Desde Rembrandt a Lucien Freud, de Caravaggio a Bacon, la figura humana ha sido una manantial inagotable de percepciones e interpretaciones.
A partir del cuerpo como sujeto pictórico, nuestro país ha tenido diversos y maravillosos intérpretes. Desde el discurso monolítico de Diego Rivera, la fragmentación neo figurativa de José Luis Cuevas –plagiario de sí mismo- hasta la ambigüedad inquietante del maestro Arturo Rivera.
Quizá son dos pintores quienes han llevado al límite la manifestación del cuerpo en la pintura mexicana: Rafael Cauduro y Daniel Lezama. Cauduro, de la mano de un oscuro erotismo y de un dibujo insuperable, ha planteado el cuerpo como un espejo de la demolición del paisaje: fantasmas de mujeres recostados en bañeras y en esquinas. Paredes descascaradas que repiten el proceso de decadencia de los amantes. Mitos llevados a través de vecindades y estaciones. Lágrimas de óxido en los vagones viejos que trazan la ruta de un rímel corrido, una herida en la piel.
Mirada y blasfemia
Lezama ha utilizado un trazo grueso y furioso para reinventar el reverso oscuro de la patria. Los mitos y la solemne iconografía de la historia oficial son sacudidos y reinterpretados desde violentas alegorías. En el universo de Lezama no hay contención, no hay pausa. La faz de mármol de los héroes está salpicada de sangre. En la obra de Cauduro el tiempo, fabricante de fantasmas, aniquila lentamente. En cambio, en el cosmos delirante de Lezama el tiempo es un leñador sin piedad que trunca todo con su hacha mellada.
Cuatro visiones
Todo esto a propósito de la exposición que actualmente alberga el Centro Cultural Casa Purcell, donde Ignacio Valdez se estrena como coordinador de artes visuales del IMC, y donde es posible asomarse a la forma en que los pintores locales abordan el cuerpo. Élfego Alor, Américo Pugliese, Carlos Vielma y Otilio Peña, quien desde hace décadas ha decantado su oficio, convirtiéndose en destacado paisajista.
Es interesante contrastar el abordaje y la diversidad de herramientas con que cada autor se acerca al cuerpo, origen y nudo del misterio.
Exploración y mito
Ingeniero y pintor, Élfego Alor, quizá junto Héctor Marines el más sólido dibujante de la región, reinterpreta las mitologías para hacer derroche de una técnica puesta al servicio de una intención narrativa y alegórica, con obras de primerísimo nivel como resultado. Pugliese toma la figura humana como punto de partida para exploraciones en torno a la forma y al color que van a la búsqueda de un ritmo y un lenguaje propio.
Carlos Vielma, arquitecto de profesión, recurre a la curiosidad inagotable del cronista urbano, el que mira los contrastes y los colores. Los detalles, las perspectivas y los planos generales. El que guarda para narrar luego lo que ha visto mediante un atinado sentido del color y del dibujo. Cuatro miradas. Vale la pena ver la visión de cuatro excelentes artistas saltillenses.
Bardo de las bardas
“No es necesario creer en lo que dice un artista, sino en lo que hace”.
David Hockney