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[Vida]

¿Cómo le dices a un hijo que su padre o madre está en la cárcel?

Los padres prefieren no decírselo a los pequeños mientras que los psicólogos recomiendan explicar la verdad

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¿Cómo le dices a un hijo que su padre o madre está en la cárcel?
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Francia.- ¿Cómo se cuenta a un hijo que su padre, su madre, un tío o una abuela está en la cárcel? Son muchas las familias que se preguntan cómo hablar en la intimidad de la prisión de un familiar cercano. ¿Cómo se le cuenta a un hijo que durante años no le podrá cuidar? ¿Cuántas niñas creen que su padre está trabajando en otra ciudad y en realidad duermen en una celda a escasos kilómetros? Una presa de la cárcel de Lleida explica sus razones para no contarle a sus nietos que está en la cárcel. La mayoría de los hijos de los internos de este centro sí saben dónde están sus padres, y los visitan, pero son muchos los que prefieren decir que están trabajando, algunos precisan que en Andorra.

M.J. lleva un año en la cárcel de Lleida. Tiene nietos de entre 18 y tres años. Se lo ha contado a los mayores. Se presentó voluntaria y una semana antes de recoger su maleta les contó que ingresaría. Con los pequeños no hizo lo mismo. Tiene dos razones.

Madres en prisión

Dicen que están trabajando o fuera del país

En un pequeño despacho del módulo ocho de la cárcel de Lleida, M.J. cuenta que en su primera comunicación, en una visita, vio cómo correteaban riendo algunos niños y no quiere que sus nietos piensen que la cárcel es un sitio de risas : “Yo no quiero que vengan. Prefiero pasar este dolor de no verlos y no poderlos abrazar antes de que piensen que es un sitio que no pasa nada. Que aquí se está bien. Quiero que sepan que es un sitio en el que la yaya estuvo castigada. Que ellos tienen que hacer cosas para no entrar nunca aquí dentro”.

El segundo motivo es que no quiere que etiqueten a sus pequeños. “Yo no les digo que estoy aquí dentro porque vivo en un pueblo muy pequeñito. Van todos en el autocar al colegio y no quiero que los señalen con el dedo. No quiero que los etiqueten. Que les cuenten a otros niños con toda la inocencia del mundo que su abuela está en la cárcel y que me los maltraten”, explica. “Cuando salga les contaré lo arrepentida que estoy. Que no puedo jugar con ellos, que no puedo hacer fiestas de pijama, como hacía. Tengo mucho dolor por no estar con ellos, es lo que más siento. Ya he perdido un año de estar con ellos”.

Hablar sobre la cárcel a los hijos

Los niños que están mal informados sobre el encarcelamiento de su padre tienen más ansiedad y más temor”

Belén Boeneta, trabajadora social en la prisión de Lleida

Sonia García es una de las psicólogas de la cárcel. Asegura que lo recomendable es decir la verdad. Plantea que un niño cuando su padre o su madre entra en prisión puede sentir que lo abandonó. “Saber por parte del progenitor que es lo que ha sucedido, porque no puede estar con él durante un tiempo, pero que aún así sigue preocupándose de él, que se interesa como está, que le pregunta por sus estudios, comparten hobbys, hablan de otros miembros de la familia, eso ayuda a tranquilizar al menor ya que sus dudas, preocupaciones y miedos son respondidos por su propio padre o por su madre”, afirma.

Sostiene que son muchas las personas que piensan como M.J. y apunta que plantearse decirlo o no es un paso importante ya que significa preguntarse por la mejor opción para el menor: “No podemos olvidar que cada familia y menor son diferentes, tienen sus propias maneras de cuidarse. También se debe respetar si una persona interna no quiere decirle a su hijo que está en prisión” señala. “Venimos de un tiempo –comenta– en el que mucha gente pensaba que los niños no tienen que entrar en la cárcel. Prácticamente es un tabú hablar de la prisión”.

Padres en la cárcel

¿Qué debemos decirle a los niños?

Sonia insiste en que siempre hay maneras de explicar el motivo por el qué un progenitor está en prisión y en la importancia del lenguaje. Pone como ejemplo que puede ser muy duro para un niño escuchar cómo se cometió un robo si se entra en los detalles, por lo tanto lo recomendable es hablar de una manera más general y adaptada a lo que el menor pueda entender. “Se puede contar que se cogió una cosa que pertenecía a otra persona, y eso no se debe hacer aunque en ese momento creyera que no tenia otra opción”, detalla la psicóloga quien insiste en remarcar que no es bueno para un niño que se entre en los detalles porque se le puede traumatizar.

“El hecho de que un padre o una madre entre en prisión siempre afecta a un niño porque se puede sentir abandonado por su progenitor. Es una situación en la que además de la familia tiene que reflexionar toda la sociedad, también profesionales, la institución y los políticos”, concluye.

¿Quién cumple la condena?

Belén Boneta es trabajadora social en la cárcel leridana desde hace 20 años. Cuenta que cada vez son más las familias que consultan a los profesionales si tienen que explicarles a su hijos o no la situación, aunque la mayoría no pide consejo. “Muchas familias deciden no contarlo a sus hijos. Sobre todo en hombres, decir que papá está trabajando fuera es muy habitual”, relata. Desde su experiencia considera que lo recomendable es decir la verdad incluso a niños bastante pequeños sin entrar en los detalles del delito.

También puntualiza que algunas recomendaciones inciden en que no hay que darle la idea al niño de que el sistema penal es injusto porque puede transmitir inseguridad y creer de que por cualquier cosa que pueda hacer podría ir a la cárcel.

“Si el delito es muy grave no se puede explicar a un niño muy pequeño porque no lo podrá entender, pero la idea de haber hecho algo mal sí puede entenderla un niño pequeño y descubrir que les han mentido puede hacerles perder la confianza en las personas que los rodean”, afirma.

Boneta ha analizado publicaciones internacionales sobre los efectos del encarcelamiento paterno en los niños en su trabajo ¿Quién cumple la condena? El impacto de la prisión de un progenitor en sus hijos, en el que plantea que se intente mantener el mismo contacto entre padre o madre con el niño o la niña que existía antes de la prisión.

“Hay que pensar un poco más en los menores, que en cierta manera cumplen la condena de los mayores, son víctimas colaterales” afirma Belén. Su trabajo es de hace varios años. “Ahora la administración está avanzando bastante, en Barcelona”, afirma. Han comenzado programas para fomentar los vínculos familiares en mujeres y en hombres y en Ponent hace cuatro años se empezaron a hacer jornadas de convivencia en las que las familias de los presos pasan una tarde entera haciendo alguna actividad lúdica. “Se han hecho cinco, dos fiestas de Navidad con regalos para los niños, también un espectáculo en la Fira de Titelles de Lleida. Suelen asistir un centenar de personas, entre internos y familiares”, detalla.

Dolor intenso de creerse abandonado

Ana Cunyat, miembro de la junta del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya de la delegación de Lleida, considera que es mejor que los niños y las niñas sepan que su padre está en la cárcel, con una explicación adecuada a la edad y un buen acompañamiento que el dolor inmenso de creer abandonado

“Poderlo visitar y mantener este vínculo es posible si se trabaja bastante bien. Esto no quiere decir que al niño no le perturba el encarcelamiento de un progenitor pero si la narración, la historia que se le explique, preserva la relación emocional entre padre e hijo, el niño tendrá es recursos”, destaca Cunyat.

Elisenda Pascual Martí es psicóloga y directora de Acompanyament Familiar. Ha publicado On és el tiet’(¿Dónde está el tío?), cuento con ilustraciones de Glòria Vives sobre cómo explicar a una criatura que un familiar cercano va a prisión basado en una historia personal. La protagonista es Aina, sobrina de un primo suyo, Albert Martí, de Térmens, uno de los detenidos por los disturbios de Lleida en los días posteriores a la sentencia del juicio a los líderes independentistas.

“Es un cuento aplicable a cualquier caso en el que personas adultas tengan que explicar un encarcelamiento de un menor. Para explicar a las criaturas por qué la gente va a la cárcel se puede responder sin discursos éticos, políticos o activistas porque no tienen la capacidad de integrar la realidad adulta pero tienen derecho a ser informados de acuerdo con su comprensión”, cuenta Elisenda Pascual.

Víctimas olvidadas

Margarida Barberà es una abogada de Lleida. En su trabajo fin de carrera, ‘La protección de los menores ante la prisión de sus progenitores. Las víctimas olvidadas del encarcelamiento’, argumenta que el ingreso en un centro penitenciario del padre o de la madre puede considerarse una situación de riesgo “al afectar a lo básico para el desarrollo del menor” . “Comporta necesariamente –afirma– la ruptura de la guarda del pequeño por parte de la persona condenada y sostiene que junto la sentencia de prisión de una persona, si tiene hijos es necesario un expediente civil en el que los servicios sociales valoren los riesgos para los menores.

En este sentido, apunta que la sentencia de prisión de una persona no entra a valorar su paternidad ni consecuencias sobre sus hijos y considera que cualquier sentencia de privación de libertad de un progenitor tendría que establecer medidas provisionales sobre la guarda, el régimen de visitas o los alimentos. “A pesar de ser un derecho de los hijos estar con sus padres y de los padres tener a los hijos las sentencias penales , no establecen nada sobre quién será el responsable de un niño o cómo han de mantenerse las relaciones paternofiliales durante el internamiento del condenado” agrega. Insiste en que el interés del pequeño “queda olvidado, ya que solo se presta atención al procedimiento penal del condenado.

Fomentar la responsabilidad parental para padres presos

En Centre Penitenciari Brians 2, en el municipio de Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), los presos pueden participar en un programa de responsabilidad parental en que para integrar en la normalización penitenciaria a los hijos y reforzar la relación paternofilial. Jordi Camps, responsable de programas de intervención especializada, explica que los presos refuerzan sus habilidades de conversación con sus hijos a los que en ocasiones tienen poco que preguntar después de hablar del cole porque no vive su entorno o aprenden a jugar.

Este programa de reponsabilidad parental, nacido en un programa de participación y convivencia, se pondrá en marcha en la cárcel de Lleida pronto y también en otras cárceles catalanas. “Nos interesa, por ejemplo, -dice Camps- que el padre cuando salga de permiso esté atento con su hijo, que vea cómo van sus obligaciones académicas y se preocupa por trabajar los deberes con sus hijos”. “Se trata de promocionar todas estas competencias en los internos para hacer una relación con el hijo más efectiva y afectiva”, afirma.

Yo no me preocupaba de cuándo les tocaba una vacuna a mis hijos”

José Nicolás, Preso de Brians 2

José Nicolás es uno de los presos que participa en el grupo de responsabilidad parental desde hace aproximadamente un año y medio. Tiene un hijo ocho años y una niña de siete. Asegura que antes de participar en el programa la relación era buena pero a la vez “distante”.

Esta es su experiencia: “Al entrar aquí los que somos padres nos ponemos como una barrera para evitar el dolor de la calle e intentamos no preocuparnos demasiado por lo que sucede con ellos. Yo no me preocupaba de cuándo les tocaba una vacuna, de cuándo llegaban sus notas o cómo les había ido en el cole. Esas cosas yo las dejaba apartadas para no hacerme daño a mí mismo. Y había algo de lo que nunca dejé de preocupare, de cómo le iba en el fútbol a mi hijo, se le da muy bien (risas)”.

Dice que ha aprendido muchas cosas que tenía dentro pero no “despiertas”. “Ahora me preocupo de lo que se hace en casa, de cómo les va en el cole, de cuándo les toca una vacuna, de si han tenido fiebre, si tienen algún problema los niños… de cosas más personales como, por ejemplo, que tengan confianza a la hora de hablarme”, señala.

“Reconozco mejor el esfuerzo que ellos hacen, percibir las cosas y no hacerles daño al hablar con ellos y he aprendido también a decir las cosas para hacerle un bien, no porque lo digo yo”, añade.

Asegura que algo ha cambiado: “La relación ahora es mucho mejor, tengo más confianza al hablar con ellos, hablamos mucho más que antes”. Y cuenta una anécdota: “La niña se abre mucho más, por ejemplo, en el bis a bis del domingo me dijo tiene novio. ¡Con siete años. Me ha dejado…!. Le he preguntado cómo ha sido eso y le he dicho que los novios son a partir de los 18”.

“Esas cosas, la verdad, ahora lo hacemos mucho más. La cercanía que nos ha dado el programa de responsabilidad parental me acerca más a ellos y le enseño estas cosas. La verdad es que me siento bien”, concluye.

La educadora social del centro, Anna Torres, refiere que en este programa muchos padres reconocen que se les hacen muy largos los silencios con sus hijos en las conversaciones telefónicas. Detalla que en las comunicaciones hay mucho juego inicial y pasados los primeros minutos no saben a qué jugar “y cada uno a su manera conecta con aquellas cosas que son más importantes para sus hijos, no par ellos”.

Torres pone un ejemplo. Habla de un interno que cuenta que este plan le ha ayudado a conocer los nombres de los compañeros de su hijo, qué actividades le gustan más, qué asignaturas no le gustan o qué ocurría en los videojuegos que tanto le gustaban.

El programa ha incorporado también material educativo como pelotas de goma que los internos, en ocasiones llevan a las comunicaciones y en opinión de la educadora, están dando mucho juego.


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