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hace 6 meses
[Ruta Libre]

El Faro Rojo: Ella simplemente no quiso

Wendy era una mesera que fue brutalmente asesinada por quien se creyó su dueño

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El Faro Rojo: Ella simplemente no quiso
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Arrastrando con dificultad el cadáver de la mesera, Luis Javier avanzó por la calle hasta detenerse en la puerta principal del kínder, donde dejó tendido el cuerpo destrozado ante la mirada azorada de los niños y sus padres, que de inmediato alertaron a las autoridades.

En cuestión de minutos un contingente de policías coordinó esfuerzos para detener al bestial homicida, quien desde aquel crudo invierno paga los excesos de su retorcido romanticismo con el encierro de 35 años que recibió por matar a su amor imposible.

Noche de parranda

Fastidiado por la jornada de trabajo que le había sumido en el cansancio absoluto, Luis se reunió con sus amigos del barrio y para sacudirse las inclemencias del tiempo que azotaba la ciudad decidieron relajarse en uno de los bares que frecuentaban.

Emocionado porque volvería a encontrarse con Wendy, el artemarcialista se sumió por un instante en el recuerdo de los azarosos encuentros sexuales que sostenía con la mesera, acababan de cobrar su sueldo y la idea de encender nuevamente sus ansias juveniles habían revivido como por arte de magia.

Caminando presurosos hasta la calle Allende, Luis Javier, Ricardo, Francisco y Miguel abordaron el taxi que los llevó hasta el centro nocturno donde vieron pasar la noche, brindando por su juventud entre el mar de cervezas que parecía no tener fin.

Sin darse cuenta, la diversión de los parranderos transcurrió hasta que uno de ellos levantó la voz excitado, a lo lejos se veía la figura de Wendy, la mujer que hacía realidad las fantasías carnales del joven trabajador.

Resuelto a pasarla bien con la mujer de la que estaba enamorado, Luis Javier se apartó de sus acompañantes para buscar una mesa alejada, eligiendo de pronto el sitio que tomó como escenario de lo que creyó sería una velada inolvidable.

Embriagado con el falso amor que lo tenía atado a la cabaretera, el romeo sintió el arribo de la madrugada para, con delicadeza, fundirse entre la lluvia de arrumacos con que dio forma a su emocionante parranda, dando paso entonces al deseo que pretendía cristalizar con un amanecer de frenesí carnal.

Decidido a todo, el judoca se paró de la silla donde transcurría su noche de juerga y tomando de la mano a su hembra buscó la puerta de salida, caminando hacia el exterior mientras se despedía de sus amigos ya con la mente intoxicada por el efecto del vino.

Rumbo a la tragedia

Una vez afuera de la populosa cantina, el galancete detuvo el andar del taxi donde, junto con Wendy, se enfiló hasta la casa de su tío, en el fraccionamiento Europa, así comenzaría el principio del fin en una historia de amor que nunca fue real.

Durante el trayecto, Luis Javier sacó lo mejor de su vocabulario para declarársele a la mujer que durante meses le vendió sus caricias, iniciando un conflicto cuando ella le gritó en la cara que jamás sería suya.

Herido en el alma, el inexperto enamorado detuvo el andar del taxi cuando llegaron al domicilio de la calle Polonia, obligando entre empujones a la fémina para que ingresara aún con la intención de transformar el repentino odio en una dulce reconciliación.

Pero los minutos corrieron y, aunque sostuvieron un tórrido encuentro sexual, de nada sirvió, de-satándose el huracán de terror que culminaría en una cruenta agresión, cuando Wendy le repitió su negativa al galán, quien convencido de que todo estaba perdido decidió vengar su honra de la peor manera.

Tras golpear salvajemente a la mesera, el enardecido sujeto empuñó una cruceta para llanta que encontró en el cuarto donde discutían, asestándole varios golpes en la cabeza que terminaron por matarla, concretando su deseo de acabar con el amor de su vida... suya o de nadie.

Ya con el cadáver de su “novia” tirado en el suelo, el parrandero abrió la puerta de la casa y arrastró el cuerpo por la calle, donde los transeúntes que deambulaban por el sitio contemplaban la trágica escena que concluyó cuando el hombre dejó a la muerta recostada sobre el acceso principal del jardín de niños de la esquina.

Debido a que la hora de ingreso al plantel escolar estaba cerca, varias familias atestiguaron el macabro hecho, dando aviso a las autoridades que arribaron al lugar para comenzar las investigaciones, mientras el asesino dormía en casa sin remordimientos.

Siguiendo la estela de sangre en el pavimento, los uniformados policiales llegaron hasta el sitio donde el criminal se hallaba tan plácidamente dormido que tuvieron que tocar fuertemente para hacerlo salir e interrogarlo.

Aún mareado por los efectos de su maldad, Luis Javier aceptó los hechos y se entregó a las autoridades sin oponer resistencia, siendo enjuiciado por las autoridades penales que le recetaron 34 años de prisión por haber acabado con la vida de la mujer que amaba y no le correspondía.


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