México, DF. (Proceso).- La insuficiente cobertura de educación superior en el país es un problema que inquieta al director del Instituto Politécnico Nacional (IPN). “Tiene que verse como un asunto de seguridad nacional”, sostiene el doctor José Enrique Villa Rivera.

Y es que, explica, cada año miles de jóvenes se quedan sin acceso a ese tipo de educación, con lo que van integrándose a un grupo social que, eventualmente, podría generar manifestaciones violentas e inestabilidad social.

No sólo eso. El director del IPN prevé el riesgo de perder una generación completa, ya que en los próximos cinco años México tendrá la mayor cantidad de jóvenes de entre 16 y 24 años en su historia, producto de una transición de la pirámide demográfica, los cuales demandarán educación y empleo.

“Si no damos cobertura suficiente a los jóvenes, estaremos hipotecando la posibilidad de tener recursos humanos de calidad en los próximos 25 ó 50 años.

Se nos iría el tren, como se nos ha ido en otros aspectos”, asegura el ingeniero químico que ha estado al frente del Politécnico en los últimos seis años.

La preocupación de Villa Rivera se fundamenta en que la cifra de aspirantes rechazados a la educación superior se ha quintuplicado en los últimos 16 años, sin que aumente de manera suficiente la oferta educativa, que prácticamente se ha mantenido en el mismo nivel.

Sin recursos no hay cobertura
El 23 de octubre pasado, en una reunión con los rectores de 100 universidades públicas del país, en Tampico, Tamaulipas, el subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán Gutiérrez, advirtió que para dar respuesta a las necesidades educativas en este nivel se requerían de 14 mil millones de pesos, pero reconoció que no veía cómo obtener ese dinero.

Entrevistado en sus oficinas, el director del IPN señala que, para poder admitir más estudiantes, se requieren más recursos para ampliar la capacidad instalada y orientar ciertas acciones de formación a través de nuevos esquemas y programas tanto en licenciaturas como en posgrados.

El IPN, dice Enrique Villa Rivera “prácticamente ha llegado a la saturación, hemos hecho un esfuerzo notable de manera concreta en el Politécnico Nacional para usar hasta el último metro cuadrado que tenemos y hasta la última hora-hombre de recursos humanos para poder aumentar el número de espacios”. De hecho, sostiene en los últimos seis años han incrementado la matrícula en 23%, esto es, han abierto 28 mil nuevos espacios.

Sin embargo, admite que cada año es mayor el número de jóvenes que no pueden ingresar a los sistemas federales y estatales de educación superior. A diferencia de otros países como Brasil, Chile y Argentina, donde 40 de cada 100 jóvenes ingresan a la educación superior, en México sólo son 27.

“Pero cada peso que nos disminuyen impacta en las propias metas que hemos construido entre todos: cobertura, calidad, equidad, inversión en ciencia y tecnología. Por lo tanto, se traduce de manera directa en el deterioro de la actividad en las instituciones de educación superior”, afirma.

Burocracia incómoda
El director del Politécnico lamenta la incertidumbre y el incómodo cabildeo que deben realizar todos los rectores y directores de centros de educación superior con la Secretaría de Hacienda, el Congreso y la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES).

“Cada año tenemos que hacer cola. Me parece que eso tiene que cambiar. En el futuro debe de haber un cambio en los esquemas de financiamiento y de planeación superior”, dice, e insiste en la propuesta de establecer proyectos de asignación permanentes que contengan los fondos necesarios para sostener todo el subsistema de educación superior, independientemente de las crisis financieras.

Pero eso sólo será posible hasta que se considere a la educación superior como un asunto de prioridad nacional y se establezca una política de Estado.

“Somos respetuosos de la problemática de un esquema de crisis económica que por primera vez llegó de afuera y nos queda claro que hay menos recursos en la bolsa pública, nos queda claro que la cobija no alcanza para todos. No pedimos recursos por pedir, sin conocer una realidad de lo que esta pasando en el país.

En lo que venimos insistiendo es que la educación superior, la ciencia y la tecnología son prioritarias”, señala el director del IPN.

No obstante, afirma que no hay congruencia entre los legisladores y el gobierno pues, en lugar de favorecer el fortalecimiento financiero de la educación superior, se beneficia otro tipo de intereses: “la carretera de mi pueblo donde obtuve más votos, el puente que prometí; es decir, decisiones que están muy lejos de ser una política de Estado”, asevera.

El bono demográfico
A partir del 2013, la pirámide demográfica en México se invertirá: la población joven será mayoritaria y exigirá empleos, educación media y superior, y todos los servicios. Esto para muchos países ha significado un bono poblacional que, si se aprovecha, se convierte en fuente de riqueza y desarrollo. Pero si no, entonces se generan severos conflictos sociales.

Por eso el director del IPN observa que los retos educativos son: garantizar la cobertura y la calidad de la educación para los jóvenes de 16 a 24 años que inundaran el país para entonces, y al mismo tiempo ofrecerles empleos.

“Tenemos cada vez una mayor cantidad de jóvenes que ni estudian ni trabajan, que están en la calle, que no tienen una expectativa, una esperanza, una visión a futuro para ser diferentes, y eso crea realmente una problemática para la sociedad en su conjunto, porque a esos jóvenes los encontramos en esquemas violentos o en la calle o en el subempleo y eso no pude ser”.

Invertir en ciencia y tecnología
La única posibilidad para el país “es invertir crecientemente en educación superior, ciencia y tecnología”. De no hacerlo así, advierte, “al rato nos vamos a seguir preguntando por qué seguimos atrasados, por qué tenemos la mitad de la población del país en condiciones de pobreza. Ahora nos comparamos con Brasil, España, Irlanda, Corea, India y China, pero en 25 años veremos que los técnicos de petróleo de Brasil, que venían a pedir consejos a Pemex, ahora nos han dado la vuelta”.

Señala que mejorar la educación superior es una condición indispensable para avanzar en el desarrollo económico y social del país.

“Por eso hay que priorizar, hay que focalizar, que cuando se sienten los diputados a definir la matriz del presupuesto digan: a la educación superior hay que protegerla y asignarle los recursos que requiere, porque si no, insisto, vamos a seguir siendo el país que somos actualmente. Podemos provocar crisis e inestabilidad social si no atendemos este problema”, asevera.

País pobre y sin educación
La crisis económica del último año generó 6 millones de pobres que se suman a los 20 millones de mexicanos que viven extrema pobreza y otros 30 millones en pobreza. Al observar estas cifras, el director del IPN manifiesta con preocupación que hay familias que sobreviven con menos de 20 pesos diarios.

“Los hijos de estas familias requieren de apoyo del Gobierno y de las instituciones, para que puedan ingresar a las escuelas de educación superior en condiciones de igualdad; para que pueda ingresar, permanecer y salir de las escuelas y tener una oportunidad en el futuro diferente a la que tuvieron probablemente sus padres y sus abuelos”, refiere Villa Rivera.

Asegura que la única posibilidad que tiene el país para salvar el periodo de crisis económica y aprovechar el bono demográfico es invertir en la educación superior y, sobre todo, que el Gobierno y las empresas sean congruentes con la intención de generar oportunidades de nuevos empleos que absorban al volumen importante de profesionistas que se generan en las instituciones de educación superior.

Precisa que la función de la universidad pública o privada no es generar empleos, sino competencias, habilidades y valores, y que esta responsabilidad es el los empresarios y del Gobierno. “Si el país no crece a ritmo en términos económicos, los problemas van a seguir”, advierte el director del IPN.