Un hombre conduce a su hijo hacia la costa a través de una tierra devastada.

Hacia el sur, a pie, empujando un carro de supermercado, atravesando bosques calcinados y ciudades fantasma.

¿Por qué? ¿Qué espera encontrar ahí?

El hombre no lo sabe, sin embargo su único objetivo es alcanzar ese lugar impreciso.

Horizonte

No conocemos el nombre del padre ni el del chico, pero eso no importa, porque ambos habitan un mundo que tiende a extinguirse, y en el que las palabras ya no sirven para nombrar las cosas. Hace frío, llueve casi todo el tiempo, la ceniza cubre la tierra, contamina la atmósfera, el agua y la comida escasean, hay hombres que comen hombres, que comen niños para sobrevivir.

Meridiano de ceniza

Después de la vertiginosa “Meridiano de sangre” y la estremecedora “Todos los Hermosos Caballos”, Cormac McCarthy se sirve de una facultad sobrenatural para perturbar: a lo largo de toda la lectura subyace una vibración hipnótica que atrapa al lector desde la primera página, consigue dominarnos, suspender nuestras funciones anímicas; y cuando ya nos tiene atrapados, sin capacidad de decisión, nos sacude con una descarga de violencia o de ternura que nos sobrecoge.

Largo y sinuoso camino

El yermo desolado que padre e hijo atraviesan es el tercer protagonista de la historia, aunque tampoco sepamos su origen. Pequeñas pistas a lo largo del texto, apuntan hacia una catástrofe que terminó con la vida en el planeta. Otro rasgo magistral de esta novela -que ya ha sido adaptada al cine- es su lenguaje sombrío: reflejo de ese mundo sin futuro, se vuelve incisivo, parco, alejándose de cualquier intento de embellecer, pero preservando a pesar de ello cierto grado de tétrico lirismo, como los paisajes desolados, cubiertos de ceniza, que los protagonistas atraviesan en su éxodo.

El fuego

En distintos momentos de “La Carretera”, sus dos protagonistas dialogan sobre el fuego. Este elemento lo es todo: la sabiduría, la entereza, la honestidad, la rectitud, la justicia... El fuego los resguarda y los conduce, es una pertenencia que los define, que los hace ser como son y les ayuda a no perder la esperanza. Porque en definitiva no se trata de llegar a un mundo mejor, sino de ser mejores en cualquiera de los mundos, incluso en el infierno que nos ha tocado habitar.

Porque en todas las edades de la humanidad, quien posee el fuego posee la verdad y posee el futuro:

“Y no nos va a pasar nada malo.

Desde luego que no.

Porque nosotros llevamos el fuego.

Así es. Porque llevamos el fuego.”

Bardo de las bardas

“Que así sea. Evoca las formas. Cuando no tengas nada más, inventa ceremonias e infúndeles vida.”

Cormac McCarthy. “La Carretera”, página 59.