No sólo como consecuencia de lo profundo de la crisis mundial, sino adicionalmente por el impacto de la epidemia de influenza. En estos momentos existe un consenso de que la contracción para 2009 no será menor a 6%, en el mejor de los casos, y esto tendrá serias repercusiones en términos de empleo.
Es en este contexto en el que resurgen demandas para que las autoridades implementen nuevas medidas emergentes para mitigar este impacto. Y la pregunta sería ¿qué más se puede hacer o qué se ha hecho mal?
Por desgracia la respuesta, al menos para 2009, no es muy alentadora. Veamos cuál ha sido el menú de posibilidades.
Las acciones emergentes inmediatas, también denominadas contracíclicas, las podemos agrupar en dos grandes bloques. El primero incluye acciones que buscan estabilizar los mercados financieros y garantizar la liquidez. En su momento el gobierno actuó al respecto, ampliando mecanismos de disponibilidad de recursos o líneas de crédito o garantías para las instituciones financieras y empresas. Por otro lado, el Banco de México actuó buscando estabilizar el mercado cambiario, para lo cual han jugado un papel importante las líneas de crédito en divisas con la Fed y el FMI. Esto último ha dado resultados mucho más objetivos, mientras que respecto a lo primero habrá que evaluar si la intervención ha sido suficiente y adecuada, ya que existen opiniones en contra por parte de algunas empresas.
En todo caso, estos mecanismos deberán seguirse utilizando conforme las circunstancias lo requieran.
El segundo gran bloque incluye a la política macroeconómica, monetaria y fiscal, cuyo objetivo ha sido contrarrestar el impacto negativo sobre la demanda agregada. En relación con la monetaria, la autoridad ha venido disminuyendo su tasa de interés de referencia. Dos puntos relevantes: esto lo hizo con cierto rezago, en gran parte debido a las presiones inflacionarias que persisten en nuestra economía y, segundo, probablemente su potencia sea menor como consecuencia de la rigidez de precios que se observa en muchos de nuestros mercados, incluyendo el esperado traspaso de menores tasas de referencia a menores tasas en el mercado crediticio. Este expediente podrá seguirse usando, pero no esperemos acciones agresivas como en Chile, ni mucho menos situaciones de tasa cero como en la mayoría de los países industrializados, por las razones que ya he señalado. En cuanto a la política fiscal, los famosos paquetes fiscales han sido la estrella. Su objetivo central era impulsar a la demanda agregada a partir del gasto público y/o acciones fiscales para incentivar el gasto privado. Por ejemplo, el FMI recomendó paquetes que representaran 2% del PIB. Algunos países como China optaron por montos mayores, pero hay otros países que se quedaron cortos en función de su capacidad fiscal. México presentó el suyo que se estima representaría un impacto de alrededor de 1.5% del PIB. Si bien es una acción contracíclica no tomada desde hace mucho tiempo, este mismo paquete mostraba ya las limitaciones de nuestra estructura fiscal y del funcionamiento de nuestros mercados y del aparato burocrático. Su eje central es la inversión pública, pero esto mismo hace que se haya sobrevalorado su efecto de corto plazo, y en todo caso veríamos un mayor impacto en los próximos años, y probablemente no de la magnitud señalada. Peor aún, dadas las condiciones actuales y la necesidad de recortar el gasto, como se anunció, el impacto en demanda agregada debiera ser menor este año. Adicionalmente existen otras medidas más particulares, como ampliar el retiro de Afores, con efecto acotado, o apoyos en el mercado laboral que habrá que evaluar conforme se tengan datos disponibles. Pero lo que quiero enfatizar es que, si bien las cuentas fiscales mostraban antes de la crisis una situación favorable no vista en mucho tiempo, el problema estructural de nuestras finanzas públicas no sólo ha impedido que se recurra de manera efectiva y contundente al instrumento contracíclico fiscal, sino que desgastó rápidamente esas “condiciones favorables”.
Seguramente ésta es una reflexión incompleta, pero el punto que quiero enfatizar es que, como ya lo sabemos, nuestros márgenes de acciones que tengan impacto contracíclico inmediato son muy limitados, por lo que poco podrá hacerse para revertir el resultado esperado para 2009. Sabemos que la acción de política monetaria requiere de varios meses para cristalizar sus efectos, por los propios mecanismos de transmisión existentes. Pero adicionalmente ya señalé que no creo que pueda resultar lo suficientemente potente como se quisiera. La política fiscal podría tener efectos más inmediatos (no necesariamente de largo plazo), pero los resultados recientes en finanzas públicas nos han recordado que están enfermas estructuralmente.
Finalmente, esto no quiere decir que no haya nada que hacer. Hay alternativas, pero lo que hay que modificar es el objetivo u horizonte. La previsión es que nos lleve varios años, tal vez cuatro, regresar a nuestro nivel de producto tendencial. Es decir, que la recuperación será lenta y por lo tanto el impacto en empleo se prolongará. Lo que deberíamos estar discutiendo ahora es cómo podemos acelerar ese regreso y aumentar el dinamismo de nuestra economía, buscando minimizar la pérdida en producto y en empleo, ya no tanto en 2009, sino en los próximos años. Tema para notas próximas y para mi blog.
(¡Al fin y tenemos el receso electoral!)
Investigador del CIDE y de la EGAP-ITESM-CCM