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El Faro Rojo: Ira incontrolable

No recibe con serenidad la noticia de su despido sino todo lo contrario: ataca con unas tijeras a quienes se ponen en su camino

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El Faro Rojo: Ira incontrolable
Fotoarte: Zócalo | Edgar E. Coronado
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
La enfermera temblaba de rabia porque la habían humillado frente a todos. Empuñó las tijeras que tomó de la mesa y con infinito odio se abalanzó contra sus compañeras, apuñalándolas ante el asombro de los asistentes al curso, quienes la sometieron y entregaron a la policía.

En medio de la confusión que reinaba al interior de la sala de juntas de la clínica, la energúmena hizo una maniobra de escape que resultó fallida, mientras afuera la justicia acordonaba el área, buscando evitar una tragedia de proporciones mayores.

Reunión de emergencia

Extrañada por el mensaje que había llegado a su celular, Janeth salió con prisa de su casa, tenía los minutos contados para llegar al bulevar Urdiñola, donde sus amigas de área la esperaban para llegar a una reunión de emergencia.

Ignorando que viviría el peor momento de su vida, la mujer abordó el taxi en que se trasladó hasta la Clínica 82 del IMSS, donde participaría en los talleres de actualización que su empresa ofrecía.

Confiada en que sería una jornada más de labores, la mujer ingresó al sanatorio presurosa, pero serena, mientras en el cuarto de reuniones se fraguaba el mensaje que la dejaría sin trabajo en cuestión de segundos.

Una vez frente a los ponentes del taller de enfermería, la trabajadora puso atención a las palabras que nunca imaginó que escucharía y que finalmente la sacarían de quicio: estaba despedida.

Soltando un grito de rabia al no creer lo que le decían, la mujer, que desde el primer día de labores fue señalada por su mal carácter y trato con la gente, estalló en cólera, exigiendo una explicación a sus superiores, quienes se limitaron a ordenarle que abandonara el inmueble de inmediato.

Brutal ataque

Con el ego herido por haber sido exhibida ante la concurrencia, Janeth reaccionó tomando las tijeras que empuñó con furia y atacó a los presentes.

La mujer que se había quedado sin trabajo alcanzó con las tijeras a una de sus amigas, recetándole una puñalada en el brazo y otra más sufrió una lesión en el pecho que la hizo desvanecerse en plena sesión laboral.

Provocando una revolución sin precedentes, la enardecida fémina llenó de injurias el recinto mientras amagaba a todos con las tijeras, que momentos después usaría para intentar darse a la fuga, pero un movimiento en falso bastaría para que la misma concurrencia le hiciera ver su suerte.

Alertados por la situación de riesgo, los médicos reaccionaron con presteza y arrinconaron a la mujer, a quien sometieron mientras pedían a los testigos que notificaran los hechos ante las autoridades policiales.

Ya con la situación bajo control, la sala de juntas fue desalojada para habilitarla como prisión preventiva para la colérica exempleada, quien se quedó encerrada mientras las autoridades llegaban para tomar el control de la situación.

Durante varios minutos, agentes policiales de diversas corporaciones se desplegaron en el punto de conflicto para anular el peligro, coordinándose con personal de la clínica que los guió hasta que cumplimentaron su misión.

Pagando la osadía

En la ambulancia que ululaba frente al acceso de urgencias, las enfermeras apuñaladas recostaban sus cuerpos para ser revisadas por los paramédicos de turno, mientras uno de ellos emprendía la marcha del vehículo para trasladarlas con la etiqueta de urgente a otro sanatorio de la institución en el bulevar V. Carranza.

Al mismo tiempo, elementos ministeriales dialogaban un trato con Janeth intentando calmarla, pero la mujer no entendía razones porque en su mente sólo cabía la idea de la revancha, la misma que sintió a flor de piel cuando la despidieron en plena sala de juntas.

Fastidiada de tanto negociar sin resultados, la enfermera cedió ante los reclamos de la autoridad, que la convenció de entregarse sin utilizar la fuerza pública. Entonces ingresó al auditorio donde representantes del orden la sometieron nuevamente para sacarla sin riesgo.

Como parte de su castigo, la atacante cumplió con los designios del Ministerio Público, que le ordenó someterse a un tratamiento sicológico, al comprobar que no razonaba con coherencia y eso la hacía reaccionar violentamente contra la sociedad.

Tiempo después Janeth volvió a ser detenida por la policía bajo la acusación de violencia y fue canalizada ante la autoridad para que renovara su compromiso de portarse bien, a cambio de no ser refundida tras las rejas para pagar sus delitos con encierro.




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