Usualmente estos eventos son muy costosos para un país en desarrollo, no sólo en vidas humanas, sino por su impacto en la economía

Las abuelas acostumbran a decirnos que las calamidades no vienen solas. Podrá ser coincidencia o sabiduría popular, pero lo cierto es que estamos viviendo uno de esos momentos y seguramente no lo olvidaremos por mucho tiempo. Hace tan sólo una semana nuestra preocupación se centraba fundamentalmente en la crisis económica, pero a partir de la noche del jueves hemos entrado a un túnel más oscuro y escabroso.

Independientemente del dolor que causan las pérdidas humanas y de la angustia, estrés y zozobra en la que se encuentra buena parte de la población, tema dominante en los pocos sitios de reunión colectiva que aún se mantienen, es necesario realizar algunas valoraciones preliminares sobre el costo económico potencial que este suceso necesariamente tendrá para nuestra ya golpeada economía. Desde el sábado pasado inicié esta discusión en mi blog Tintero Económico Diario con algunas reflexiones, y desde el lunes he visto más reflexiones en la prensa escrita, lo que refleja la creciente preocupación por este aspecto del problema. Es importante mencionar que este no es un ejercicio sencillo. Primero, porque el evento está en proceso y no sabemos aún las dimensiones que adquirirá. Segundo, porque muchas de las variables relevantes no son medibles de manera exacta y, tercero, porque hay que imputar valores a varios de ellas.

¿Cuáles son los componentes a considerar? El primero y más obvio resulta de las pérdidas en vidas humanas derivadas de esta epidemia. El segundo gran componente incluye los gastos realizados para hacer frente a la enfermedad, hospitalarios y medicinas en su mayoría. Asociado a esto viene otro costo imputado que se refiere a las horas hombres no laboradas por los afectados. Un tercer gran componente incluye todos los costos derivados de acciones para evitar contagio. Por ejemplo, horas-hombre no laboradas por suspensión de actividades, o ausentismo debido a tener que atender a familiares enfermos. También incluye el impacto económico sobre aquellos sectores productivos de la rama porcina, debido a una caída en las compras de estos productos, en el mercado interno y desde luego a nuestras exportaciones. Finalmente se incluye el serio impacto a sectores como el de servicios y turismo, que suele ser grande en los análisis mencionados.

Existen diversos estudios sobre el tema, tanto valoraciones del impacto macroeconómico de eventos pasados como de posibles sucesos futuros. Tres que me han parecido serios y que son recientes es uno de la Oficina de Estudios sobre el Presupuesto del Congreso Norteamericano (CBO) elaborado en 2006, otro elaborado por el Banco Mundial en 2008 y uno tercero de la Comisión económica de la Unión Europea de 2006 (referencias en mi blog). Considerando información de eventos pasados, simulan y estiman posibles costos bajo tres posibles escenarios: uno ligero como el de la influenza en Hong Kong en 1968, uno moderado como la influenza en Asia en 1957 y el grave como el de la influenza española en 1918. Desde luego que estos ejercicios tienen amplios márgenes de variabilidad. Pero me interesa destacar dos puntos: a) el costo generalmente es mayor para economías en desarrollo que las desarrolladas, en gran parte porque las actividades afectadas son intensivas de mano de obra y los sectores (como el turismo) tienen un mayor peso en sus estructuras económicas; b) las estimaciones van de poco más de medio punto porcentual del PIB hasta casi nueve puntos, dependiendo de la gravedad del evento y tipo de economía. Por ejemplo, el CBO estimaba que un evento grave en Estados Unidos podría significar una reducción de 4.5 puntos porcentuales del PIB. El BM sugería que un evento leve para los países en desarrollo significaría un costo equivalente a 0.7% del PIB, mientras que el tercer estudio habla de 1.6% en el caso de pandemia.

Aún no conocemos la gravedad del evento en nuestro país, y con lo que ha sucedido hasta este momento, el costo en los primeros dos componentes no parece ser alto, pero seguramente el tercer componente sí tendrá un mayor peso. En estos últimos días se han producido alertas en distintos países europeos y asiáticos en relación a viajar a nuestro país. Esto seguramente provocará modificaciones no sólo en viajes en este momento, sino incluso en planes para el próximo verano. También hemos visto ya prohibiciones a la importación de carne y productos de cerdo de nuestro país por parte de muchos países. Finalmente, la economía de la capital en su sector servicios se ha visto seriamente afectada en estos últimos días.

Como señalo, es difícil saber en este momento la magnitud del problema, pero aun asumiendo la cota inferior de un evento leve en estas estimaciones, de 0.7% para países en desarrollo, esto significaría que al menos la mitad del impacto positivo esperado por el paquete contracíclico implementado por nuestro gobierno quedaría nulificado, aceptando su estimación optimista y que los resultados son efectivos. Un punto a nuestro favor es que dado que ya existía una importante contracción en el comercio exterior, la contribución en el margen de este evento podría ser menor que la señalada en estos estudios. Así las cosas, esta epidemia ha venido a complicarnos la vida en un año ya de por sí muy complicado.