×
hace 3 meses
[Ruta Libre]

El Faro Rojo: Despecho y venganza

Un ‘no’ de la mujer que más deseaba fue la chispa que incendió su ira y su instinto asesino

Imprimir
El Faro Rojo: Despecho y venganza
Ilustración: Zócalo | Alejandro Oyervides
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Aturdido por el rechazo de su amiga la cajera, Jorge Fabián reaccionó con furia zarandeándola hasta verla perder la razón. Al darse cuenta de que la había matado, decidió crear la farsa que lo llevó a convertirse en asesino cuando menos lo esperaba.

Ni el intento por rehacer su vida bajo la sombra de una soltería obligada bastó, porque sumido en lo más vil de sus sentimientos terminó alcanzado por la realidad cuando agentes ministeriales lo detuvieron mientras deambulaba por las transitadas calles de Saltillo.

Triste juventud

Adormecido por los estragos de una tarde estéril, Jorge se recostaba en la inmensidad del sillón que arrullaba sus pasiones ausentes, mientras afuera el vaivén de la gente provocaba el barullo callejero del que parecía estar excluido.

La noche se postraba sobre la casona donde desparramaba su pereza cuando el sonar del teléfono lo despertó de golpe. Sintió que su vida cobraba sentido y se paró de un salto. Era el llamado que lo sacaría de su letargo juvenil.

Temblando de miedo por la pasión reprimida durante días, el mozo contestó y una suave voz lo animó a seguir fabricando castillos de amor, sacando un resoplo de valentía para evocar las palabras que le hicieran concretar los deseos carnales que guardaba en su mente.

Minutos después, el desequilibrado mental relajó sus sentimientos cuando la calidez verbal de Mónica lo invitó a dar el paso decisivo, sabía que aquella noche resultaría definitiva en sus aspiraciones románticas.

Eufórico por lo que pudiera pasar con sus impulsos carnales, el galancete comenzó la metamorfosis física que lo envalentonaría en tan crucial momento, gastando la tarde en el ritual del afanoso arreglo donde esperaba el mejor de los dividendos.

Anhelado encuentro

Contemplando la inmensidad de las calles que le salían al paso, el conquistador detuvo el andar de su camioneta bajo la farola mercurial que engalanaba las tinieblas de la Zona Centro, mientras aguardaba el momento soñado.

A lo lejos, la figura esbelta de Mónica resaltó de entre la neblina y el deseo afloró en las entrañas del adolescente, que jadeante de emoción descendió del vehículo para ir al encuentro de la mujer que idealizó como su quimera perfecta.

Destilando la pasión que pretendía derrochar sobre la fémina, el Romeo moderno guió sus pasos entre los jardines de la Alameda, atrapando a la cajera en el mundo de fantasías pubertas que procuraría cristalizar en ese mismo encuentro.

Rompiendo el viento fresco que azotaba sus rostros mientras deambulaban por las veredas de la plaza, los amigos intercambiaron trivialidades hasta llegar al punto donde sus emociones parecían llegar a la ebullición que buscaban.

Sintiendo que podía llegar lejos en sus intenciones afectivas, Jorge Fabián indujo el camino de regreso a la camioneta, invitando a su amiga a subir con el afán de llevarla a un lugar donde pudieran estar más solos.

Con el consentimiento de la mercante de empeños, el veinteañero se enfiló hacia el sur de la ciudad mientras intentaba envolverla en el rollo mareador que se salió de control sin que se dieran cuenta.

Trágica discusión

Inspirado por la luz de las estrellas que avivaban su deseo, el conductor lanzó su ofensiva de amor a la mujer que asustada rechazó las propuestas de ocasión, desatando la furia del galancete que se abalanzó sobre ella sin pensar en las consecuencias.

En una rápida ofensiva, el colérico sujeto golpeó con furia a su acompañante humillándola sin piedad, zarandeándola para luego tomarla del cuello con las manos hasta dejarla inconsciente y con la vida al borde de la extinción.

Con una mirada de odio infinito, el despechado galán descendió de la camioneta con los restos de la mujer que lo había rechazado minutos antes, fabricando el escenario perfecto para deshacerse de las evidencias que lo incriminarían como asesino.

Maquinando el rencor que saciaría de la peor manera, Jorge arrojó el cuerpo en las inmediaciones del terreno baldío tras amarrarlo de pies y manos para simular un acto delictivo.

Acelerando al máximo su carguera, el hombre arrolló el cadáver de su amiga y rompiendo la tranquilidad de la madrugada salió del despoblado para perderse entre las calles de la colonia Valle de San Lorenzo.

Con el amanecer del jueves, las autoridades encontraron los restos de la trabajadora y comenzaron las investigaciones para dar con el paradero del asesino, que de inmediato relacionaron con Jorge Jacobo por la “gran amistad” que ambos se expresaban públicamente.

Días después, el feroz criminal fue aprehendido por agentes ministeriales cuando deambulaba sobre el bulevar Isidro López Zertuche, siendo canalizado ante el Juzgado Primero Penal que lo sentenció a 26 años de prisión bajo el delito de feminicidio.





Imprimir
te puede interesar
[Internacional]
hace cerca de 15 horas
[Desarrollo Rural]
hace cerca de 20 horas
[Negocios]
hace cerca de 20 horas
[PGJE]
hace cerca de 20 horas
similares