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[Internacional]

‘Te regalo un loco’

La situación del hospital no dista mucho de ser una prisión.

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‘Te regalo un loco’
Guatemala.- Enfermeras con enfermedades mentales, un subdirector que regala pacientes y personas ingresadas que ya se han curado y que nunca van a recibir el alta. Este es el panorama del único hospital psiquiátrico público que hay en Guatemala, donde quien lo desee se puede llevar a un paciente a su casa, aunque no tenga ningún tipo de relación con él. Así se lo transmitió a Crónica el propio subdirector de este manicomio, Óscar Baten, quien el día de la visita ejercía como director en funciones.

"Cualquiera que tú te quieras llevar, yo te la entrego", aseguró Baten a este periodista en el momento en el que apareció una joven paciente. "Nosotros no ganamos nada con tener a esa gente aquí con casa, comida y medicina porque no hay otro lugar", recalcó. Por ello, insistió en que "si alguien se la quiere llevar, que se la lleve".

Sobre si la chica tiene familia respondió: "Seguro que no, porque si no, no estaría aquí". "¿Estamos peleando nosotros por tener a esta gente acá y que no se vaya? No, sino que estamos peleando por ver cómo se va a un lugar mejor y no a la calle o a un barranco. Ahora, si tú vienes y dices yo me hago responsable o me la llevo a casa" se le daría el alta médica. En el momento de visitar el pabellón de crónicos de mujeres, donde había 64 pacientes, el doctor insistió: "De estas gentes que están acá, yo te entrego a cualquiera que tú quieras llevarte ahora".

Pacientes en el intensivo de mujeres.

Sobre si no es un requisito que sea un familiar el que firme el alta del paciente, Baten reiteró que "no necesariamente", ya que "podría ser alguien que de buena fe diga: "Miren, yo simpatizo con esta gente y quiero apoyarla y pienso que puedo tener un lugar donde pueda vivir y darle de comer y cuidarla"" con el compromiso de trasladarla periódicamente al psiquiátrico para que le den su medicina.

Enclavado en una de las áreas rojas de Ciudad de Guatemala por la fuerte presencia de pandillas, el psiquiátrico se halla entre un barranco en el que se acumula la basura y el Centro de Detención Preventiva para Hombres de la Zona 18, donde se hacinan miles de presos de alta peligrosidad.

La situación del hospital no dista mucho de ser una prisión. Muchos de sus 325 pacientes sufren una cadena perpetua teniendo en cuenta que la condición sine qua non para que les den el alta es que un familiar acuda a recogerlos una vez que el médico considere que ya no deben permanecer en este lugar. Sin embargo, en muchos casos esto no sucede y la persona, pese a estar ya sana, no puede recuperar su libertad tras haber sido abandonada por sus seres queridos.

"Nosotros los hemos tenido aquí en custodia, pero no los tenemos retenidos en el sentido de que no se puedan ir en el momento oportuno si es que alguien se hace cargo de ellos", dice Batén. "Según la ley, el director es el tutor legal de los pacientes y él a un enfermo que no sepa adónde va a ir no lo puede sacar a la calle, porque eso sería condenarlo a la indigencia y a la muerte, por lo que estaría cometiendo un delito grave", defiende. Y revela que hay pacientes "viviendo aquí 35 años". Así, señala que "en algunos casos de enfermos crónicos suena feo, pero estarán en el Hospital hasta que Dios los recoja".

Según un Informe de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) de Guatemala, hay al menos 83 pacientes en condiciones de recibir el alta. Pero ante la falta de familiares que se hagan cargo de ellos, no les dan el permiso para salir, pese a estar curados o estabilizados de sus enfermedades mentales.

Viaje al interior de un centro sanitario donde son internados enfermos mentales a los que nunca dan el alta si los familiares no vuelven a por ellos

Se trata de una "detención ilegal" a juicio de la defensora de las Personas con Discapacidad de la PDH, Ana Ruth Mérida, y, en ese sentido, la procuradora adjunta de esta institución, Claudia Maselli, detalla que el protocolo que debieran aplicar es que "se les dé el alta igual que a cualquier otra persona mayor de edad que ejerce sus derechos y que tiene capacidad jurídica" para decidir por sí misma. Y critica que para que un paciente sea dado de alta en el Hospital Federico Mora "tiene que llegar un familiar a firmar y hacerse responsable de la persona que fue ingresada y ahí es donde está el problema", porque muchas familias no quieren hacerse cargo, tal como sucede con Filadelfo Ortiz, 29 años interno, y Juan Ayau, 27.

"Eso es un tipo de trata de personas", censura Priscilla Rodríguez, directora adjunta de Disability Rights International, una organización con sede en Washington que en marzo acompañó a la PDH en su visita al Hospital Federico Mora y que tiene el objetivo de documentar los abusos que se cometen en instituciones psiquiátricas de todo el mundo.

Presos eternos

Esta situación se agrava en el pabellón 4 de Psiquiatría Forense, que actúa como una cárcel y donde 65 hombres están presos. Son personas inimputables que padecen una enfermedad mental y que han cometido un delito, por lo que están privados de su libertad como una medida de seguridad. Al no poder ser enjuiciadas son enviadas a este lugar, que es similar a un búnker en medio del hospital separado del resto de pabellones por un gran muro de piedra. Estos pacientes podrían sufrir una cadena perpetua sin haber sido jamás enjuiciados, ya que si un familiar no se preocupa ni el juez que les envió a este lugar revoca su decisión, pasarán toda su vida en este lugar sin que nadie conozca su paradero.

Esta situación fue denunciada por el Relator de la Oficina Contra la Tortura, Carlos Alberto Solórzano. Desveló que hay una persona que "lleva 18 años en prisión preventiva", lo que fue calificado como una "tortura psicológica" teniendo en cuenta que "a lo mejor es inocente". Otra persona que podría permanecer para siempre recluida es Elder Morales López, quien lleva 12 años en el pabellón 4 del psiquiátrico y desconoce cuándo recuperará la libertad. "Dicen que yo maté a mi papá, pero no sé si lo hice en verdad, porque yo estaba tomado cuando lo hice... Aquí no me dicen nada de cuándo saldré", relata.

El informe de la PDH revela que Morales ingresó en el pabellón de psiquiatría forense el 22 de diciembre de 2005 por el delito de homicidio y apunta que este paciente "puede egresar y realizar actividades de la vida cotidiana", si bien continúa encerrado.

Baten explica que si se demuestra que es una persona inimputable por su enfermedad mental, su situación "se complica", ya que si alguien comete un delito responde ante la ley, pero este tipo de pacientes no pueden enfrentar un proceso judicial, por lo que podrían permanecer privados de libertad sine die y morir ahí sin haber sido nunca condenados.



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