Según el “Efecto Mozart”, estudio realizado en la Universidad de California, Estados Unidos, ciertos estudiantes que habían escuchado la Sonata para dos pianos en Re Mayor de Mozart durante 10 minutos resolvieron mejor unas pruebas de razonamiento espacial que los estudiantes que habían escuchado otro tipo de música o que no habían escuchado nada en absoluto.
El estudio original de Nature no sólo no se había hecho con niños, sino que había encontrado un aumento temporal y muy modesto del Coeficiente de Inteligencia de unos estudiantes universitarios. En todo el mundo la noticia fue interpretada velozmente como: “Mozart puede aumentar la inteligencia de su hijo”.
Aparecieron CD con títulos como “Barroco para su bebé” o “Mozart para papás y mamás”, mientras los propios autores del estudio no daban crédito a sus ojos. En 1998, en el Estado de Georgia, Estados Unidos, se empezaron a entregar CD de Mozart a todos los padres con niños pequeños. Más tarde se siguió el mismo ejemplo en otros lugares. Se organizaron conciertos para bebés y se dispararon las ventas de Mozart.
En diciembre de 2004, el “British Journal of Social Psychology” publica una revisión de los hallazgos y la evolución del llamado “Efecto Mozart”. Y es que cinco años antes se tuvieron sospechas sobre el famoso estudio. Una revisión de 16 trabajos realizados posteriormente a su publicación –con un total de 714 voluntarios– reveló que ninguno de ellos había logrado reproducir los resultados.
El autor de esta revisión, Christopher F. Chabris, del Massachusetts General Hospital y Harvard Medical School, dijo que el aumento de la habilidad para realizar esas tareas era “estadísticamente insignificante” y que no debería verse como “un fármaco intelectual milagroso”.
Muchas publicaciones se hicieron eco. La CNN tituló: “Mozart es agradable, pero no aumenta el Coeficiente de Inteligencia”. Uno de los autores del estudio original, Frances Rauches, estaba de acuerdo con sus críticos. Declaró que ellos nunca habían dicho que Mozart sirviera para aumentar la inteligencia de los niños. “Estoy horrorizada y muy sorprendida por todo lo que ha pasado. Es un salto gigante pensar que si una música tiene efectos a corto plazo en estudiantes universitarios, va a hacer que los niños sean más listos. Cuando publicamos los resultados, pensamos que nadie iba a hacer caso. Todo el asunto se ha ido completamente de las manos”.
Así y todo, el fenómeno siguió creciendo, y lo sigue hoy en día. Hay centros por todo el mundo donde se imparten tratamientos a base de Mozart. Michael Linton, director de la División de Teoría de la Música y Composición en la Middle Tenessee State University, escribió:
“Pobre Mozart, ¿dónde está él en todo esto? Perdido. La música más genial de Mozart no es para ser más inteligente o adquirir poder. Es para convertirse en un ser humano y para vivir, como firma sus partituras, in nomine Domine. Eso es para lo que el Efecto Mozart tiene que servir. “
¿Demasiado bueno para ser verdad? Probablemente. Hay que recordar que, por lo general, lo que hace que los “remedios milagrosos” funcionen es... la fe.