de área hacia las ciencias sociales. Me fui al Colegio de México y después continué en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)”, rememora el académico desde el patio de la casa familiar en Saltillo.
Su preparación continuó con una estancia, auspiciada por Conacyt, para hacer investigación en la Universidad de Roma, además de dos postdoctorados, primero en la Universidad de Warwick, en Inglaterra y luego en la de Berkeley, en California.
Durante estas instancias de su formación se especializó en un tema que ocupa un lugar fundamental dentro del mosaico de investigación social: el trabajo. Para Enrique de la Garza, el tema se le puso enfrente desde la arista más humana: los trabajadores.
“Inicialmente me interesó el tema por la importancia que tenía en los años 70 el movimiento obrero. Fue un periodo de muchos conflictos, de mucha turbulencia. Posteriormente, en los años 80 comenzaron a introducirse nuevas tecnologías en las empresas, nuevas formas de organizar el trabajo, nuevos procesos, de tal forma que todos esos fenómenos captaron mucho mi atención. Desde entonces me he dedicado a estudiar el trabajo, sobre todo la dinámica de los obreros dentro de las fábricas”, aseguró.
La investigación realizada por el doctor de la Garza se concentra en diversos libros que tienen como fin entender y ofrecer soluciones a las terribles condiciones de trabajo que viven diversos sectores, así como para instrumentar métodos de análisis frente a las necesidades, metamorfosis y evoluciones de la clase trabajadora. Parte de la inspiración para este trabajo es emocional. Viene de una convivencia cercana y entrañable que pareciera estar fuera del perfil frío y metódico del científico.
“Ha sido muy emotiva la aproximación a estos sectores. Cuando uno se acerca, hay ocasiones que lo toman con cierta reserva; pero en otras se genera tal confianza que salen a relucir muchos de sus problemas particulares. A veces esperan que uno los asesore, los guíe en la solución de los problemas particulares, asunto que no nos corresponde y en última instancia lo mejor que podemos hacer es canalizarlos con quienes compete.
“Pero el intercambio de información con los trabajadores siempre están cargados de estas preocupaciones que nos hablan de la realidad no exhibida, de sus preocupaciones cotidianas que son en conjunto las preocupaciones y obstáculos de todo un país: bajos salarios, injusticias por parte de las gerencias, el costo de la vida que les impide tener a su familia con satisfactores básicos”, afirmó.
Investigación, el futuro
Sin duda, también parte de este interés por la investigación del mundo del trabajo proviene de la convicción del doctor respecto a que los trabajadores son el auténtico espejo del país, la medida para promediar nuestros problemas sociales y también la medida de nuestras soluciones. Por lo tanto, su esfuerzo se ha posado tanto en el tema mismo como en la instrumentación de redes que aseguren la continuidad de las investigaciones.
“Creo que hay un gran avance. En el tema particular del trabajo hay una cantidad importante de investigadores en el país que están haciendo grandes esfuerzos. Además de generar investigaciones se están creando posgrados. Tenemos uno en la UAM especializado en estudios laborales, con un alto nivel de acuerdo a la calificación del Conacyt.
“También realizamos una revista en
coordinación con Asociación Internacional del Trabajo, que está muy consolidada, donde sólo publican artículos relacionados con alguna investigación.
“Asimismo, se creó la Asociación de Mexicana de Estudios del Trabajo, que está funcionando regularmente y tiene congresos periódicos que nos permiten vincularnos con otros investigadores de América Latina”.