“Señálame un escritor, y te mostraré un borracho”, sentenciaba Juan José Arreola. Un estigma que aun hoy, desgraciadamente, legiones de creadores siguen arrastrando consigo. Y esto a cuento porque un nueve de marzo de hace 16 años murió de leucemia Charles Bukowski.

MÚSICA DE CAÑERÍAS

Relacionado de manera errónea en la cultura popular con los miembros de la llamada “Generación Beat”, debido a la idea común de abrevar en las fuentes de lo vivencial para alimentar su literatura, Heinrich Karl Bukowski se distinguió siempre por el uso de un estilo desenfadado, crudo, radicalmente lírico.

Quizá nadie como él supo encarnar en el Siglo 20 el arquetipo de escritor bohemio y derrotado, el pendenciero inadaptado que consumía su vida en los excesos.

EL ALCOHOL ES UN PERRO INFERNAL

Respaldados en una obra muy amplia pero regular, tanto en su prosa como en poesía, los editores que se enriquecieron con los derechos del autor de “Escritos de un Viejo Indecente” supieron tejer alrededor de su vida un halo de estridencia y desajuste: la vida de un hombre común al margen de todo: la familia, las relaciones, rechazado por la sociedad y huyendo siempre para construir otra historia, es decir, otra faceta de su derrota; cronista de su propia aniquilación, historiador burlón de su propia caída.

EXHIBICIONES

No toda la obra de Charles Bukowski es mala. Tampoco fue el único alcohólico y escritor notable. Antes y después que él se encuentran Malcolm Lowry, Juan Rulfo, José Revueltas… Bukowski tene cuentos y poemas notables.

Ése no es el problema.

LO PEOR NO ES ÉL, SINO SUS IMITADORES.

Muchachillos que empiezan a escribir o cincuentones sumidos para siempre en una adolescencia perpetua, viviendo a expensas de otros su particular visión del “realismo sucio”.

Se incluye aquí el manual para alzarse como todo un “escritor maldito”:

1.- No le des sentido ni valor a nada. Escribe como se te pegue la gana.

2.- Si rechazan tus manuscritos, no publiques y échale la culpa a los demás de su cortedad de miras y su“aburguesamiento” Grita a los vientos que te bloquean. Vuélvete pendenciero y temido. Habla a gritos, ve a donde no te llaman.

3.- Escribe crudamente sobre vómito y prostitutas. Radiografía y muestra a detalle tus fornicaciones. Entre más evidencies la supuesta sordidez de tu vida, mucho mejor. Usa veinte expresiones soeces por línea.

4.- Usa un look cuidadosamente desaliñado. Barba aguerrida, ropa rota, colonia con un toque de orina. Bebe siempre que puedas, y si es a expensas de otros, mucho mejor.

5.- Y si un día algún infame reclama tu proceder, sentencia que cuando hayas muerto y sea demasiado tarde -como pasó con Bukowski- todos entenderán por fin tu malogrado genio.

BARDO DE LAS BARDAS

“He desperdiciado mis manos. Pude haberlas ocupado tocando algún instrumento, o algo así.

Sin embargo, las ocupo para golpear, agarrar botellas, sostener porros, tirar la cadena del inodoro, y escribir poesía difusa... He desperdiciado mis manos, mi mente, y quizás mi vida”.

Charles Bukowski