Al niño hay que dejarlo hacer berrinches, evitar castigarlo, para no “traumarlo”.

Hay escándalo social y hasta proceso para quien viole los derechos humanos de los niños.

Cuidado si el maestro para en un rincón al malportado; eso es infamante.

No vale imponer horarios al menor; hay que negociarlos y persuadir, si se puede.

Un juez español propone un enfoque más simple del trato a los hijos.

Todos los derechos a los niños, dice, pero exigirles también sus obligaciones.

Que los padres acepten ser padres; no meros amigos ni cuates de los hijos.

Cuidado, advierte: Por ser cuates de los hijos, los dejan huérfanos, sin un padre.

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