Nadadores Coah.- “El miedo se queda ese no se va, de las dos tragedias recuerdo los gritos y gente corriendo sin rumbo; la explosión dejó muertos, heridos, terror; la venida reforzó el pánico, la mente ya le teme a todo y el sueño no se concilia tan fácilmente”, comenzó su relato doña Zulema Ontiveros Lozano, vecina del Ejido Celemania que desde el patio de su casa y sentada en una vieja mecedora fija su mirada en la nada mientras su mente retrocede en el tiempo.
“Fueron experiencias que a nadie se le desea, las secuelas de las heridas y el terror sicológico siguen presentes como si hubiera sido hoy; mi tío, mi esposo, mi hijo, yo; todos quedamos sordos de un oído; mi hermano se quemó gran parte del cuerpo, ya casi cicatrizó, pero el miedo sigue”, continúa.
“Yo vivo a una cuadra de donde fue la explosión, pasaba mucha gente y mi esposo, el niño y yo salimos a la calle; íbamos a cerrar la casa para ir a la carretera pero no alcanzamos porque explotó el camión y nos tumbó, no escurría nada de los oídos, pero como que traíamos un aire”, recuerda.
El temor de un suceso similar no la deja conciliar el sueño “de repente dormida escucho ambulancias, oigo los gritos de la gente y veo pedazos de fierro con lumbre que caen del cielo; porque en la explosión perdí el conocimiento unos minutos y cuando desperté tirada boca abajo me levanté y era lo que veía, como las luces de los cohetes de las ferias, pero lo que se desparramaba era pura lumbre con fierros”, refirió doña Zulema.