La luna se está peinando, en los espejos del río…
Canta la niña.
Canta sentada en la batea del lavadero… mientras su madre se afana por esparcir el jabón de pastilla en la rizada cabellera.
Mientras el botecito de jabón en polvo se agota a diario en el doble trabajo… a veces piel, a veces trapo.
Y un toro la está mirando, entre la jara escondío…
Canta la niña.
Canta y sueña que al terminar el baño, la cabellera se volverá como el trigo y la piel blanca… los ojos azules, como los de las muñecas…
Como el de las niñas de los cartelones… como la Barbi´s… para que también a ella le digan hermosa.
Cuando llega la alegre mañana y la luna se escapa del río…
Canta la niña…
Canta y el ambiente huele a humo, el que brota de la estufa de petróleo en donde hierven los frijoles negros y el fideo.
La cucharas a un lado y el pocillo con café… el peltre y el plástico que reposan tras el trajín de la mañana.
Es media tarde… es media tarde y no falta mucho antes de que aparezca el padre, moreno, alto y garrudo… con un costal de naranjas a la espalda y botas mineras.
Los encontrará como siempre, limpios y relucientes… negritos y sonrientes.
El torito se mete en el agua, embistiendo, al ver que se ha ido…
Canta la niña.
Canta la canción del torito… el torito mota de los juegos infantiles, del perro toreado y de las corredizas por la calle empedrada.
Se dejó venir el otoño y el techo de lámina negra se vistió de ocre… el techo poblado de hojas secas.
Cualquier día de éstos habrá que subir para barrerlas y evitar un incendio.
Se dejó venir el otoño… esta noche dormirá con la franela y la cobija de borreguitos…
Escuchará el canto nocturno de la abuela… ese canto sin palabras, ese canto que más bien parece un gemido ahogado… un viejo gemido que le canta a la luna… quizás al mar.
Ese toro enamorao de la luna, que abandona por la noche la manáa…
Canta la niña…
Y el niño que mira… que mira y aguarda su turno.
Que luego dirige la vista hacia el árbol de mango, lleno de flor… flor de otoño… vana promesa… fruto que no va a llegar.
Así es cada año.
¿Para qué florea el mango en otoño?...
¿Para qué?... Si de todos modos el agua va a pudrirlo… si apenas alcanzará el tordo a picarlo antes de que caiga en tierra.
Que pintao de amapola y de aceituna y le puso Campanero el mayoral…
Canta la niña…
Y cuando sale de la batea envuelta en su toalla, chorreando agua y con los rizos en la frente, deja que la vida le transcurra por la piel.
Que llegue la merienda de café con leche y pan… que llegue la noche de ver al padre que hace cuentas en silencio con la madre que respira hondo cuando recibe el magro jornal.
Canta la niña…
Esa luna coquetea… con el toro.
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