Italo Calvino es de los más importantes escritores del siglo XX. Influido entre otros por Borges, el estructuralismo francés y por la semiología, publicó este inmenso juego narrativo en 1979, siendo uno de los volúmenes más representativos de su “período combinatorio”, donde el autor italiano nacido en Santiago de las Vegas, Cuba, asumió la literatura como un juego de artificio.

Fuego cruzado
En “Si una noche de invierno un viajero” el lector se confronta con toda una reflexión sobre la literatura, y su lectura se convierte en una exploración sobre sus diversas corrientes y acerca de la imposibilidad de la palabra para dar a conocer la realidad; además de volverse un pretexto para desmenuzar la compleja relación tejida entre el escritor y el lector.

El protagonista de este libro es justamente un lector que adquiere el último volumen de Calvino y al leerlo se encuentra con el comienzo de una historia que se interrumpe abruptamente debido a un error de imprenta.

Entonces, se dirige a la tienda para cambiarlo, y se encuentra con una historia completamente distinta, que también comienza. Y con otra lectora. Juntos intentarán encontrar la verdadera novela, pero las historias se irán interrumpiendo, cada vez por los motivos más insólitos.

Anulación
Así, el libro queda compuesto finalmente por diez comienzos de novela intercalados con la historia del lector y la lectora. Calvino aprovecha aquí para desplegar sus recursos como escritor y presentarnos 10 posibles libros que serían lo opuesto al libro anterior: así, la primera novela será brumosa e imprecisa; la segunda sensorial; la tercera, volcada hacia lo simbólico.

“Si una noche de invierno un viajero” representa para muchos la irrupción de la posmodernidad en la literatura.Esta obsesión del autor por autoanularse, esconderse, evaporarse, permite que el texto proponga al lector empírico la propia realidad de la ficción, lo cual estimula su protagonismo para que sea éste quien ordene los hechos de la trama, y no el autor.

Un lector despistado, aferrado al modelo moderno, pasará gran parte de la novela buscando al autor sin encontrarlo, a lo mejor sin sospechar que el autor lo metió en su juego de experimentación, el cual nos recuerda a Cortázar con su “Rayuela”.

Accidente y revelación
Este libro exige del lector una reflexión sobre la propia realidad, pudiera decirse una toma de conciencia acerca de la verosimilitud de su propio universo, inquietud presente desde Homero y los trágicos griegos.

El protagonista de Calvino -su lector-personaje, nosotros mismos en gran medida- posee una característica: ansia por leer, sumergirse en la ficción y descubrir cómo termina dicha ficción; pero con esto se destruye el personaje: no es psicológico, más bien simbólico, pues su propia voluntad, muy similar a los personajes de la literatura griega, le condena a perseguir ese libro último siempre presente y ausente que es en realidad, la verdad última.

Bardo de las bardas
“Toda historia no es otra cosa que una infinita catástrofe de la cual intentamos salir lo mejor posible.”

Italo Calvino