×
hace cerca de 4 semanas
[Relatos y Leyendas]

A la luz de la luna

El frígido viento entró de golpe por la mohosa ventana de la humilde habitación en la que dormía la pequeña de apenas 9 años

Imprimir
A la luz de la luna
Foto: Especial
Por: Cecilia Violeta Meraz Salto

El frígido viento entró de golpe por la mohosa ventana de la humilde habitación en la que dormía la pequeña de apenas nueve años. El constante rechinido la obligó a levantarse, con todas las fuerzas que sus manos le permitieron, logró cerrar y colocar el pestillo que detendría las corrientes frías de aire. Recuperando un poco el calor que había perdido se sintió aliviada, pero esa sensación se opacó en segundos por el constante y desesperado caminar de su padrastro en la habitación contigua. Desde la muerte de su madre ese hombre adquirió un comportamiento extraño; en algunas ocasiones lo escuchaba hablando solo y su temperamento cambiaba súbitamente. Sin embargo, no quiso prestarle demasiada atención y regresó a su cama.

Cuando estaba a punto de conciliar el sueño, la puerta de madera de la habitación principal crujió creando un horrible estruendo que sobresaltó el débil cuerpo de Lily. Los fuertes y certeros pasos que se acercaban con lentitud llenaron sus oídos. De inmediato notó que algo no estaba bien y lo supo cuando vio la oscura mirada de la única persona que le quedaba en la vida. Sostenía un afilado cuchillo que brillaba gracias a la luz que emitía el viejo bombillo del pasillo.

—He contado veintitrés lunas llenas querida Lily. Es tiempo de que acompañes a la sucia de tu madre en el infierno —Sus palabras fueron acompañadas por una sonrisa demencial.

La pequeña Lilian se convenció de que aquello solo era una pesadilla de la que despertaría en cualquier momento. Contó en su mente los segundos que le bastaban siempre para alejar los malos sueños, pero con cada segundo que pasaba él acortaba aún más la distancia. Al creer que no tenía ninguna oportunidad de escapar, cerró los ojos y pensó en su madre. Quería tenerla presente a la hora de su muerte.

—Corre, Lily —el bondadoso susurro de una voz que reconoció como la de su progenitora la hizo adquirir seguridad y se escabulló de los fuertes brazos que la habían sujetado con brusquedad. Sin mirar atrás se internó en el oscuro bosque. En sus pies se incrustaron un sinfín de ramas secas y su camisón de algodón se rasgó en varias ocasiones pero nada de eso era importante en aquel momento, tenía que seguir corriendo hasta que se encontrara a salvo de la bestia que quería asesinarla. Su única guía era la luna llena que brillaba a la lejanía y que, según las palabras de su madre; ese astro siempre velaría por ella.

Al estar segura de que ya no era perseguida se detuvo a tomar un poco de aire para regular su respiración, los pulmones le ardían y se sentía mareada. Pero detenerse fue un grave error. Su persecutor la tomó por el cuello y clavó el arma en el estómago contraído de Lily. Ahora las voces que atormentan al diabólico cazador son dos. La luna se apagó dejándolo solo con sus demonios y sombras que el mismo creó.


Imprimir
te puede interesar
similares