Saltillo, Coah.- El comedor vacío, los camiones esperando y los trabajadores encerrados mirando por la puerta 6 la hora de regresar a casa, fue el escenario que se vivió ayer en la Refinería de Pemex, ubicada en Cadereyta, Nuevo León, mientras Petróleos Mexicanos emitía un comunicado reduciendo la cifra inicial de siete decesos, a uno, Juan Salvador Sánchez Paz, de 32 años, ingeniero de operación de la planta.
Tras la mirilla de metal de la puerta 6 un trabajador murmuraba: “No nos dejan salir. Nos están contando. Están viendo si falta alguien más”.
A lo lejos, grupos de operarios con overoles color naranja esperaban el permiso para abandonar la planta de la que debieron salir hora y media antes.
“No nos dejaron salir, ni cuando explotó el compresor, luego luego nos hablaron nuestras familias, la explosión se sintió hasta Juárez, por eso se dieron cuenta y pues los que traen celular ya avisaron, todos se conocen”.
Cuando por fin los dejan salir, ya alrededor de las cuatro de la tarde, los grupos abandonaron la planta, algunos para subirse rápidamente al camión, otros para dirigirse a sus autos estacionados a un costado de la carretera libre a Reynosa.
Otros se recargaron en la pared para fumar un cigarro, con los ojos cerrados, hasta sonríen, después de todo salieron bien librados.
No así una decena de sus compañeros: Rodolfo Montemayor Mota y Blas Jaime Segura Carrillo, operadores especialistas de 49 y 40 años, ambos gravemente heridos por quemaduras en la mayor parte del cuerpo.
Rodolfo Cardiel Rodríguez, Jorge Blanco Escobar, Pedro Flores Montalvo, Miguel Vázquez y Heriberto Mancilla se reportan con lesiones leves; Hugo Alfredo Almaguer, Miguel Ángel Vega Flores y Yuriria Guerra, de la empresa CICSA, también resultaron heridos.
De manera irónica, dos letreros con una circular impresa advierte sobre las medidas de seguridad que habrán de tomar trabajadores y contratistas para ingresar a la refinería custodiada por el Ejército y las Policía Federal.
Sin embargo esto no impidió que por poco se suscitara una tragedia más grande.
Las causas
La explosión derivó de una fuga de hidrógeno en el compresor 3800 de recirculación de dicha planta; el incendio inició al filo de las 9:20 horas y fue extinguido luego de tres horas por diferentes cuerpos de auxilio y bomberos de la metrópoli de Monterrey.
En el área, 11 trabajadores resultaron con quemaduras en la mayor parte de su cuerpo.
Al ser trasladados al hospital regional de Pemex, murió el ingeniero de operación Juan Salvador Sánchez Paz.
La producción
La refinería Ing. Héctor R. Lara Sosa elabora en promedio 85 mil 227 barriles de gasolina Magna, Premium y otras; así como 5 mil 222 de turbosina; 86 mil 272 de diesel; 8 mil 708 de combustóleo; 4 mil 20 de asfalto en calidad AC20; mil 858 de gas seco; 2 mil 751 de gas licuado y 20 mil 402 de coque.
Asimismo, como resultado del aprovechamiento de sus 37 plantas de proceso se producen 224 mil 460 barriles diarios de productos petrolíferos. Adicionalmente se elabora diariamente 374 toneladas de azufre, que es considerado el principal insumo para la industria petroquímica de la región noreste de México.
Petróleos Mexicanos indicó que realiza el análisis causa-raíz de este incidente. En el comunicado, lamenta el deceso del ingeniero Sánchez Paz y expresa sus condolencias y solidaridad a sus familiares.
“Todo empezó a rezumbar allá abajo”
“Yo estaba parado junto a esa pala y todo empezó a rezumbar allá abajo y dije: una barrena va a aventar coque, pero esas están arriba y vi una explosión, salieron muchos fierros para arriba y cayeron bastantes, hasta allá cayeron unos pedacitos”.
“Vinieron muchas ambulancias; no me asusté porque el domingo ya llevamos un susto, explotó un transformador y ahora esto”, dice Carmelo Hernández González, de 75 años y quien lleva al menos doce trabajando junto a la refinería que explotó a las nueve y veinte de la mañana.
“Ya ni me asusto, ya me acostumbré, siempre pasa algo” dice desde su silla detrás de una cerca de malla ciclónica, la misma donde se encontraba por la mañana, cuando el suelo “rezumbó” en sus pies.
Saltillense narra su experiencia
Infonor
Daniel Aguirre labora en la refinería, y en su blog personal publicó una crónica que se reproduce a continuación: “¡Ah cabrón! ¿Qué fue eso...?” fue lo que escuché enseguida de la explosión. Después todo fue un caos ordenado por los compañeros de la Comisión Mixta de Seguridad e Higiene.
Todo iba de la manera acostumbrada esa mañana. Letty (nuestra asistente) preparó el café, mi jefe leía las noticias y ya preparábamos los asuntos del diario, cuando al filo de las nueve y cuarto la puerta de cristal de la oficina se abrió súbitamente, el suelo se cimbró un poco –cómo cuando pasa el ferrocarril por el patio de maniobras detrás del edificio, pero sin el rítmico tracatraca que lo caracteriza–, y después, ¡BUM..!
La explosión fue casi ensordecedora. El ventanal de la oficina se balanceó y se desprendió de sus marcos, la puerta azotó con tal fuerza que quebró un cristal de la ventana, los cuadros de mi oficina cayeron al suelo y mis guardianes (figuras de acción de las que siempre quise tener y ahora me puedo comprar) cayeron rodando.
“Ah cabrón, ¿qué fue eso...?” exclamó uno de los compañeros de la oficina que esperaba entrar a la oficina del jefe, y “pa’ pronto, lic, vámonos... cascos, cascos... todos pa’ juera...”
Apagar las computadoras, luces, climas, cerrar las puertas y ventanas, fue una sola acción.
Afuera de la nave, los miembros de la Comisión Mixta de Seguridad e Higiene ya orientaban al personal a ubicarse en el punto de reunión y verificaban que estuvieran todos. “Faltan Pancho y Alonso...”, dijo alguien, y otro más respondió, “sí, andan en Materias Primas, allá vienen...”, se trataba de que los 21 integrantes del departamento estuviéramos completos.
Al mismo punto de reunión llegó personal de la Oficina de Proyectos, del Almacén de Cargo Directo, de Vigilancia y de varias compañías que trabajan al interior de la refinería... En total, más de 100 personas compartíamos el sol y la incertidumbre.
Poco a poco, las noticias fluían, las llamadas a los celulares y radios eran el murmullo constante y las dudas se despejaban. “Si mi’ja, estoy bien... parece que fue en la Planta de Coque... nomás se oyó muy gacho… p’s quien sabe... órale, te llamo” se escuchó decir a un trabajador próximo a jubilarse; otro más recordaba con lágrimas en los ojos la explosión del 2007, cuando según las autoridades no hubo lesionados, pero ellos saben que el rayo que cayó en los tanques de gasolina “desintegraron” a más de uno.
Otros tantos, como buenos mexicanos ya hacían chistes y bromas con la explosión. “Por eso se llama ruta de evacuación... por ahí se van los que ya evacuaron”, “¿Y ‘ora tú? ¿Por qué hueles tan feo? ¿A poco te asustaste mucho?”, “A mí el susto me va a durar varios días y se me hace que voy a pedir incapacidad...”