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[Ruta Libre]

El Faro Rojo: La maestra

Jocsan no veía escapatoria a las humillaciones de su institutriz más que la muerte

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El Faro Rojo: La maestra
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Decidido a no sufrir más los desprecios de su maestra, Jocsan se arrodilló frente al tinaco donde ató la cinta con que dio el último estirón, sufriendo los estragos de la asfixia con que se quería despedir del mundo.

Entre la impotencia que le producía la angustia de saberse suicida, el estudiante de primaria escuchó un grito desesperado que le hizo reaccionar: era su madre, que con prisas lo descolgaba para evitar la tragedia que hubiera estremecido a la sociedad saltillense.

Escuela del terror

Mientras deambulaba por los terregosos caminos del cerro donde vivía, el menor de 8 años recordaba las imágenes que le taladraban la mente; apenas cursaba la primaria y el terror de sentirse humillado por todos lo hacía deprimirse.

Aquella mañana de abril no era diferente, porque tras haber acudido a clases sufrió el episodio que lo marcaría para siempre, el mismo en el que su profesora se convertiría en su victimaria, que sin darse cuenta lo orillaría a implorar la muerte.

Poco antes de evocar al destino, Jocsan se postraba en el pupitre donde absorbía los conocimientos que Sofía le brindaba día con día, aunque aquel amanecer las enseñanzas cambiaron de tono gracias a un arrebato de quien estaba al frente del grupo escolar.

Enojada porque las explicaciones que daba parecían no tener eco en sus educandos, la mujer de mirada atroz caminó lentamente hasta el banco donde sorprendió a Jocsan, que apreciando el entorno se desentendía de la clase para observar el vaivén de amigos que pululaban al otro lado de la ventana.

De pronto, una sacudida le arrebató la tranquilidad y sintió que las ideas se le movían, cuando la profesora lo jaló del cabello para luego azotarlo contra el banco, mientras le gritaba que pusiera atención a la pizarra repleta de números.

Sintiéndose el centro de las burlas, el niño se tragó el llanto mientras suplicaba al reloj del salón que corriera con prisa; los murmullos en el entorno retumbaban en su cabeza habiéndolo llorar en silencio.

Finalmente, la campana de la dirección sonó como melodía de alivio para el infante, que de inmediato cargó su mochila para buscar la puerta de salida; su único interés era llegar a casa para olvidar el agravio sufrido ante sus compañeros de clase.

Trágica decisión

Con paso lento, el menor de ilusiones rotas cruzó el umbral del portón que resguarda la primaria Saltillo, y absorto por las nefastas emociones que le acaban de endilgar recorrió las callejuelas de piedra que lo llevaron hasta su domicilio.

Tras llegar a su destino, el alumno respiró hondo y sorteando los ladridos de sus perros atravesó el cuarto donde vio a Irma, fue entonces cuando descargó la frustración que lo hizo narrar su triste realidad a la mujer, que con ojos de comprensión lo cobijó para que se tranquilizara.

Mientras su madre se entretenía en la cocina preparando la comida, éste aprovechó para salir al patio y buscar entre la basura algo que aminorara su pena emocional, pero tras voltear al suelo decidió quitar la cinta a sus zapatos, en un intento desesperado por acabar con el suplicio terrenal que lo ahogaba.

Amarró la cuerda hechiza en el tinaco donde se ahorcó mientras adentro todos se ocupaban de los quehaceres rutinarios que salieron de control en un instante, cuando Irma lo llamó sin encontrar respuesta.

Extrañada, la mujer salió y divisó el cuerpo pendiente de su hijo, corriendo para cargarlo entre sus brazos mientras maniobraba queriendo sacarlo del trance que le había recetado su propia maestra, logrando zafarlo de las garras de la tragedia para meterlo al cuerpo donde lo recostó en una cama.

Gritando de angustia por lo que ocurría, la fémina lo reanimó hasta que lo hizo reaccionar con dificultad, mientras a lo lejos se oía el ruido de la ambulancia que rompía la monotonía de la calzada Madero para llegar al sitio de conflicto.

En una rápida ofensiva, los paramédicos de Bomberos que atendieron la contingencia espantaron a la muerte mientras llevaban al niño a un hospital, donde recobró la conciencia mientras maldecía en voz baja las acciones de la maestra que lo humillaba.

Con el milagro de la vida en casa, lrma recapituló su odisea y se movilizó para exigir justicia ante las autoridades, mientras el pequeño Jocsan reposaba de la barbarie practicada en un acto de desesperanza.

Aunque la Procuraduría abrió una averiguación para fincar posibles responsabilidades a la maestra, el proceso sigue sin avances, mientras el afectado sigue levantando la voz para que sus palabras tengan eco en otros casos similares.




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