Antes de platicarle de doña Pacita, permítame hacer un alto por el amor de todos los días.
Sabe usted, no se trata de amar a toda prisa las 24 horas del día, no se trata de inventar romances ni amistades, tampoco es para demostrar.
Hay que hacer un alto para agradecer por el amor cotidiano como el pan, para recordar los buenos momentos.
Gracias a Dios por el amor que engendra amistad, lealtades y romances verdaderos.
Gracias hoy por el ayer y por el futuro.
Pues bien, a doña Pacita le papaloteaba la lengua, como güila arrebatada por el ventarrón propio de esta época.
Corría, movía las manos y papaloteaba con la lengua.
En una de esas, no se fijó en el pedazo de tronco tirado en el suelo… tropezó con él y voló majestuosa en los aires.
Su escuálida humanidad quedó suspendida algunos segundos, como cuando la vida pasa en un instante.
Pero pude verla… la lengua no dejó de papalotear mientras ella planeaba grácilmente y luego empinaba la trompa a fin de preparar su aterrizaje, más que forzoso, natural.
¡Cuaz!
Pensé que iba a quedarse allí, inmóvil… privada…
En vez de eso, se levantó, sacudió el polvo, acomodó el vestido y siguió… ahora sí le entendí.
Un poquito más…
“¡Ay vecino… vecinito!, ¿Qué le cuento?... ¿P’os no acaban de venir unos julanos a la casa quesque a darme unos catos?
-¿Catos?... ¿No será un cateo?
“¿Y no es lo mismo?”
-No, no… ellos quieren revisar su casa, seguramente traen alguna orden… por alguna denuncia.
“¿Denuncia… de qué?”
No iba a explicar, claro, pero la acompañé para enterarme en vivo y a todo color de los hechos; mi condición de abogado del populacho (El del Pueblo ya existe y es mi cuatacho, aunque ahora lo niegue) me impelía a proteger a esta buena señora.
En efecto, eran policías que se identificaron con charolas oficiales…
-Mmmm… ¿y cómo sé que en realidad son policías y no hicieron esas charolas en San Berna?
“Porque somos policías, si fuéramos malandrines hubiésemos entrado y ya”.
Buen punto…
-¿Y qué se les ofrece?
“Tenemos una denuncia… algunas personas dicen que aquí se venden drogas”.
Doña Pacita cayó cuan flaca y menuda es… de espaldas, ya no pude sostenerla porque no alcancé… luego se medio enderezó…
“¡Virgen santísima!... ¿drogas yo?... ¿quién le dijo?”
“La denuncia es anónima, señora”.
“¡Pues tizne a su anónima abuela esa chismosa que me denunció!... ¡ande!... pásele para que vea”.
Y allá vamos todos, mientras la bola de vecinos chismosos se agolpan afuera…
En la sala un perro hediondo duerme la mona sobre el sofá… croquetas tiradas por todos lados y un par de pollos que se pelean por un pedazo de bolillo.
“Es que la denuncia dice que de esta casa salen olores muy extraños”.
-¿Y no lo explica todo lo que ve?
El policía hace como que no escucha, doña Pacita trae el bote de la ropa sucia…
“¿Quieren ver mis calzones?... ¡ahora van a verlos!... ¡ándele!”
“No, no es necesario… creo que todo fue un error”.
“¿Error?... ¡error sería poner de candidato a César Flores!... error fue la candidatura de Napoleón Álvarez Correa… errores fueron los que cometió Pablo González y su gavilla.
Sí, Pacita está enojada… furiosa… y se quejaría a derechos humanos si no fuera porque en las oficinas no hay quién la atienda.
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