Genaro García Luna galvaniza furias y frustraciones. Ningún secretario de Estado en la memoria ha sido sometido a un ataque tan vitriólico, frontal y masivo como él. Lo acusan de delitos y malas actitudes. Lo señalan como el enemigo de militares y marinos, adversario de procuradores y secretarios de Estado. En los medios han sugerido que protege narcotraficantes, le han dicho corrupto y represor. Inclusive, lo han descalificado porque habla tan rápido y tan entrecortado, que no se le entiende. Hasta ahora esto último es lo único donde han pegado directamente en el blanco. Hasta su jefe el presidente Felipe Calderón y él mismo, están de acuerdo.
Por lo demás, el secretario de Seguridad Pública Federal no sólo ha sobrevivido en el cargo pese a toda la metralla sistemática desde que arrancó el sexenio, sino que siempre parece salir más fortalecido de los embates. García Luna se encuentra en el vórtice de la contradicción. Varios personajes influyentes de la opinión política lo denuestan sistemáticamente, al tiempo que es uno de los funcionarios más cercanos al Presidente y más reconocidos en el mundo. Cuando realizó una visita secreta a México el director de la CIA, Leo Panetta, pidió ir a verlo a su oficina para que le mostrara Plataforma México. Cuando llegó el gabinete de seguridad de Estados Unidos a este país todos pidieron cita con él.
El general Óscar Naranjo, tan reconocido en México por su labor contra el narcotráfico en Colombia, fue entrenado por el mismo García Luna, a quien siempre le expresa respeto.
García Luna es la más grande contradicción de la política mexicana. Tantas veces se le ha tratado de acabar en México, como más se le aprecia en el extranjero.
Es un choque de visiones y puntos de vista de lo cual él es una síntesis.
Cuando se dio la alerta de bomba porque un boliviano secuestró un avión con destino a la Ciudad de México y mostró lo que parecía un explosivo, García Luna se desplazó al aeropuerto para dirigir las operaciones desde la torre de control. Al final resultó que no había tal bomba y que el terrorista era sólo un enfermo, pero García Luna fue crucificado en la prensa y las redes sociales.
Pero en contraparte, García Luna recibió cartas de todo el mundo donde elogiaron la rapidez del operativo ante una situación incierta y subrayaron que su acción mantuvo a México dentro de los estándares de confianza en seguridad aérea.
Por todo lo que ha aguantado, García Luna no parece hecho de hierro, sino de titanio. No se ha doblado ante la metralla pública sistemática en México, que no ha dejado de responder sin escándalo. Cuando se asentó la idea de que una nueva casa que estaba construyendo tenía un costo de 20 millones de pesos, que no podía justificar de acuerdo con sus declaraciones patrimoniales, el secretario le demostró a los directivos que el valor de la casa estaba lejos de lo publicado.
Pero no hay forma. García Luna tiene perdida la batalla de la opinión pública.
Los matices no existen con él. Por ejemplo, cuando aparecieron mantas en varias partes del país de cárteles de la droga acusándolo de proteger a otros cárteles, la discusión pública fue cómo no lo llamaban a cuentas, tomando como cierto lo que decían los narcotraficantes. Habían aparecido mantas en 12 estados, pero no de un solo cártel, sino elaboradas por bandas que, entre ellas mismas, se habían declarado la guerra. Hay tantas amenazas de muerte sobre él y su familia, que el Gobierno de Estados Unidos ofreció llevarse a su esposa e hijos a esa nación.
García Luna no aceptó, pero cuando se dieron incidentes con periodistas que siguieron a su esposa para realizar un trabajo periodístico y fueron sido arrestados, lo apalearon con críticas.
No importa lo que haga porque quizá su problema tiene que ver con que es el primer escudo del presidente Calderón.
García Luna no era su amigo. De hecho, llegó al cargo de secretario porque su antiguo mentor en el Cisen, Jorge Tello, declinó el ofrecimiento en la víspera del anuncio del gabinete. García Luna quería ser el jefe de una nueva Policía Nacional, para lo que se había preparado, estudiado e, incluso, escrito un libro en 2006.
Nadie como él en el gabinete. Por eso sobrevivió la intensa campaña negra que le hicieron desde la PGR durante la primera parte del sexenio, que contribuyó a construir la percepción de estar al servicio del narcotráfico. Por eso el Presidente le sigue entregando recursos para transformación tecnológica y fortalecimiento de la Policía Federal. Por eso luce tan poderoso ante los ojos de muchos, que no terminan de comprender el porqué.