Saltillo, Coah.- Sus manos, curtidas por las espinas de la lechuguilla y la palma samandoca, no pierden su destreza.

Logra transformar los hilos de las fibras en mariposas y más de 40 artículos artesanales con los cuales hace revivir la tradición milenaria del tallado, con un material resistente al tiempo y a la modernidad.

“El tallado de la lechuguilla ya viene de una tradición familiar. Mi regreso al oficio ahora sí que fue forzoso, pero le doy gracias Dios que lo sé hacer. Hace un año yo me dedicaba a la construcción, pero me di un golpe y ya no pude trabajar. Me agarró desprevenido, sin seguro, y con la venta de mis artículos pude sobrellevar la situación”, dice José Isaac Quiroz.

Relata que nació a las orillas de Saltillo en condición de campo, donde aprendió sobre el tallado y el tejido, actividades que fue perfeccionado en su visita a ejidos, y sobre todo su creatividad, porque en sus manos nada se desperdicia:

“El plan es producir aunque ahorita el problema es que el material es escaso, he visto que la gente está interesada y se les hacen bonitas las cosas, sobre todo porque el material es reciclable, por ejemplo algunas canastas y las bolsitas es lo que me sobra del peine, yo no desperdicio nada”, explica el artesano, cuyo trabajo le sirve para solventar los gastos de sus ocho pequeños.

La lechuguilla, la palma samandoca y la pintura mineral le sirven como materia prima, mientras que el tallador y sus manos son sus herramientas, pues una vez que logra obtener las fibras se pueden empezar a trabajar de inmediato sin necesidad de secado, que se logra una vez elaborada la artesanía, para luego ser teñida.

“Tenía un rezago de tintas y anoche fue lo que alcancé a trabajar y pintar, lo mejor es que la gente está empezando a conocer sobre la novedad que traemos, de los que ya no hay, porque algunas piezas son inventadas por mi cuenta, una mariposa por ejemplo la hago en dos horas, pero los peines puedo amarrarlos en 5 minutos” menciona José Isaac.

Sostiene que los estudios realizados a nivel mundial indican que la fibra de lechuguilla es de los materiales más resistentes, los peines pueden durar un año utilizándose y a la intemperie, mientras que las bolsas durarán casi una década.

Orgulloso de su oficio, pese a que en ocasiones ha tenido que depreciar sus productos, explica que estar cada fin de semana en uno de los módulos del Museo del Desierto es muy importante para él, porque lo que más anhela es montar un taller y dar clases de tejido en ejidos porque la tradición se está perdiendo.

“Antes me la pasaba vendiendo mis productos de casa en casa, pasé por las peores necesidades, y malbaraté las piezas en 10 ó 5 pesos, lo que me quisieran dar, pero estar aquí me permite darle valor a las cosas, porque la gente comprende lo que es una artesanía”, señala el hombre que desde los 6 años se inició en la tradición que lo llevó a crear objetos fuera de lo convencional.

Anteriormente, eran el peine, el estropajo y el tendedero lo más característico, sin embargo, en las manos de José Isaac el mismo “guiche” o la pulpa de la lechuguilla es utilizada para la creación de piezas, que en Saltillo sólo practican personas que se pueden contar con menos de los dedos de una mano.