EBRIO HASTA LAS CACHAS, DOMINGO bailaba por toditita la calle que está detrás de la Díaz Mirón.

Esa calle apestosa y sin nombre, que acaba por pasar frente a la Iglesia de los Remedios y que más adelante, desemboca en las cantinas.

ESAS ANTIQUÍSIMAS CANTINAS DE DOÑA Pola, doña Lucha, don Servas y de Juana la Marrana.

TODAS ELLAS, TODOS ELLOS, DEVOTOS católicos que comulgan y que dan limosna.

Allí toma Domingo… tempranito.

PARA LAS OCHO DE LA MAÑANA ya está bailando y canturreando…

A LAS OCHO Y MEDIA COMIENZA el show de mentadas, de insultos.

“¡EH TÚ!… NEGRO JIJUEPUTA, ¿YA vas de hipócrita?… ¡mírame cabrón!”

“¡PIIIINCHE NALGONA!… HASTA PARECE QUE las vas vendiendo!”

NO LO RECUERDO DE OTRA manera, en esa memoria añosa en blanco y negro.

NO LO RECUERDO DISTINTO, EXCEPTO el día en que por fin salió el padrecito, lo escuchó y se le fue encima.

De la oreja lo pescó… “Te vas a condenar, maldito borracho… ¿te quieres ir al infierno?”

Y PARA QUE VIERA LO QUE es el infierno, sacó el encendedor con los que encendía los de “carita” y acercó la llama a la mano del borracho.

“¿AGUANTAS… AGUANTAS?”, LE EXPLICÓ QUE así era el infierno, pero en todo el cuerpo.

Y Domingo cambió…

NO DEJÓ LA BORRACHERA, CLARO… dejó de insultar.

AHORA NADA MÁS BAILOTEABA Y cantaba las de la Santanera, pero cero insultos.

Y la calle empezó a entristecer… eso creo.

PORQUE DECIDIERON LOS COMERCIANTES DEL sector insultar a Domingo, gritarle… pero el hombre siguió con su vocación de castidad verbal.

ENTONCES LE TIRARON CUETES QUE caían en los pies y lo hacían gritar angustiado… le tiraron agua caliente… le lanzaron cadillos con cerbatana…

PERO DOMINGO SIGUIÓ HUMILDE, PARA no ir al infierno.

FUE EL 2 DE FEBRERO, DÍA DE La Candelaria, cuando bailoteaba feliz, aguantaba los ataques de los vecinos y comerciantes, hasta que Cuca la muchacha de Casa Pola pasó con un canasto.

“¿UN TAMALITO… ME REGALAS UN tamalito?”

“No puedo”, le dijo ella, “están contados”.

ENTONCES DOMINGO INFLÓ EL PECHO y gritó… “¡Chiiiiiinguen a su madre todos ustedes, bola de hambreados y cabrones!… me voy al infierno, pero me voy jarto”.

LE ARREBATÓ A CUCA LA canasta de tamales y corrió con ella a tragarlos.

AL DÍA SIGUIENTE DOMINGO VOLVIÓ a bailar, a insultar…

Eso sí, todos le echábamos “aguas” para que si se aparecía el padrecito, tomara de nuevo su actitud humilde.