Algún día alcanzaremos la madurez política para saber en dónde comienza y en dónde termina la vida privada.

Tener amantes es decisión de cada quien.

Me dicen que ahora se ha puesto de moda en la alta política, tener “muchachitos”…

III

Es decir, los tiempos de las novias quedaron en el olvido…

Se fueron por el caño las historias de los políticos con la rubia en el departamento de soltero, los bacanales estilo Berlusconi.

Cada quien su gusto, debo decir para detener la inercia en este punto.

III

A lo que iba, es que en Estados Unidos un ex precandidato presidencial se acabó de la noche a la mañana, todo porque alguien exhibió una foto suya con una rubia en las piernas.

Hace pocos años, un gobernador de Nueva York tuvo que renunciar porque se hizo público que pagaba los servicios de una prostituta.

Y debo resaltar algo:

En ambos casos, los políticos sentenciados a dejar su carrera, pagaban a sus amantes los lujos con dinero de su bolsillo.

III

¿Era justo que dejaran sus cargos y aspiraciones por debilidades más que humanas?

Yo creo que no… Eso es vida privada.

En cambio, hay historias de políticos (muchas historias) que meten a su “novia” o a su “muchachito” en la nómina, a pesar de que sirve para maldita la cosa (en el trabajo, quiero decir).

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Algo similar le pasó al director del Banco Mundial, quien tenía a su aventura en la nómina del organismo privado y a la larga el escándalo le costó no reelegirse.

Lo mismo le pasó al presidente de la FIA, a quien le mocharon la cabeza hace poco con el pretexto de los cambios en la Fórmula Uno…

Pero el asunto venía desde que se descubrió que su affaire cobraba muy buenos billetes en el órgano rector del automovilismo mundial.

III

Meter los genitales en la nómina es lo peor…

Pero todavía más pernicioso, meterlos en la proveeduría.

Ahora hay quien se rasga las vestiduras ante el esbozo de que situaciones como esas salgan a luz pública.

III

Insisto, tendríamos que definir en dónde comienza la vida privada y en dónde se acaba.

En París el alcalde ha declarado que es homosexual…

Pero los parisinos fruncen el ceño cuando algún incivilizado latinoamericano les pregunta si ello no importa: “No gobierna con el culo”, suelen responder.

III

Yo creo que para bien de todos, el ser humano y el ser político son muy libres de hacer con su trasero un rehilete…

Mientras no lo paguen con mi dinero.

Es decir, con nuestros impuestos.


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