México.- Uno era albañil, padre de dos hijos; otra una mujer de baja estatura que cuidaba ancianos; otro un soldado. Todos estos sospechosos de terrorismo detenidos recientemente eran estadounidenses.
La semana pasada una mujer de Pensilvania fue acusada de complotar para matar a un caricaturista sueco, un individuo de Nueva Jersey fue detenido en Yemen y cinco jóvenes estadounidenses de ascendencia paquistaní fueron acusados de planificar ataques en ese país. En total, hay más de una docena de estadounidenses que se sospecha apoyan activamente la guerra santa, o yijad.
Algunos, según los fiscales, habrían sido motivados por las guerras de Irak y Afganistán. Otros, como la mujer de Nueva Jersey, querían vengar lo que consideran un insulto hacia el profeta Mahoma. Varios viajaron al exterior a recibir entrenamiento terrorista. Algunos simplemente complotaron desde sus casas, con computadoras.
No hay indicios de que estos casos estén conectados entre sí, pero, en conjunto, reflejan una nueva realidad, en la que desde las entrañas mismas estadounidenses surge una amenaza de terrorismo islámico. No está claro si hay un brote terrorista o si simplemente las autoridades se las ingenian mejor ahora para pillar los pocos que hay.
Najibullah Zazi, residente de Colorado de 24 años, se declaró en febrero culpable de liderar un grupo que quería hacer atentados en los trenes subterráneos de Nueva York.
Las autoridades, no obstante, no pudieron impedir que un mayor del ejército, Nidal Hasan, matase a 13 personas en la base del ejército de Fort Hood, Texas. Hasan es un psiquiatra nacido en Estados Unidos, de ascendencia palestina.
Uno de los grandes desafíos que tienen los organismos policiales es determinar cuándo una persona está lista para dejar a un lado la retórica extremista y realizar un ataque suicida. Algunos nunca dan ese paso. Otros lo dan en cuestión de meses.
''La gente se puede radicalizar por distintas razones. Por un contacto directo con terroristas, ya sea en el exterior o en Estados Unidos, contacto a través de la internet o su propio proceso de radicalización'', expresó el viceprocurador David Kris, máximo experto en antiterrorismo en el Departamento de Justicia.
Por años, las fuerzas de seguridad estadounidenses han venido pronosticando que habría un brote terrorista dentro de Estados Unidos. ''Ahora vemos que esos pronósticos se hacen realidad'', expresó Michael Chertoff, ex secretario de seguridad interior.
No hay una razón específica por la que la gente se siente atraída por el terrorismo.
''Es una combinación de factores psicológicos, sociológicos y razones culturales'', señaló Chertoff.
Colleen LaRose, la mujer de Pensilvania que supuestamente se puso en contacto con yijadistas online haciéndose llamar ''JihadJane'', se radicalizó en cuestión de meses, de acuerdo con los fiscales. Su novio dice que nunca mostró inclinaciones religiosas en los cinco años que estuvieron juntos. Hasta que un día llegó a casa, el año pasado, y ella se había ido.
En un video difundido por YouTube en junio del 2008, cuando la conversión ya estaba en marcha, LaRose aparece diciendo que estaba ''desesperada por hacer algo para ayudar'' a aliviar el sufrimiento de los musulmanes, de acuerdo con las autoridades.
Otros toman años para saltar de la palabra a la acción. Ese es el caso del albañil de Carolina del Norte Daniel Boyd, según los fiscales. Boyd se tardó décadas.
Boyd es acusado de encabezar un grupo de individuos, incluidos dos hijos suyos, que planeaban secuestrar, matar y lastimar gente en otros países en nombre de la yijad. Uno de sus vecinos dice que jamás se le hubiera ocurrido que Boyd era un terrorista. ''Si es terrorista, es uno de los terroristas más buena gente que he conocido en mi vida'', expresó Charles Casale.
Las autoridades tienen videos en los que Boy critica a los militares, elogia el martirio, lamenta los padeceres de los musulmanes y dice ''me encanta la yijad''.
A veces las autoridades saben que alguien tiene contactos con terroristas, pero no cuenta con suficiente evidencia como para intervenir.
Meses antes de que Hasan abriese fuego en su base de Fort Hood, había estado en contacto con un clérigo islámico radical en Yemen, dicen las autoridades. El FBI estaba al tanto de esos contactos, pero nada le hizo pensar que Hasan representase una amenaza inmediata.
Esta no es la primera vez que estadounidenses se sienten atraídos por la yijad. En el 2001, John Walker Lindh, un californiano de origen católico, fue detenido en Afganistán por pelear con el Talibán.
Hay gente desencantada en todos lados, que se une a pandillas y cultos en busca de una identidad. Los expertos dicen que las organizaciones islámicas radicales ofrecen un destino a estas personas.
Las organizaciones yijadistas generalmente son pequeñas y se dan a conocer en la internet. Cuando logran reclutar a un estadounidense, es como si se sacasen la lotería, según Jack Tomarchio, ex funcionario del Departamento de Seguridad Nacional.
Con frecuencia es gente que no tiene antecedentes penales y puede pasar inadvertidos y viajar libremente.
Bruce Hoffman, experto en terrorismo de la Georgetown University, dice que cada vez es más difícil detectar terroristas.
''Pueden ser hombres o mujeres, musulmanes de toda la vida o recién conversos, estudiantes universitarios o delincuentes que han estado presos'', manifestó.