La constante ha sido el continuo ajuste de proyecciones conforme se van conociendo nuevos datos de la evolución económica mundial y nacional, en gran medida reflejando un acelerado deterioro en variables claves que sugieren una recesión relativamente más profunda a la esperada hace algunos meses, incluso semanas.

Como lo he mencionado en columnas anteriores, el espectro de estas proyecciones sí es previsible. En el lado optimista tendremos por lo general a la SHCP. Ésta dio a conocer hace algunos días un documento sobre las condiciones actuales de la economía mexicana y sus previsiones para el cierre de 2009 y para 2010, como una obligación derivada de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. En él establece su previsión actualizada sobre el comportamiento del PIB para este año, el cual ubica ahora en -2.8%. En un punto intermedio se colocaría el Banco de México, aunque éste se ha cuidado de no actualizar públicamente sus cifras. En su Programa Monetario para 2009 hablaba de una caída de entre 0.8% y 1.8%, pero eso fue en enero (cuando la SHCP aún consideraba el cero por ciento).

En una presentación a diputados del PAN, el 31 de marzo, el gobernador hacía referencia a un dato similar al presentado por Hacienda, aunque la fuente era Consensus Forecasts. Y en el otro extremo tenemos a los analistas del sector privado, cuyo dato promedio más reciente proviene de la Encuesta de Expectativas de Marzo que publica el Banco de México, y que señala una cifra de -3.32%. Claro que algunos de ellos en lo individual hablan de -4% o más.

Como menciono, realizar proyecciones con relativa precisión se ha vuelto muy complicado en las condiciones actuales, pero con la información más reciente, es probable que la cifra esté alrededor de -3.5%. Nuestra referencia más inmediata es el comportamiento de la economía de Estados Unidos, debido a la creciente sincronización de los ciclos económicos. Las previsiones más recientes para el PIB de este país van de -1.2% de la administración hasta -3% sugerido por el CBO (dependencia del Congreso), y desde luego cifras más pesimistas también entre sus analistas privados. Pero un dato importante reciente es el de su producción industrial, ya que esta variable es la que ha mostrado mayor vinculación con la nuestra en los últimos años. La última cifra, para el mes de marzo, muestra una caída importante, de -1.5% lo que sugiere una contracción de 20% durante el primer trimestre a una tasa anualizada. Nosotros no conocemos aún la cifra para México, pero este dato sugiere que será de preocupar.

Como mencionaba en mi columna anterior, mientras no se resuelva el problema del sistema financiero, no podemos hablar de que el desajuste en los mercados financieros ha tocado fondo, como lo han sugerido algunos en virtud del comportamiento de las bolsas en las últimas semanas. De hecho, el inicio de ésta semana nos corroboró esto. Sin embargo, sí existen indicadores que sugieren que se estaría cerca del fondo. Esto se esta reflejando ya en algunas expectativas “positivas” (o menos negativas) sobre el comportamiento esperado de la economía estadounidense, por lo que en encuestas más recientes, como la del WSJ, se observa una estabilización en estas previsiones futuras, lo cual es una “buena noticia” el no ver ya caídas aceleradas. Incluso, esto estaría sugiriendo que la probabilidad del una recesión en “L” se reduciría dando paso a una en “U”, aunque probablemente aún profunda.

Desde luego, para México es buena noticia el que la economía estadounidense recupere su dinamismo. El problema es que aún asumiendo una recesión en “U”, la recuperación será aparentemente muy lenta, antes de que el producto de nuestro vecino cierre su brecha alcanzando su nivel potencial (que se espera sea alrededor de 2014-15). Es por eso que, aunque nuestra actividad no se deteriore mucho más de lo esperado ya en este momento, también nuestra recuperación será lenta. Y no podemos esperar milagros del mercado interno. De hecho, el impacto de las acciones emergentes o política contra cíclica adoptadas por nuestro gobierno seguramente será más limitado de lo esperado por la misma autoridad.

Este es un tema que requiere de un análisis por separado en otra columna, pero basta darle seguimiento a la inversión en construcción para inferir que el gasto en infraestructura no ha impactado aún como se hubiera esperado, considerando que el primer programa se anunció hace un año y el FONADIN se estableció en ese momento. Aunque hay que reconocer que esto no es un a sorpresa pues desde un principio se sabía que este tipo de gasto tiene otra inercia que limita su capacidad contra cíclica inmediata. Así las cosas, las noticias sobre la economía real seguirán siendo malas en las próximas semanas.

Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM.

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