Las semifinales de la Liguilla mexicana están geniales, como desde hace tiempo las buscaba. Ninguna de las escuadras (salvo Pachuca) que acostumbramos ver en esta instancia permanece viva y a su vez tenemos a dos equipos por los que nadie daría una limosna. Puebla se medirá con los Pumas mientras que Indios afila navajas para descuartizar al Pahuca, superlíder del torneo y amplio favorito para el trofeo de campeón.

Digan lo que digan mis amigos y colegas futboleros, a mí me encantaría una final entre los poblanos y los fronterizos, ¡sería un evento extraordinario llevar la fiesta de campeonato a otras latitudes!

Además, se lo merecerían; Puebla está devolviéndonos la fe en el futbol con inteligencia y arrojo, lleno del colorido, entre la víscera y la estética, ese futbol que practicamos todos en el barrio cuando éramos niños, cuando cascaréabamos hasta que se metía el sol, por el simple gusto de jugar y ver quién metía el gol con el que todos aplaudían, el futbol en el que peleabas todos los balones y hasta apostabas los refrescos a los de la otra cuadra. Ese estilo táctico es el que está aplicando el “Chelís” en Puebla y no puedo dejar de festejarlo y emocionarme cuando lo veo, justo en esta época en la que la mayoría de los deportista son una banda de sicarios que sólo traen en mente los dólares que van a cobrar la siguiente campaña, en vez de hacer su trabajo con pasión, que es la mejor forma de hacer “la chamba”, con gusto.

Y en cuanto a los Indios, es lo mismo, aunque ellos tienen menos facultades técnicas. Mas poseen a un técnico que ha demostrado los recursos necesarios para dirigir exitosamente en la Primera División, Héctor Hugo Eugui. En el partido contra Toluca se vio esto lo que digo: no jugaron bonito, pero sí exhibieron el orden táctico imprescindible para derrotar al campeón en su casa; demostró que en los partidos (como en la vida) hay momentos para todo, hay minutos para atacar y minutos para estacionar el camión en la portería, ¿qué importa más, ganar o meter un racimo de goles? Yo me inclinaría por la primera opción, aunque no pueda cumplir la segunda.

¿"FED" REPUNTA?

En la pasada edición del Abierto de Australia, Roger Federer lloró como un jovencito de preparatoria que acaba de ser abandonado por su novia. Hay que entenderlo, era la segunda final de un Grand Slam que perdía con su “polo opuesto” llamado Rafael Nadal. La primera de esas derrotas, en Wimbledon, fue brutal y quizá la que provocó el bajón casi deprimente en el juego de Federer. Era algo para no creerse que uno de los más grandes en la historia del tenis perdiera su hegemonía en la superficie que más domina, ante un chavito que sólo era bueno en arcilla.

Y justo cuando todos hacían los “funerales deportivos” para uno de los mejores tenistas de la historia, su novia (Mirka Vavrinek) le dio la noticia de que serían padres. A partir de ese momento hemos sido testigos del cambio de vida en Federer. Y el pasado domingo fue la más grande prueba, en el Master de Madrid, donde “Fed” le ganó a Nadal (en su propia casa y, ¡sí, señor!, en arcilla, la superficia en la que el ahora númeo uno del mundo es casi imbatible).

Ahora bien, Roland Garros (el segundo grand slam y que se juega en arcilla) empieza la próxima semana y, si debo hacerles una confesión, me encantaría ver otra final entre Nadal y Federer, pero más que nada en el mundo, que la ganara el suizo y no el español. Sería la revancha perfecta para Roger. Así como “Rafa” le quitó su invicto en el césped, “Fed” destronaría de esa forma al campeón indiscutible de la tierra batida en los últimos 4 años. De hecho, si las cosas pasan como me las estoy imaginando, hasta serviría de argumento para hacer una película en la que podríamos ver de actores estelares a Antonio Banderas y Gael García, nada más con que no se ponga a cantar otra rolita al estilo: “Quieo que me quieras”.