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hace 2 meses
[Especial]

Crían millennials niños ‘monstruos’

Jóvenes padres educan sin respeto, ni límites; autoridades educativas y de salud tampoco ponen de su parte

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Crían millennials niños ‘monstruos’
Saltillo, Coah.- Papás millennials que no ejercen disciplina en sus hijos y los dejan hacer lo que quieran, podrían estar gestando una generación de flojos, desobedientes de la ley, irresponsables y hasta delincuentes o suicidas, de acuerdo a psicólogas especialistas en terapia infantil.

A través de casos que les ha tocado atender, Rubí Ocampo Angarita, sicóloga con maestría en terapia familiar, y Milka Ambris, sicóloga con certificación internacional en disciplina positiva, muestran lo que podría pasar con niños que no reciben atención profesional adecuada.

Rubí recuerda el caso de un niño de un año y medio al que sus padres daban todo cuanto pedía y accedían a todo lo solicitado, al grado extremo que, para dormirse por la noche primero le tenían que dar varias vueltas en el auto, pero si al regresar y acostarlo se despertaba, lo volvían a pasear para poder dormirlo. Se volvió un tirano.

“Ya no podía convivir con ningún niño, ya no lo invitaban a las fiestas ni de la familia, incluso a veces les decían, vamos a hacer la piñata de fulanito, están invitados, pero por favor no traigan al niño. No podían ir a restaurantes donde había juegos de niños, porque salían los niños gritando porque algo les hacía, no sabía convivir ni estar ahí, ni los niños querían estar con él”, describió.

También el de una niña de siete meses, a la que expulsaron de la guardería porque mordía a los demás bebés y a las cuidadoras. Como ella, hay más niños a temprana edad con serios problemas de comportamiento, que van desde berrinches exagerados hasta violencia.

“Esas acciones se van a magnificar, y es muy probable que en la vida adulta tengan muchas dificultades, porque la manera en que pertenecen es desafiando a las autorices, y entonces se van a meter en muchos líos en el trabajo, en la escuela, hasta problemas legales, porque aprendieron que desafiando a la autoridad es la manera en que pertenecen”, agregó la sicóloga Milka Ambriz.

Ambas especialistas coincidieron en que los papás de entre 14 y 19 años que pertenecen a la generación millennials, a cuyos hijos educan sin respeto a la autoridad o los límites, generarán un problema serio en el futuro, porque esa generación está creando problemas.

Actualmente hay en México casi 20 mil adolescentes recluidos en 54 Tutelares de Menores por delitos como robo, lesiones, homicidio, violaciones, narcomenudeo o feminicidio. En Coahuila están internos 43 menores infractores de entre 14 y 19 años.

Y están también los “Ninis”, que según el Inegi, en el país hay 3.9 millones y en Coahuila 148 mil de entre 15 y 27 años que ni van a la escuela ni trabajan. Pero además, esta generación se está reproduciendo. En México cada día se registran mil 252 partos de madres de entre 12 y 19 años, y en Coahuila, de los 59 mil nacimiento anuales, 22.8 % son de niñas y adolescentes.

ALGO NO SE HIZO BIEN

El problema comenzó a gestarse al concluir la generación de los abuelos, cuando los padres educaban con disciplina rígida, unilateral, en la que estaban no solo permitidos, sino bien vistos como métodos de corrección los azotes, encierros en cuarto oscuro y hasta encadenamientos.

Así lo señala Rubí Ocampo, también encargada del Departamento Infantil de la Facultad de Psicología en la UAdeC, refiriéndose a la generación que le siguió, más democrática y sin tanta rigidez, también llamada la de los Baby Bloom.

“La tendencia de la crianza se fue haciendo más flexible o dulcificando. Poco a poco se fue pasando a otro estilo menos rígido, y así poco a poco, esos papás, dieron lugar a otros hijos, y en cada generación ha habido menos disciplina”.

A los Baby Bloom le siguieron las generaciones X, Y y Z, de finales del siglo pasado, todavía con menos restricciones, aunque todavía con ciertas limitantes, el problema es que llegó la siguiente generación, la de los millennials, que se están convirtiendo en padres, quienes ya no le dan importancia a la educación en la disciplina y fijar límites a sus hijos, criando pequeños tiranos.

“Nos sorprendemos que hoy un niño nos salude, porque un niño millenial no saluda. Hubo algo que no hicimos bien. ¿Quiénes somos responsables de eso?, todos, en realidad. La generación millenial sabe cada vez menos de disciplina y comunicación. No hay convivencia,están en sus celulares. Los padres participan cada vez menos en el proceso educativo”, refiere.

Dice que los padres actuales no saben poner límites, esta generación está teniendo dificultad para disciplinar, que sea producto de su educación, o no se atreven o no quieren, por eso no saben qué hacer cuando se vienen los problemas.

“Lo que surge cuando no hay límites es un comportamiento que no corresponde a ninguna ley de convivencia, ni de nada, corresponde a las necesidades del niño, y esto va generando no sólo comportamientos inapropiados, sino sentimientos de omnipotencia, de yo puedo todo, en el sentido de que nadie me puede decir nada y puedo hacer todo lo que quiera”, agregó.

El efecto que tiene la falta de límites mueve toda la jerarquía dentro de la familia, pues resulta tener autoridad quien no debe tenerla, el niño o los niños en vez de los papás; eso debilita la autoridad de los padres y genera muchos problemas.

“Esos problemas que tiene que ver con la delincuencia y con todo esto, y comportamientos psicosociales, tienen de base una parentalidad débil. La consciencia no es cómo cumplo las reglas, sino cómo la paso, cómo las violo, cómo las salto. Si no hay consecuencias, el niño aprende que puede hacer todo y además no tiene que pagar por eso”, explica la psicóloga.

AMABLES PERO FIRMES

Ambas especialistas manifiestan que sí hay manera de prever el problema, pero no es alentador saber que son pocos los que acuden por ayuda de expertos, el resto intenta arreglarlos por sí mismos o ni siquiera se interesan en ello hasta que se generó algo extremo.

“Los padres de hoy deben establecer límites saludables, que no lastimen al niño, que no usen mecanismos que lastimen, pero sí con firmeza, y hacerle saber al niño que no se hará otra cosa, mientras no haga lo que tiene que hacer, porque si no cuándo formará hábitos”, señaló Rubí Ocampo.

Por su parte, Milka Ambriz habla de que los padres tienen pocas herramientas para educar a sus hijos, pero deben intentar mezclar la rigidez con algo de flexibilidad, se puede ser firmes pero amables.

“Detrás de un mal comportamiento o una rabieta, es una manera de que el niño de forma agresiva está tratando de llamar la atención, decirles, aquí estoy, quiero pertenecer. Cuando los voltean a ver acuden a la violencia, amenaza, castigo o grito. No estamos escuchando ni poniendo atención a los niños”, comentó Ambriz.

Agrega que si los padres no están poniendo de su parte para corregir a sus hijos, las autoridades educativas y de salud tampoco. Hay pocos programas para detectar, prevenir y actuar, y las llamadas Escuelas para Padres no existen en todos los planteles educativos.

Las entrevistadas dejan claro que el problema no son los niños, sino los padres, que no están haciendo lo que tiene que hacer y el panorama no es muy esperanzador, pero algo se tiene que intentar.

RELAJAN LAS REGLAS

La imagen que llega a la entrevista con la psicóloga Milka Ambriz, especializada en las llamadas Escuelas para Padres, es la de aquel niño que fue captado por un video dañando las ranas de una fuente en la Alameda, mientras su madre, ahí presente, se ocupaba de su celular.

Dice que es la imagen típica de un millennials criando a la siguiente generación: son padres criados sin atención, sustituyendo la convivencia personalizada por el aparato celular, la tablet o la computadora. Son jovencitos con déficit de atención, sin nadie que les ponga límites, criados por padres que piensan “a mí me regañaban, yo no voy a regañar, le daré todo a mi hijo”.

El problema de la generación millennials no sólo es que ellos mismos estén siendo criados sin límites, sin atención, sin disciplina positiva, sino que también se están convirtiendo en padres a corta edad.

“Si están reproduciéndose a los 15 años, su cerebro no está maduro y sus actitudes no van a ser las más maduras, la mayoría no, veo un poco de conflicto con estas generaciones jóvenes”, expresó Milka.

Asegura que se trata de niños o jóvenes necesitados de atención, a quienes enseñaron que para ponerles atención, había que portarse mal, para obtener la atención de sus padres. Por ejemplo, el niño que golpea cosas o a otros niños, y que sus padres no llaman la atención por pensar que es una “travesura”, hasta que la violencia provoca llanto, entonces viene el regaño y la llamada de atención.

“El niño crece pensando, tengo que provocar algo grande para que las personas me volteen a ver, porque aprendí que así pertenezco y me quieren, porque solo eso conocen, y lo va a repetir en la vida escolar, laboral y social”, expone la sicóloga.

Esos menores que son así en la actualidad, ejerciendo violencia o dañando pertenecías ajenas sin que haya consecuencias, criados por la generación millennials, magnificarán esas actitudes en su adultez.

“Será una persona que puede ejercer violencia, porque aprendió que la violencia es una forma de socializar, o que le tengan miedo y ser importante. Dirán, no quiero un trabajo, porque siempre obtuve lo que quise sin esfuerzo y mis padres lo permitieron”, expusó la entrevistada.

Incluso cree que este tipo de problemática social podría estar provocando ya niños infractores, madres adolescentes y hasta suicidios a corta edad. Y lo peor es que no observa que se preocupe por acudir a especialistas o escuelas para padres, los casos son contados. Eso le hace pensar que el resto de los casos son niños con problemas que serán los adultos de la próxima
generación.


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