Distintos actores políticos en el Congreso han venido señalando la necesidad de un debate sobre cuáles pueden ser posibles medidas emergentes para hacer frente a la crisis actual y qué márgenes existen para aplicarlas
Un debate en este sentido es provechoso, pero puede (y seguramente sucederá) politizarse rápidamente, por lo que es útil adelantar ideas para definir un marco útil para su desarrollo
Distintos actores políticos en el Congreso han venido señalando la necesidad de un debate sobre cuáles pueden ser posibles medidas emergentes para hacer frente a la crisis actual y qué márgenes existen para aplicarlas.
Aunque tendremos que ajustarnos a los tiempos políticos y esperar a que éste se realice sólo hasta finales de enero, creo pertinente adelantar algunas ideas que sirvan para generar un marco adecuado para dicha discusión, privilegiando aspectos técnicos. Por cierto, esta semana parece que se llevará a cabo una reunión entre el equipo económico de la actual administración y miembros del Congreso, para obtener mayor información sobre las acciones implementadas por el gobierno.
En todo caso, es importante insistir en que no debe olvidarse que, en caso de que se considere necesario algún tipo de acciones, los efectos esperados se obtendrán sólo después de cierto tiempo como consecuencia de los propios rezagos de ejecución e impacto de las políticas públicas. El entorno interno y externo sigue deteriorándose de manera acelerada. Todos sabemos que 2009 será un año complicado, pero 2010 puede ser peor.
Lo primero que debe hacerse es contar con un diagnóstico, lo más actualizado y objetivo posible, sobre la situación actual de nuestra economía y sus principales variables, y determinar cuáles son los mercados o sectores afectados y contar con una adecuada previsión (en la medida de lo posible) sobre estos aspectos para el futuro. “Objetivo” no significa ser alarmista, asunto que obviamente preocupa a las autoridades, sino que es necesario reconocer la profundidad y extensión de los daños y qué más vendrá.
Habrá que perder el miedo a la palabra con “R” (recesión). Si ésta es ya un hecho o es inevitable, pues hay que reconocerla y mejor preocuparnos en cómo mitigar sus efectos. Esto permitirá elaborar un inventario de problemas y jerarquizar la urgencia para su atención.
En segundo lugar es necesario realizar una evaluación de las acciones que ya se han tomado a lo largo de este año. Es importante tener claro cuáles han funcionado y cuáles no. Esto último es importante, ya que es mejor reconocer errores ahora, que eventualmente pueden corregirse, a tener que reconocerlos en el futuro, pero con un costo mucho mayor.
En tercer lugar, hay que ubicar el análisis y discusión en dos planos, que aunque obviamente vinculados, puede ser útil su separación analítica. Por un lado, cuáles son los problemas inmediatos y urgentes a atacar y resolver en el muy corto plazo y, por el otro, tener en mente los objetivos económicos de largo plazo.
En cuarto lugar, teniendo en mente el punto anterior, es necesario realizar un inventario de cuáles son las diversas acciones o políticas macroeconómicas a las que se puede recurrir. En este punto es crucial ser flexibles y suficientemente abiertos, dando cabida a todo tipo de posibilidades. Cada una debe estar técnicamente fundamentada y suficientemente analizada en cuanto a sus posibles impactos sobre los problemas “objetivos”.
En quinto lugar, habrá que realizar un análisis de factibilidad. Es decir, necesariamente tenemos que reconocer las limitaciones estructurales de nuestra economía, y en consecuencia, cuáles son los márgenes reales de maniobra que tiene el gobierno para implementar cada una de las posibles acciones, sin poner en riesgo objetivos de largo plazo. Por ejemplo, un aumento en gasto público sin un aumento en ingresos significa un aumento en déficit que debe ser financiado mediante deuda. ¿Cuáles son los efectos en el corto y largo plazo? Es claro que cada medida que se proponga tendrá un beneficio y un costo (en el corto y en el largo plazo), los cuales deben quedar claros. Y aunque ya sabemos que nuestros márgenes son muy acotados, lo que no se vale es cerrar ex ante la posibilidad a una discusión de alternativas y un análisis de viabilidad técnicamente fundamentado. Creo que en estas circunstancias lo menos útil serán las posiciones fundamentalistas, de uno u otro lado.
Finalmente, es necesario determinar los mecanismos que permitan garantizar que las acciones acordadas sean implementadas a la brevedad y que exista la suficiente información y transparencia para monitorear su desarrollo y resultados. Habrá que profundizar en cada uno de estos puntos, lo cual realizaré en próximas entregas y en la siguiente liga: http://wwwtinteroeconomico.blogspot.com.