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hace 3 semanas
[Ruta Libre]

Carrusel de vicisitudes

En mayor o menor medida, los colegios cuentan con reglamentos para tratar de disuadir a los padres a que respeten la vialidad

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Carrusel de vicisitudes
Foto: Zócalo | Eliud Reyes
Por: Néstor González

Saltillo, Coah.-
Volteó a verme con una sonrisa condescendiente y luego miró al frente, con las manos al volante, mientras seguía cantando una canción de Alejandro Sanz.

“Amiga mía, a ver si uno de estos días…”

Le acababa de preguntar si no había problema por haberse estacionado en doble fila, pero luego vi que otros padres de familia de este colegio hacían lo mismo detrás de ella, en el famoso operativo carrusel de las escuelas.

Dos, tres, cinco. Después de unos minutos ya había una fila como de 12 autos detrás de nosotros.

Fue hace ya algunos meses, cuando hacía yo un trabajo de video para los padres de familia de ese colegio, que aún no tenía las adecuaciones en su estacionamiento para evitar provocar los trastornos viales que sigue provocando, aunque de manera –digámoslo así– más ordenada.

En mayor o menor medida, los colegios cuentan con reglamentos internos, algunos más complejos que otros, para tratar de disuadir a los padres a que respeten la vialidad durante la entrada y la salida de los estudiantes.

Pero es eso, una disuasión, porque lo que menos quiere el personal de las escuelas que está controlando las puertas es tener un altercado con los padres de familia, que a veces creen que pagar una colegiatura les da el derecho de pasar por encima de los reglamentos.

El ajetreo de la hora de entrada no se compara con el de la salida. Miles de madres de familia ansiosas porque tienen que llegar a hacer la comida, o al igual que algunos padres deben regresar a su trabajo, saturan las calles aledañas a los centros escolares para recoger a los críos.

En las escuelas públicas el control es más desordenado, a veces inexistente, sobre todo en las secundarias.

La Margarita Maza de Juárez, en la principal arteria de Saltillo, el bulevar Venustiano Carranza, es un buen ejemplo. Los estudiantes salen en grupos numerosos desde la 1:00 de la tarde. Algunos de ellos son recogidos en automóvil, otros se retiran a pie, unos más en camión.

El cruce continuo de estudiantes vuelve más denso el tráfico, que se complica con algunos automovilistas que ponen las luces intermitentes para recoger gente.

“Queda estrictamente prohibido dar vuelta en ‘U’ frente al Colegio. No rebasar. No estacionarse en doble fila por ninguna circunstancia”, dice el reglamento de un kínder privado rumbo a la colonia Los Pinos. Ya en la práctica, la mayoría lo respeta, pero hay quienes anteponen su itinerario personal a la seguridad de la comunidad escolar de la institución.

“Sí batallamos con algunos padres porque se les dice que no hagan doble fila y no obedecen. Nosotros les hemos dicho que si no atienden el reglamento, no les vamos a entregar a los niños. La mayoría de ellos entienden y acatan lo que se les dice, pero hay algunos que se molestan e incluso han llegado a agresiones verbales en contra del personal. A un alumno se le dio de baja el año pasado por esa situación”, dice miss Alicia, una de las maestras de este colegio.

La escuela Victoriano Cepeda, en la colonia Los Ángeles, provoca un caos temporal todos los días en la calle de Chapultepec, debido a que muchos padres de familia hacen doble fila. En ocasiones llegan hasta triple fila y a contraflujo. Y no sólo eso, muchos de ellos dejan el vehículo abandonado con las ventanas abajo, por aquello del calor, mientras van por sus hijos a la puerta de la escuela.

La fila que se forma en el Colegio Americano prácticamente envuelve el Campus Saltillo de la UANE. En el bulevar José Musa de León, la fila se extiende hacia el norte desde antes de la 1:00 de la tarde. Fila ordenada, sí, pero que se vuelve asfixiante en la vía lateral que rodea a ambas instituciones, la calle Américas Unidas.

La fila fluye lento, mientras las mamás leen sus mensajes de texto en lo que avanza el vehículo de adelante. La mayoría son vehículos de modelo reciente, con ventanas arriba y aire acondicionado. Los 32 grados no pegan durante los 10 o 15 minutos que tardan en llegar a la puerta del colegio por los niños.

La situación es más complicada durante la salida de los niños en la Federico Berrueto y la Anexa, en la parte sur de la Alameda Zaragoza. Un par de oficiales de tránsito tratan de darle salida al flujo de la calle de Ramos Arizpe hacia el oriente, pero los padres se obstinan en esperar a que salgan sus hijos.

Una oficial de tránsito le hace la seña a un conductor que se acaba de estacionar en la esquina, estorbando el paso de los vehículos que bajan por la calle de Salazar. “No se puede estacionar ahí señor”.

El automovilista le dice que sí, pero no le dice cuándo. La oficial le insiste. “Si, si, es que ya viene mi hijo”. La oficial se molesta, pero prefiere ignorar al terco, que todavía permanece ahí cerca de tres minutos. Finalmente sale el niño, y se sube al carro.

Felipe del Bosque, oficial de tránsito ya con varios años de servicio, no se desespera. Hace la seña para que no nos estacionemos detrás de su patrulla. “Pueden causar un accidente, muévanse por favor”.

Dice que dirigir el tránsito en la salida de las escuelas es un estrés que dura 15 o 20 minutos. “En lo que salen los niños, tratamos de agilizar el tránsito y que esto avance rápido, para no complicar a los demás automovilistas”.

-¿Hay muchas complicaciones?

“Pues no realmente. Complicación sería que sucediera un accidente, pero eso es lo que tratamos de evitar”, dice mientras se seca el sudor bajo el sol quemante a la salida de una escuela.

De vez en cuando interrumpe la entrevista para dar el paso a un vehículo o pedirle que avance.

Le toca dirigir el tránsito en varias escuelas, tanto a la entrada como a la salida. “Es parecido, pero sí se dificulta un poco más a la hora de la salida. Mucha gente trae prisa, sobre todo al inicio y al final de la semana, los lunes y los viernes”.

Tiene que llegar 10 o 15 minutos antes de la salida a colocar los conos color naranja, y esperar a que recojan a los últimos niños para retirarse del lugar.

“Las escuelas más complicadas son el Colegio México, el Nicolás Bravo, la Berrueto… ahí es donde sí la gente se pone más difícil porque no hay estacionamiento, y las calles son chicas”.

Ts ts ts ts ts… una mentada de madre con el sistema hidráulico de un camión de la Ruta Vista (se requiere mucha experiencia para darle el ritmo adecuado a ese sonido) saca de concentración a una mujer que está a bordo de un Stratus esperando la salida de estudiantes afuera del Colmex. Es el último de tres vehículos que hicieron doble fila y tienen las luces intermitentes prendidas.

El malestar de los demás parece no afectarle. Se vuelve a concentrar en su teléfono mientras los insultos y las miradas de odio pasan por su ventana derecha.

“Yo quiero regalarte poesía / tú piensas que estoy dando las noticias”… antes de que termine la canción, la conductora que me dio un “ride” abre la puerta de su van. Un niño y una niña se suben con la ayuda del personal del colegio.

-¿Dónde te dejo?

-Ahí en el Zócalo por favor. Tengo que llegar a escribir o me van a regañar por no subir el avance a tiempo…




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