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[Arte]

Apoyar a la cultura es obligación del Estado: Ripstein

‘La cultura, en su sentido más estricto y riguroso, es la única opción que tenemos para enfrentar a la barbarie’, dijo

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Apoyar a la cultura es obligación del Estado: Ripstein
Ciudad de México.- El director de cine, Arturo Ripstein, dijo durante la 61 entrega de los Arieles que la cultura es necesaria para que haya democracia en el País y que el estímulo económico del Estado no es una limosna, sino una obligación.

"La cultura, en su sentido más estricto y riguroso, es la única opción que tenemos para enfrentar a la barbarie. El cine que honramos y premiamos esta noche es indiscutiblemente cultura", expuso.

A continuación el texto íntegro del discurso de Ripstein:

El arte es subversivo o no lo es. Pero necesito aclarar que ese arte poderoso, misterioso, revolucionario no es para nada un arte útil, porque el arte cuando es útil para una causa deja de ser arte.

Gran paradoja de lo artístico: el arte sólo es cuando se crea y se devora a sí mismo. El arte con propósito se llama propaganda.

Buenas o malas, las intenciones acaban empequeñeciendo al cine, convirtiéndolo en películas con mensaje; John Ford decía que los mensajes se los dejaba a los telegrafistas.

Arte con un por qué, un para qué y un cómo, es arte domesticado: arte con precio y con patrón, complaciente, edulcorado, concesivo.

Al cine no podemos, no debemos someterlo, convertirlo en instrumento de las buenas conciencias y las mejores intenciones. Porque el cine, más aún, el cine surgido por el mecenazgo de Estado, tiene un solo fin y propósito: hacer arte; arte que no está en las respuestas sino en las interrogantes; arte que concita la reyerta y la contradicción, no la armonía.

Y aclaremos cuál es el papel del Estado y su mecenazgo en el financiamiento del arte y la cultura. Y muy particularmente en el cine que es un arte caro, muy frecuentemente confundido con una industria como la automotriz o la cervecera.

El mecenazgo de Estado no es una dádiva generosa. No es una limosna con aquellos recursos sobrantes que nosotros, los que hacemos cine, o literatura, o teatro o pintura, vaya, los que hacemos o intentamos hacer poesía, debemos sumisamente aceptar y agradecer esa dádiva. Es un deber del Estado. Así tiene que entenderlo la sociedad. Así tiene que entenderlo el Gobierno. Nosotros, los que hacemos cine, le hemos dado rostro e identidad a nuestro mundo y a nuestros contemporáneos.

Debemos, necesitamos seguir haciendo cine, y con él, tener nombre, voz, semblante. Somos el espejo oscuro que refleja y se refleja.

El cine no es un lujo que se puede desechar. El cine no es un bien prescindible al que se le tomará en cuenta cuando vengan tiempos mejores; porque cuando pensemos que han llegado esos tiempos mejores, ya no sabremos para qué queremos esos tiempos mejores. Habremos perdido el rostro, la voz y el alma.

No hay crecimiento sin cultura; no hay desarrollo sin cultura; no hay democracia sin cultura. La cultura, en su sentido más estricto y riguroso, es la única opción que tenemos para enfrentar a la barbarie. El cine que honramos y premiamos esta noche es, indiscutiblemente, cultura.


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