Es crucial que la autoridad mantenga un cercano y sistemático seguimiento a la evolución de nuestro sistema financiero y tome las acciones necesarias a tiempo, a fin de evitar un grave problema.

Hace un par de semanas comenté sobre los efectos de la actual crisis en nuestro país. Al respecto, señalaba que se hacía referencia básicamente a los efectos sobre la economía real, los cuales ya se sentían desde principios de año y que conducirían a menor crecimiento y mayor desempleo.

Lo que no se sabía aún era la magnitud del impacto, en la medida que la crisis financiera está aún en proceso. Pero también insistí en los posibles riesgos en el ámbito financiero y que poco se mencionaba, por lo que era importante que las autoridades realizaran una valoración profunda lo más pronto posible para evitar que nos tomara por sorpresa y generaran situaciones de pánico. Estas últimas dos semanas estamos presenciando precisamente parte del impacto financiero y no sabemos cuál puede ser su magnitud.

Este proceso tiene varias aristas.

Va desde aquellos intermediarios que pudieran poseer activos malos que condujeron a esta debacle u otros instrumentos de alto riesgo o sujetos a mayor volatilidad. Pero aún no siendo este el caso, la fuerte caída en las bolsas tiene un impacto importante en los balances de intermediarios financieros y empresas, cuyos efectos aún son difíciles de cuantificar.

Uno de los mayores problemas que se está enfrentando en el sistema financiero mundial en esta fase de la crisis es la enorme dificultad de valuar los activos financieros. Esto fue obvio desde hace meses en el caso de aquellos respaldados por hipotecas, pero en la medida que la incertidumbre y volatilidad se han extendido, ha terminado por afectar otros activos. En gran medida esto se debe a que simplemente estos instrumentos no se están negociando y no se establece un valor de mercado confiable. Además, esto aumenta la desconfianza en el sistema pues un participante no sabe a ciencia cierta si la valuación del balance reportada por otro es la correcta, por lo que decide mejor retirarse del mercado. Esto es lo que provocaba que exista prácticamente una parálisis crediticia, lo que retroalimenta el problema y aumenta la posibilidad de insolvencia y bancarrota.

De aquí que las dos mayores preocupaciones en este momento para todos los gobiernos son la de prevenir un colapso en sus sistemas bancarios y la de buscar los mecanismos para promover el crédito en lo que se recuperan sus intermediarios. En este sentido se entienden las últimas acciones emprendidas por los gobiernos y bancos centrales.

México no es la excepción y las autoridades financieras enfrentan un reto mayúsculo. Es sabido que no todos los intermediarios o participantes en el sistema están sujetos a la misma regulación y supervisión. Por ejemplo, los bancos están monitoreados de manera más cercana a raíz de la crisis financiera del 95, y no se diga en el caso de las Afores. Pero la banca de inversión y la actividad en fondos de inversión son otra historia, de hecho a nivel mundial. Si bien son un segmento menor en el sistema mexicano, no estamos exentos de problemas de contagio o posibles pánicos. La dificultad de valuación de activos es generalizada.

En este sentido puede entenderse un reciente comunicado de algunos operadores de fondos de inversión acogiéndose a la regulación, en el sentido de descontar entre 1% y 4% el precio de ciertos instrumentos en algunos de sus fondos en caso de que el tenedor decida venderlos.

Por su parte, Banxico está tomando acciones para garantizar liquidez y evitar rupturas importantes en el proceso crediticio, como lo refleja su circular 49/2008, en la que anuncia facilidades de liquidez para la banca mediante créditos garantizados y operaciones de reporto.

Lo mismo sucede con la banca de desarrollo. Dada la enorme volatilidad en los mercados de valores, divisas y otros instrumentos y considerando el comportamiento de otras entidades no financieras, los problemas se extienden, como ha sido el caso de algunos corporativos, destacando Comerci. El problema es la interconexión entre estas entidades y las financieras, por lo que esto genera impactos indeseados, como sucedió con el Grupo Banorte.

Es posible que exista mucho “movimiento” detrás del escenario que no conocemos, pero si las condiciones en los mercados siguen deteriorándose, pronto las sabremos, a menos que se tomen acciones preventivas por parte de la autoridad.

¿Estaremos a tiempo?

QUEJA AL VACÍO: es impresionante que Telmex no pueda solucionar un problema técnico en su sistema que afecta una línea telefónica (seguramente otras) en más de una semana.

¿Estas son nuestras empresas de clase mundial? No extraña que nuestra competitividad esté en picada.