Un día le pregunté a Esther Quintana, por aquel entonces presidenta del Comité Directivo Estatal del PAN:

“Si un día la democracia interna de su partido la pusiera en la obligación de apoyar a un bandido, a un tipo irresponsable que sabe le hará mucho daño a la ciudad o al país… ¿De todos modos le apoyarías?”

Doña Esther se quedó pensando…

“Buena pregunta”, me dijo, “Espero nunca verme en esa situación”.

En realidad doña Esther se vio muchas veces en esa situación, igual que se han visto dirigentes y militantes del PRI.

La lealtad a un partido no debiera superar a la lealtad que se le tiene a un Estado o a un País.

Sin embargo, a estas alturas la única lealtad a la que responden muchos, es a la del hambre.

Y luego dicen que es lealtad partidista.

Pero existen muchos panistas y muchos priístas bien na-cidos, que hoy mismo deben preguntarse si sus alcaldes y su Gobernador son lo que ellos desearían para los ciudadanos.

El PAN nos ha dado gobiernos malos, pésimos… municipios descapitalizados a fuerza del saqueo.

El PRI ha dado eso y mucho más; nos ha dado la sensación de que ya no valemos como ciudadanos y que ellos pueden definir quién va a ganar, más allá del voto.

Roberto Madrazo, en sus muchos ratos de lucidez hacía el llamado de atención para señalar que el sistema de partidos políticos estaba a punto de tronar.

Nada más desacreditado ante el ciudadano, que un partido político.

Ni el PRI, ni el PAN, ni el PRD… y desde luego, ninguno de los otros que viven de medrar los recursos de todos los mexicanos, despiertan la mínima confianza ciudadana.

Al PAN y al PRI se acercan los que quieren una chambita en un municipio o en el Gobierno; los que aspiran a un contratito… los que aguardan a que les tiren un hueso.

Y la gente pierde su dignidad porque acepta todo a cambio de una chamba.

El partido se llena de gente sin dignidad, sin más anhelo que la sobrevivencia indigna o el enriquecimiento corrupto.

Pero insisto, existen panistas y priístas bien nacidos…

Algunos, debo reconocer, están ahora o estarán en los equipos de Armando Castro, Jesús Ríos o Luis Horacio de Hoyos, claro, en caso de que ganen el proceso electoral.

No sé qué tanto puedan hacer ellos, creo que bien poco.

Creo que se acerca el tiempo en que los buenos panistas y los buenos priístas levanten la voz y provoquen que retumbe en su centro la tierra política.

Esto ya no da para más…

Los partidos políticos siguen con apoyos a candidatos que de antemano saben los dirigentes, serán malos y corruptos.

Pero no hay de otra, la lealtad al partido, la necesidad obligan.

Algún día los panistas y priístas buenos: la gente bien nacida de la Izquierda, van a levantar su voz.

No hay de otra, o nos acostumbramos al cieno.


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