Nocturno y trasgresor, Juan Carlos Onetti (1909-1994) hubiese cumplido por estas fechas cien años de escepticismo, desencanto y literatura. Considerado el primer novelista moderno de nuestra lengua por muchos, y ensombrecido por la fama de los hijos del boom, que lo idolatraron, su aniversario es un buen pretexto para revalorar su legado literario a través de estos siete momentos:

1. No había cumplido los treinta años cuando escribió su primera novela “El Pozo”, pero extravió los originales y tuvo que escribirla nuevamente. Se publicó en 1939 y casi todo su tiraje de 500 ejemplares impresos en papel estraza y con un falso Picasso en la portada, quedó olvidado en las bodegas y los estantes durante más de dos décadas.

2. Aunque pocos se han atrevido a identificar a Onetti con el “realismo mágico”, hay que advertir que en “La Vida Breve” y otras novelas, sus personajes “realistas”, cuando se sienten perseguidos, se refugian en Santa María, su ciudad
imaginaria.

3. Aun cuando entre los personajes principales de Onetti haya un proxeneta (Larsen), llamado “Juntacadáveres” por contratar a prostitutas envejecidas para un burdel que escandaliza a la buena sociedad sanmariana, como escritor fue uno de los más pudorosos. Jamás se encontrará una palabra cruda en sus cuentos, novelas y ensayos.

4. Una vez le preguntaron por qué sólo salvaba a los adolescentes en sus libros. “Porque al ser humano lo destruyen la política y el matrimonio”, contestó él, quien se casó cuatro veces.

5. Antes de su exilio en España, a mediados de los setenta, Onetti fue a la cárcel en su país por haber participado como jurado en un concurso de la revista “Marcha” y haber premiado un cuento de su compatriota Nelson Marra, donde el personaje principal era un torturador.

6. Cuando le concedieron el Premio Cervantes en 1980, un periodista español le preguntó qué significaba el premio para él: “Ciento diecisiete mil dólares”, contestó.

7. Por decisión voluntaria, Onetti se pasó los últimos cinco años de su vida en cama, vuelto hacia la pared, ignorando la luz de la calle y las plantas que dispuso su esposa en el balcón de su casa. Delante de él, en la pared, hubo siempre un retrato de Joseph Conrad.

Bardo de las bardas

“Tal vez nos convirtamos en sirvientes de la Cibernética. Pero sentimos que siempre sobrevivirá en algún lugar de la tierra un hombre distraído que dedique más horas al ensueño que al sueño o al trabajo y que no tenga otro remedio para no perecer como ser humano que el de inventar y contar
historias.

También estamos seguros de que ese hipotético y futuro antisocial encontrará un público afectado por el mismo veneno que se reúna para rodearlo y escucharlo mentir.

Y será imprescindible que ese supuesto sobreviviente preferirá hablar con la mayor claridad que le sea posible de la absurda aventura que significa el paso de la gente sobre la tierra. Y que evitará, también dentro de lo posible, mortificar a sus oyentes con literatosis”. Juan Carlos Onetti.