Tegucigalpa, Honduras.- Batallones de soldados fueron destacados hoy en los alrededores de la Casa Presidencial de Honduras, hasta donde llegaron grupos reducidos de sindicalistas que apoyan al depuesto presidente Manuel Zelaya.

Horas después de que militares capturaron al presidente Zelaya y lo enviaron al exilio en Costa Rica, y de que los diputados nombraron a su colega Roberto Micheletti como nuevo mandatario, los hondureños lucen tranquilos y confiados en que se supere la crisis.

La sucesión forzada de Zelaya, quien estaba a seis meses de cumplir su mandato, se sigue con cierta expectación por los hondureños, quienes pese a posibles diferencias políticas coinciden en el propósito de "vivir en paz".

En Tegucigalpa, una ciudad de unos dos millones de habitantes que amaneció bajo el toque de queda decretado la víspera por el nuevo Ejecutivo, las actividades habituales se desarrollan en aparente normalidad.

Sin embargo, se vive en una tensa calma que se esfuerzan en mantener "la mayoría de los hondureños que rechazan la violencia y quieren vivir en paz", indicó un opositor político a Zelaya.

"Hay bastante temor de que se llegue la violencia", dijo a Notimex el taxista Margarito Zambrano, un apacible capitalino de 50 años de edad con 30 de laborar en el volante.

Expresó su temor a posibles choques en las calles entre "los que apoyan a Meme (Manuel) Zelaya y los que ya no quieren que vuelva".

El chofer explicó que "a Meme lo siguen los sindicatos, y ésos son tremendos; en cualquier rato pueden hacer problemas".

Los sindicalistas, con camisetas y pancartas en colores negro y rojo, realizaron este lunes tímidas protestas a unas calles de la sede presidencial, resguardada por soldados en traje de combate.

Los militares cerraron el acceso a la zona, por lo cual los manifestantes tuvieron que conformarse con gritar consignas y quemar algunos neumáticos.

Los malos augurios a raíz de la expulsión del poder de Zelaya y de la designación por parte del Legislativo del diputado Micheletti como nuevo presidente de Honduras, no se han cumplido.

La violencia que se esperaba como consecuencia de la pugna en los más altos niveles de la política local no se ha presentado, horas después de que se consumó la peculiar situación de contar con dos presidentes.

El presidente Zelaya contaría con el respaldo internacional, que aboga por su restitución en el poder, mientras que en Honduras su gestión gubernamental enfrenta una dura resistencia de opositores políticos y empresarios, pero también de sectores populares.

"Lo echó el Ejército, ya no se puede hacer nada", sentenció Zambrano, convencido de que el poder militar acabará imponiéndose a simpatizantes y a la comunidad internacional que pugnan por la restitución de Zelaya en la presidencia.

"Ese señor (Zelaya) está loco, mejor que se quede allá (en el exilio)", dijo a Notimex en tono molesto una empleada bancaria quien criticó la "supuesta" política del presidente en favor de los más desposeídos pero que al final, dijo, ha sido más perjudicial.