Matar a alguien parece ser que en estos tiempos no es ya tan difícil como era antes. Hace unos días, un grupo de jóvenes rockeros decidió que un aspirante a su banda, aficionado a la batería y candidato a enfermero, debía pasar por una dura iniciación para ingresar al grupo llamado Dragón de Arkana, en un cementerio, para darle mayor impacto. Para ambientar el ritual, hubo alcohol y mariguana, forjada con hojas de una Biblia. Pero algo no les gustó de él y sin mucha claridad en las consecuencias determinaron matarlo.
Una vez golpeado y apuñalado, creyeron que estaba muerto y lo enterraron en una fosa nada común, de 30 centímetros de profundidad, lo que difícilmente bastaría para cubrirlo por completo. Aun cuando posiblemente tocaba mal ese instrumento, no tendrían por qué intentar matarlo. Con recomendarle mayor práctica hubiera bastado.
Este acontecimiento, que a muchos podría parecerles ridículo (al agredido no, por supuesto), nos invita a hacer una reflexión: en primer lugar, debemos pensar en cómo han ido evolucionando esos grupos informales constituidos por redes de amigos, a los cuales los adolescentes desean pertenecer.
En la medida en que las redes sociales se amplían, es cada vez más difícil el proceso de individualización y más ardua la tarea de ser reconocido por sus iguales. Es en esta búsqueda de popularidad y reconocimiento que los inexpertos jóvenes no son muy selectivos con los grupos en los que socializan y ello los pone en riesgo.
Un grupo de rock de un nombre tan atractivo como el de Dragón de Arkana, que sólo Dios sabe que significa, debe ser un anzuelo imposible de evitar para alguien con deseos de ser admirado.Y el riesgo aumenta porque estos grupos se forman generalmente en torno al alcohol como factor desinhibidor de conductas y emociones.
Pero los efectos del alcohol en el comportamiento van más allá de sus propiedades relajantes de inicio.
El alcohol, después de cierta cantidad ingerida, actúa en la personalidad como disociadora, es decir, altera nuestra identidad personal y provoca que se presenten deformaciones en el contacto con la realidad.
Poco a poco se va dejando dominar por esa mágica sustancia que le hace perder la conciencia de la realidad y que se la deforma, haciéndolo creer superior a lo que realmente es y obligándolo a tomar decisiones erróneas y a defenderlas contra todos los que no piensan como él, es decir, los que no están en su mismo estado de confusión inducida.
El alcohol le provocará confusiones graves acerca del cumplimiento de normas y reglas morales, haciendo ver normal lo que puede ser arriesgado y perdiendo conciencia de efectos y consecuencias.
Por eso se maneja a gran velocidad un coche casi sin frenos, con llantas defectuosas o por caminos sinuosos o desconocidos. El alcohol le hace sentir al conductor que es inmortal… hasta que muere.
O puede inducirlo a llevar a cabo algo tan bizarro como tratar de matar a un aspirante al grupo, llevarlo al cementerio, que es el lugar lógico donde deben estar los muertos, y enterrarlo, es decir, cubrirlo de tierra, aunque esto no signifique más que esconderlo para esperar que efectivamente esté muerto y no se levante, evitando a toda costa que toque otra vez su batería.¿Y por qué una nota así se vuelve de ocho columnas?
Porque uno de los grandes temores de la humanidad es el de ser enterrado vivo. De hecho, es el origen de la claustrofobia, ese miedo intenso y persistente a los espacios cerrados, que simbolizan el ataúd que impide respirar y que lleva a una de las muertes de mayor angustia: la muerte por asfixia.
Ya sea que la fobia se entienda como una enfermedad de lo imaginario o como la concentración de diversos miedos, en un solo objeto neutral o un lugar determinado, lo cierto es que la idea de morir por falta de oxígeno, de ser enterrado vivo o de estar atrapado sin posibilidad de rescate, genera una intensa angustia y ha sido motor de obras de arte magníficas como el cuento “Enterrado vivo”, de Edgar Allan Poe:
“Ser enterrado vivo es, sin ningún género de duda, el más terrorífico extremo que jamás haya caído en suerte a un simple mortal”.