El feroz año terminó y dejó su reguero de papeles. Palabras grabadas a fuego. Páginas olvidadas, olvidables. Saldo de ese remolino quedaron libros fundamentales. Voces que hicieron más llevaderas las pausas, más habitable el silencio.

Bálsamo y balsas

No son todos los que deberían. Ni están todos los que son. Las pupilas se ciegan con la luz del invierno y la memoria es una coladera, un follaje agujereado por la luz del cielo.

Empieza el recuento:

1.- “La Vida, Instrucciones de Uso”, de Georges Perec: uno de los escritores franceses más ambiciosos propone en esta novela-rompecabezas llegar a los límites de la descripción mediante el minucioso registro de la vida, la historia y los espacios de una gigantesco edificio parisino, además de desgranar con suma malicia la historia de una venganza. Uno de los autores más admirados por Vila-Matas y Roberto Bolaño.

2.- “El Palacio de la Luna”, de Paul Auster: este viejo neoyorquino de rara mirada demuestra una vez más ser un estupendo contador de historias. Apartado de las sesudas novelas-ensayo, el autor de “Leviatán” maneja con maestría de viejo titiritero la vida y los hechos de personajes huérfanos buscando un padre. Los últimos cuatreros del viejo oeste, el fantasma del genio Nicola Tesla, y el amor de una mujer china recorren todo el siglo 20 de la escabrosa mano del azar.

Orgullo y prejuicio

3.-“El Gran Gatsby”, de Scott Fitzgerald: decía Carlos Fuentes, en uno de sus escasos momentos de lucidez, que esta novela era el equivalente al Quijote para la literatura americana. Yo, que nunca le creí a Fuentes, lo atribuí a otra de sus exageraciones. Y ahora, gustoso, le doy la razón.

Por su potencia y su poesía, por su complejo conocimiento de la condición humana y por el decantado oficio de narrar que derrocha su autor, esta historia de amor, de tragedia y de esplendor es un libro imprescindible.

4.- “Armería. Un Libro Vaquero”, de Javier García-Galiano: este narrador mexicano, traductor del alemán y amante del western, las fotonovelas y el futbol, con paciencia de entomólogo de hombres nos cuenta a través de su precisa e irónica prosa las correrías de un grupo de bizarros bandoleros en el sur mexicano. Una historia anómala para éstos tiempos del narco: un western con pistoleros mestizos por los llanos de Colima a principios del siglo pasado. Si alguien quiere acercarse a la obra de uno de los mejores prosistas mexicanos de las últimas décadas, no se pierda de este libro, o de cualquier otro de su autoría, garantía de gran literatura: “Confesiones de Benito Souza, Vendedor de Muñecas”, editado por Aldus, e “Historias de Caza”, en Editorial Ficticia.

Bardo de las bardas

“En el arte no hay definiciones. Hay resultados.”

Nacho López.