¿Qué es la pasión amorosa sino un violento ímpetu por apoderarse del objeto amado?

Un continuo intento del amante por apropiarse de esa mirada sólo para sí. Pretender la atención y la vida del otro como un espejo atroz y portátil, una oscura laguna gemela donde contemplar el resplandor y la asfixia.

Yo / Carnicero

En su deslumbrante primer libro de poemas, Mercedes Luna asume la naturaleza predadora del amante, el palpitar vampírico dormido al acecho de palabras dulces y miradas de terciopelo.

Mercedes nombra el hambre surgido al amparo de una visión, o el rencor erguido como un bosque tras la separación irremediable:

“tu cálculo fue /armar los barrotes /en que ahora me sostengo”

Más que una retahíla de lamentos, este libro se propone como un valiente manifiesto que busca desmarcarse de la visión autocomplaciente, victimista o edulcorada del amor, habitual en la poesía femenina de nuestras tierras; erigiéndose como el canto amargo y lúcido de una sobreviviente.

La misma que se asume firme en la soledad, con los sentidos vueltos un territorio donde florecen como flores tóxicas las visiones y sensaciones nuevas:

“mi letrero se mueve /a veces / con el aire”

Road trip

“Su cuerpo una carretera / que accidentó a mucha gente / su amor un huérfano herido / siempre buscando pariente…” canta el maestro Rubén Blades en su disco “Mundo”. “Yo/Carnicero”, alejado de las estridencias y centrado en la concisión, es un acto de fe, pero también un diario de viaje; Mercedes traza como Blades el sinuoso mapa de las caminos que van del resplandor a la orfandad y del estupor a la intemperie, narrando la odisea de los que se disponen al amor a ciegas y temblando, como la de los que regresan mutilados de esa guerra:

“avanzo / y me pierdo de ti / me pierdo de mi”

Porque el amor nos vuelve otros, el amor confunde, el amor separa.

Y el vértigo, la única permanencia de los andenes y los adioses:

“los sueños son hologramas /que me esquivan /veloces autos incendiados”

Cuerpos como trozos de papel en que los amantes combaten. Diferentes gotas de una misma tempestad. Miradas como arpones. Amantes carniceros que se arrancan los pedazos de su vida con la parsimonia con que las mujeres arrancan sus cejas.

Bardo de las bardas

“El corazón tiene razones que la razón desconoce.”

Blas Pascal