Este domingo, por primera vez en mi historia deportiva, jugué frontón con la bola más rápida, una pelotita del tamaño de una guayaba que bota como si fuera pariente del ratón “Speedy González”. Tuve la fortuna de que esos partidos fueran contra mi padre y mis hermanos.
Debo aclarar que ellos son buenísimos con una raqueta en la mano cuando juegan tenis, pero en el frontón batallan para acostumbrarse; eso permitió que luciera mis pocas habilidades y les ganara las cocas. ¡En pleno Día del Padre le “falté al respeto” a mi maestro y “jefe”!
Esa mañana (nos levantamos a las 7 y ya habíamos incluso desayunado para las 11) tuve sensaciones encontradas. Por un lado le “receté” unas buenas palizas a mis antiguos “ejecutores” (lo cual me dejó muy feliz), pero al mismo tiempo me sentía culpable, como si hubiera roto el jarrón predilecto de la abuela.
Según deduzco de algunas declaraciones de los futbolistas norteamericanos que participan en la Copa Confederaciones, algo parecido sintieron cuando eliminaron a Italia de la competencia (con la ayudita de Brasil, que goleó a los europeos 3-0). Los “gringos” no estaban acostumbrados a semejantes escenarios, pero si se centran demasiado en esas ideas acabarán perdiendo contra España en las semifinales del torneo, los ibéricos son el tipo de equipo con que debes enfrentar lleno de seguridad (sobrado es todavía mejor) porque si no, te vas a casa con un fenomenal marcador en contra. España ahorita es el “Dream Team” del futbol y llegan a todos los estadios con la convición de humillar a sus rivales con un jugadas colmadas de toques rápidos y de tiros al arco desde todas las distancias.
Este domingo aprendí, con mi partido familiar, que si quieres ganarle a los contrincantes que nunca has podido dominar debes dar el primer paso: no dudar de lo que vas a hacer y, en lugar de enfocarte en cada jugada que no te salga, repetir mentalmente las jugadas que sí te salieron. Al menos funcionó para mí. Y creo que esa táctica le puede servir a los estadounideneses mañana. Y sobre todo a México en su próximo agarrón de la eliminatoria mundialista. O quizá a ustedes, en el siguiente partido de una liga amateur.
¿Un Potro bravo?
Según me enteré ayer en la noche, “La Máquina” se podría quedar con las ganas de contratar a Omar Bravo porque los Potros de Hierro del Atlante tuvieron una junta “más productiva” con el representante del Deportivo La Coruña que negocia la carta del delantero mexicano.
Lo que podría inclinar la balanza a favor del equipo quintarroense es que a “Omarcito” no le desagradría la idea de ir al Mundial de Clubes y dar los juegazos que no ha podido enseñar hasta el momento para abrirse otra vez la chance a contratos millonarios en Europa.