Todos coinciden en que ambos son problemas que deben atenderse urgentemente, pero al priorizar el crecimiento, encuentran contraproducente una reforma fiscal simultánea
Ésta es LA PREGUNTA, pero casi nadie parece darle respuesta afirmativa. Prácticamente todos coinciden en que ambos son problemas que deben atenderse urgentemente, pero al priorizar el crecimiento, encuentran contraproducente una reforma fiscal simultánea. Desde mi perspectiva, creo que el principal problema se encuentra en ubicar en un esquema temporal acotado el cumplimiento de ambos objetivos.
Nuestra actividad económica está pasando por una de las peores contracciones en su historia. El costo más visible es la pérdida de empleos e ingresos, aunque existen otros. Pero también sabemos desde hace mucho tiempo que las finanzas públicas tienen serios problemas estructurales, lo cual nos impidió implementar una verdadera política contracíclica, a diferencia de otros países. De no resolver esta situación, y entre más rápido mejor, continuará siendo un importante obstáculo para crecer en el futuro. La crisis actual terminó por hacer más que evidente estos problemas. Bajo crecimiento interno produce baja recaudación; bajo crecimiento externo refuerza esto y además deprime el precio del crudo, lo que aunado a la caída en nuestra producción significan menores ingresos públicos por este concepto. Esto se refleja en un enorme “hoyo fiscal” y como la ley señala una regla de balance equilibrado, pues este año se redujo el gasto y se presenta una propuesta fiscal que sugiere cómo atacar el problema en 2010.
Si bien no es la reforma esperada, contiene algunos elementos iniciales. Hay que ajustar el gasto, aunque esto no sólo implica cortar de tajo algunas secretarías. Se requiere de un análisis serio y mayor esfuerzo en esta materia. Por el lado de ingresos se ha insistido mucho en reducir el peso de los petroleros, que son cíclicos y temporales. Pero esto sólo es posible aumentando la participación de los tributarios, vía una mejor recaudación, pero también modificando su estructura actual. Los ingresos por bienes y servicios públicos también son más estables. Otro componente es modificar la regla fiscal respecto al déficit.
Sabemos que aumentarlo conlleva a otros problemas en el futuro y no es deseable si no responde a nuestra capacidad futura de pago. En todo caso hay que observar que tanto una reducción en el gasto como un aumento de impuestos tienen efectos “recesivos” en lo inmediato, aunque no sabemos exactamente de qué magnitud.
Entre los dos objetivos, crecimiento y reforma fiscal, existe consenso de que la prioridad está en el primero, el problema es que cada quien ve una forma distinta de lograrlo. Hay divergencias en la temporalidad y probablemente muchas confusiones. Por ejemplo, aquellos que dicen que hay que reducir más el gasto y no aumentar impuestos porque es recesivo, en realidad no ven que su propuesta sigue siendo recesiva, a menos que estén seguros que el sector privado crecerá de manera importante, lo cual es poco probable dada la lenta reactivación externa y nuestro mercado interno poco dinámico. Nos guste o no, el gasto del sector público constituye por el momento una importante contribución al crecimiento en las condiciones actuales en muchos países. Al menos ésta es mi lectura de las sugerencias del FMI o del G-20 de no abandonar aún los paquetes fiscales.
Por otro lado, la propuesta gubernamental refleja la medicina estándar y “probada”. Controlando el déficit en lo inmediato genera condiciones que favorecen el crecimiento futuro, aunque en el corto plazo tendría un impacto negativo. Lo que parecería no reconocer es que la contracción en el producto en la magnitud actual puede provocar que tardemos mucho en regresar a nuestro nivel de producción tendencial, pero peor aún, que este último se ajuste a la baja, afectando adicionalmente el empleo. Éste es otro costo que no se menciona mucho, pero que está documentado y es en parte una justificación para el uso de paquetes fiscales contracíclicos en la literatura internacional.
Considerando las declaraciones de los involucrados, el mayor riesgo es que se decida por un esquema que al final sólo conduzca a un mayor déficit y deuda, sin garantía de repago y afectemos crecimiento futuro. Sin embargo, me extraña que no se mencione una alternativa que estaba incluida en la plataforma del PRI y que la SHCP ha introducido, aunque tibiamente, al modificar el reglamento de la LFPRH. Ésta constituye un esquema ubicado en un horizonte de tres a cinco años. Aceptar que el gasto público contribuya en mayor medida al crecimiento en lo inmediato y de manera temporal, e incluir un esquema de ajustes en el gasto y en los impuestos, algunos de ellos con cambios temporales, pero en ese mismo horizonte, de tal forma que se garantice de manera explicita el repago futuro de la deuda generada para financiar el déficit actual. Esta opción, que he venido comentando desde hace tiempo y ha sido utilizada en otros países, permite reconciliar crecimiento con la necesidad de una reforma fiscal, pero en cierta forma distribuyendo beneficios y costos en el tiempo.
Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM
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