Para Refugio Picazo
Elecciones. Lecciones. Son tiempos electorales, dirán los especialistas. Que suspendan los eventos. Que diluyan los dineros. Miren todos bien la cara de los candidatos. Qué guapos. Qué honorables se ven. Las blanquísimas sonrisas que nos masticarán mañana. Todo ahora queda en segundo término. Admiren a los proto hombres: de ellos vendrá la seguridad, la salud, el trabajo, es decir el futuro. Miren bien la propaganda de hoy; la basura del mañana.

Un escudo humano
Nada mejor para sustraerse de la avalancha de vacuas promesas que una muralla de papel, un refugio de silencio, una torre de palabras. Demasiada vulgaridad lastima. Tanto cinismo esteriliza. Hay que construir otro mundo, un reino propio, a salvo del descontento, la frustración y la rapiña. Tal como lo escribió un tal López: aremos otra tierra.
Un jardín cerrado con manzanas en la mesa y las risas de los hijos. Cortinas como lámparas del sol. Una casa con olor a café y los rostros que uno ama. Dejar la neurosis afuera. Y empezar a hablar o empezar a callarse.

Tres gritos tres
Curiosa paradoja, intento enajenarme del ruido mediático. Descontaminarme del trajinar de las hienas. Escojo al azar tres libros. Tres lecturas. Tres elecciones. Tres
lecciones.

“A.B.U.R.T.O.”, del joven narrador tijuanense Heriberto Yépez. El brillante ensayista, quien recientemente desatara una controversia con la revista Tierra Adentro, al negarse ésta a publicar una carta abierta donde cuestionaba al entonces celebrado novelista Carlos Fuentes, se sirve de la esquiva figura del asesino solitario para radiografiar una sociedad enferma; ciudades-maquiladoras que no son otra cosa que enormes fábricas de inadaptados, seres violentos y sin futuro, obreros ensamblando rabia en interminables cadenas mientras fantasean con incendiar el mundo. La familia como primer laboratorio de la violencia y la esterilización. Las mil y una acepciones del mexicanísimo verbo chingar… ¿Les suena familiar?

“Temporada de Zopilotes”, del ubicuo y fertilísimo narrador Paco Ignacio Taibo II, quien en su faceta de historiador se aleja de su habitual santoral laico (el Che, Francisco Villa, Juárez, los revolucionarios cubanos o españoles) para develarnos una hombría y una entereza política impensables en el pragmatismo político actual: la estatura y la bondad insensata de Francisco I. Madero. El narrador policiaco recrea casi minuto a minuto los últimos meses de aquel 1913, un temprano espejo del Chile de 1973. Curiosa paradoja; dos protagonistas y asesinos, padres también de dos gigantes de la cultura mexicana: Bernardo Reyes, progenitor de Alfonso Reyes y calificado en algún olvidable texto de Borges como “un valiente”. Manuel Mondragón, padre del fusil Mondragón y de la bellísima Carmen Mondragón, bautizada por su amante, el Dr. Atl, como Nahui Ollin.

“El hombre que fue jueves”, de Gilbert Keith Chesterton. El enciclopédico y delirante padre putativo del mejor Borges nos recuerda en este libro inolvidable, la vida misma que florece contra todo: la suprema conspiración.

Bardo de las bardas
“El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.”

Ambrose Bierce

*Alejandro Pérez Cervantes

Es escritor y artista plástico.
Licenciado en Diseño Gráfico por la Universidad Autónoma de Coahuila, desde 1993 ha sido colaborador de diversos medios regionales en el área del periodismo cultural, como El Norte, Zócalo y Vanguardia, donde obtuvo en dos ocasiones el Premio Estatal de Periodismo, además de medios nacionales como Tierra Adentro, “La Revista” de El Universal, “Día Siete”, “Replicante”, “Casa del Tiempo” de la UAM y “Punto de Partida”, de la UNAM.

Diversas antologías de cuento han recogido su obra narrativa en los últimos años. Diseñador free lance, actualmente se desempeña como catedrático de tiempo completo en la Escuela de Artes Plásticas Rubén Herrera de la UAdeC.