Cuando mi esposa y yo decidimos casarnos, lo más difícil no fue la pedida, como algunos amigos me habían anticipado (de hecho, mi suegro hasta me invitó unas cervezas bien frías después que me vio “pasando aceite”), el verdadero conflicto sobrevino cuando empezamos a planear el número de invitados, a decidir sobre las invitaciones, los platillos, la iglesia, el salón, el color de las servilletas, la clase de vino que serviríamos, es decir: cuando ya las decisiones no eran cosa sólo de dos e involucraban a la familia; porque cuando se trata de opinar sobre la vida de otras personas, todo mundo se siente bien valiente y abre la quijada. Y por regla general, quien toma la decisión se pasa unos cuantos días rebotando de una resolución a otra, hasta que se detiene, respira hondo, piensa por su cuenta y se arriesga por una sola apuesta.
Algo similar debe atravesar Omar Bravo, en estos momentos en que unos familiares (y varios miembros de la prensa) le dicen que se devuelva de España, que el Deportivo La Coruña casi no lo mete (más que de suplente en la Copa UEFA) y que acá en Tigres o Cruz Azul sería titular indiscutible, el tiempo suficiente como para retomar su “ritmo de Selección”. Cuando al mismo tiempo en su otra oreja escucha las voces de aliento que le suplican mantenga el sueño de vivir un contrato en Europa hasta las últimas consecuencias, que intente levantarse de la mala racha y meta goles como si fuera confeti, hasta ganarse un puesto con los gallegos o en otra escuadra que se interese por sus servicios; que mire el ejemplo de Pável Pardo, que se regresó a suelo “azteca” hasta que brilló en la Bundesliga, cuando era poco menos que indispensable en el Stuttgart; que no se sume a la engrosada lista de futbolistas “mexas” que prefieren el calor del hogar, cerca de las tortillas de harina de su mami y el sueldo “jugoso” de nuestro país (cualquier cosa que eso signifique en épocas de crisis).
En fin, si he de introducir mis amplias narices en el asunto, le recomendaría a Bravo lo que ya dije al principio, que deje de escuchar, que piense desde lo más íntimo de su corazoncito de culichi “qué disfrutaría más” y que se enfoque en ello; en definitiva creo que la anciana frase de “haz aquello por lo que te pagan con el gusto de las cosas que haces gratis” está llena de razón: no hay nada que hagamos mejor que aquello que nos ilusiona. Porque si se decide por el camino que tenga qué ver con más dinero, se va a equivocar, la plata es lo último que debiéramos considerar en una decisión. Pero allá Bravo y su conciencia; total, a mí nunca me ha convencido con su juego, ni con los 101 goles que ha embocado a lo largo de su carrera, inclusive con las 3 Copas Libertadores que ha disputado y con el Mundial en que participó.
¡Qué Humildazo!
El portero de los Diablos Rojos del Toluca, Hernán Cristante, cumplirá el próximo fin de semana con la marca de 400 juegos en Primera División, con una sola playera y lo único que declaró fue: “No voy a festejarlo, pero sí voy a jugarlo, voy a tratar de hacerlo de la mejor manera ante Chivas”. ¡Me quito el sombrero!